Punto Uno
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Por Natalia Aguiar

Tras su regreso de la gira internacional por Rusia, China y Barbados, Alberto Fernández busca reacomodar a su gente y a los oponentes que tiene dentro del Frente de Todos. Léase Máximo Kirchner tras patalear -con cierta tardía- por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y Cristina Kirchner, quien mantiene su enojo con el presidente, más aún luego de sus abruptos dichos en China y Rusia contra Estados Unidos. Diplomacia... cero.

Alberto reconoció que se fue de boca contra la administración de Joe Biden y ahora busca lograr consenso en el Frente de Todos, más con un nuevo referente en la Jefatura del bloque de Diputados tras el portazo de Máximo. Ahora impulsa reuniones con los principales nombres de la coalición de Gobierno, como Sergio Massa, Gustavo Béliz y Santiago Cafiero. Es que ellos quedaron desdibujados tras las críticas de Alberto a Estados Unidos pese a los denodados esfuerzos para acordar con el FMI.

Cafiero trabajó codo a codo con Antony Blinken, el secretario de Estado norteamericano, Gustavo Béliz le pidió aval a Jake Sullivan, Jefe del Consejo de Seguridad. Por su parte, el embajador Jorge Argüello, trabajo duro también; mientras Juan Manzur, reconocido operador en Washington y Buenos Aires, también sintió que lo dejaron expuesto, y ni qué hablar de Sergio Massa, que logró una férrea amistad con Juan González, principal asesor de Biden para América Latina, y tras pedirle intermediación con el presidente Biden para lograr un acuerdo, Alberto soltó la lengua. El esfuerzo fue magnánimo para que por unas palabras sueltas, se ponga todo en riesgo. “Esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”... replican los ofuscados por lo bajo. Mientras, Cristina está que trina...

Ay Alberto…

 

Bla, bla, bla

Se aproxima Marzo y el presidente se concentrará en el discurso que dará en la apertura de sesiones ordinarias el 1º de marzo, donde parece el objetivo será enviar un mensaje hacia el interior del Frente de Todos para evitar males mayores. Intentar que el Gobierno en los dos próximos años que le quedan de gestión pueda ejercer las acciones que fueron coartadas por el Covid, críticas a la Justicia y lograr la aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

 

Enojo de Estados Unidos

Un periodista serio como Jorge Liotti, tuvo la primicia del malestar del presidente norteamericano Joe Biden, de fuentes sólidas e inquebrantables que durante años forjaron su carrera. Hoy editor del diario La Nación en sección política nacional, fue el encargado de dar a conocer al mundo el fastidio que Alberto Fernández le generó a Biden tras sus bravuconadas en Rusia y China. Si bien la información se vierte como “off the récord”, el periodista es quien con su nombre y apellido respalda la información recibida de altas fuentes norteamericanas. Y menos mal que la volcó como “off the récord”, porque sino el escándalo internacional hubiera sido mayúsculo y el acuerdo con el fondo quizás ya sería una nueva ilusión. A veces, los periodistas incluso teniendo la versión en ON deben analizar el contexto en el que se emite la información, si ésta puede ser dañina o no para el país, analizar el bien de la comunidad, del país, no poner en riesgo acuerdos políticos y económicos que atentarían contra la tranquilidad de los argentinos, sean del partido político que sea. A veces, las responsabilidades de unos son mayores que la de otros.

 

Acordar desacuerdos

Será clave para lograr la aprobación del Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional la actitud que tomen Máximo y Cristina en el Congreso. Es que si todo el oficialismo se alinea, podría aprobarse el acuerdo incluso con la abstención de Juntos por el Cambio. El problema estaría si el kirchnerismo duro dejara sólo a Alberto, frente a las demandas de unidad y consenso del Fondo Monetario.

Por eso, Alberto trabaja contrareloj en el armado de reuniones con lideres del Frente de Todos y para mostrarse fuerte el 1º de marzo ante el Congreso. Asegurará la reactivación económica como un hecho y enviará un claro mensaje al empresariado para que respalde esta actitud. Cercanos al presidente dan por sentado que Alberto presentará el acuerdo con el FMI en la apertura de sesiones ordinarias como un gran logro, y quizás un antes y después para el lanzamiento de su campaña presidencial 2023. Aunque ésta ya empezó de bajo perfil con el proyecto A23. Quizás el presidente busque reafirmar su postura como lo hizo días atrás: “El presidente soy yo, tengo que tomar decisiones y resolver”.

Se referirá Alberto a su política internacional, y pese a las críticas y cuestionamientos resaltará los lazos comerciales que supuestamente Argentina mantiene con Rusia, China y Estados Unidos. Léase las potencias mundiales que posan sus ojos en Argentina. También intentará destacar la cantidad de vacunas a las que accedió la Argentina en 2021 y a las que accederá en 2022. La presunta reactivación económica será otro eje del discurso, como duros cuestionamientos a la Corte y Justicia.

 

Alberto se enfrenta a dos problemas

El interno, pelear contra viento y marea para que Máximo y Cristina apoyen en el Congreso el acuerdo con el FMI y a nivel internacional, el fenomenal enojo de Joe Biden, de los Estados Unidos, al mostrarse el presidente argentino sumiso y sonriente ante el déspota ruso, Vladimir Putin, por la facilitación de vacunas Sputnik V que cobró de manera minuciosa y millonaria. Además, Putin omitió agradecer a Estados Unidos las vacunas Moderna que donó gratuitamente a Rusia, cuando el zar había perdido la continuidad de vacunas Sputnik para su propia gente. Ese gesto es considerado de una deslealtad tal de Alberto a Estados Unidos, que pone en riesgo el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Ay Alberto... La diplomacia es un arte. Pero están fallando los lazos de contención de presidencia, los asesores, los operadores, o bien el presidente desoye. Ya lo sabremos. Lo cierto es que en la política nacional y mucho más en la internacional, los gestos dicen más que mil palabras. Un desliz, una inobservancia de las reglas globalizadas, podrían poner en riesgo cuestiones de extrema sensibilidad para Argentina. Por eso Alberto, siempre dueño del silencio, de la precaución y cautela. Es que se juega el futuro... y eso no es un juego.