
Así lo advirtió la Gabriela Dueñas, psicóloga, licenciada en Educación y psicopedagoga, en diálogo con Punto Uno, al analizar las causas y consecuencias de este fenómeno.
La Argentina atraviesa uno de los procesos demográficos más acelerados y silenciosos de su historia reciente. La caída abrupta de la natalidad ya no es una proyección a futuro: es una realidad que se refleja hoy en aulas vacías, en la reducción de matrículas escolares y en un horizonte social cada vez más incierto.
“Cada aula vacía es un hijo o una hija que no nació”, afirmó Dueñas, al vincular directamente la baja en la matrícula escolar con la caída de los nacimientos. Los datos son contundentes: entre 2017 y 2023, la matrícula en el nivel inicial cayó un 8% y en primaria un 5%, una señal clara de que el problema ya impacta de lleno en el sistema educativo.
Según explicó en Punto Uno, la tasa de fecundidad en Argentina descendió de manera abrupta en menos de una década: “En 2014 una mujer tenía en promedio 2,3 hijos; en 2022 esa cifra cayó a 1,4, muy por debajo del nivel necesario para que una generación se reemplace”, detalló. En términos absolutos, el país pasó de registrar más de 750 mil nacimientos anuales a menos de 530 mil.
Un proceso que no es casual
Durante la entrevista, Dueñas remarcó que, si bien la baja de la natalidad es un fenómeno global, en Argentina se produce con una velocidad e intensidad particulares. “Esto no es solo una estadística, es un síntoma social profundo que habla de nuestro malestar como sociedad”, sostuvo.
La especialista fue categórica al señalar la responsabilidad del rumbo político y económico nacional: “Hoy tener un hijo parece un lujo riesgoso. El actual modelo económico y social nos trata como si fuéramos empresas individuales: todo se mide en términos de inversión, riesgo y beneficio”.
En ese contexto, explicó, la decisión de no tener hijos no responde a una falta de deseo, sino a una evaluación de supervivencia. “La baja de la natalidad es una especie de huelga inconsciente del deseo. Es la respuesta colectiva a un orden social que pide hijos, pero no da condiciones para tenerlos”, afirmó al aire de Punto Uno.
Redes de cuidado en retroceso
Dueñas advirtió además sobre una consecuencia paralela y alarmante: el aumento reciente de la mortalidad infantil y neonatal, vinculado al deterioro del sistema público de salud. “Al desmantelar las redes de cuidado, el sistema no solo desalienta la llegada de nuevas vidas, sino que también falla en protegerlas cuando llegan”, señaló.
Según explicó, la falta de controles prenatales, el retroceso en programas de vacunación y el acceso cada vez más limitado a una alimentación adecuada forman parte de un mismo entramado de abandono estatal.
En sus declaraciones a Punto Uno, la especialista también puso el foco en la contradicción que atraviesan las nuevas generaciones: “Por un lado existe un mandato conservador que exige formar una familia y tener hijos. Pero al mismo tiempo rige un mandato neoliberal que dice: sé productivo, no dependas de nadie, arreglate solo”.
El resultado de ese choque es una juventud paralizada. “Muchos jóvenes quedan atrapados entre la culpa de no cumplir el mandato familiar y el miedo a hundirse económicamente si lo cumplen”, explicó.
La caída de la natalidad no es un problema aislado ni privado: compromete el futuro del país. Menos nacimientos hoy implican menos trabajadores mañana, un sistema previsional inviable y una estructura económica sin recambio generacional.
“Si no hay niños hoy, mañana no habrá trabajadores que sostengan el sistema, ni sociedad posible”, advirtió Dueñas. “Estamos hipotecando el futuro de la Argentina”.
Un llamado que la política no puede ignorar
Para la especialista, revertir esta situación no depende de medidas aisladas ni de anuncios coyunturales. “No se soluciona con bonos o parches. Se necesita un sistema integral de cuidados, políticas de salud, educación, trabajo y vivienda, y un Estado que vuelva a hacerse cargo”, sostuvo.
“Para que nazcan más hijos necesitamos un país donde valga la pena vivir, donde criar no sea una experiencia de angustia sino de esperanza”, dijo.
