04 16 aimoCristian Aimo

Argentina atraviesa una crisis económica asfixiante y, en este contexto, Salta se encuentra ante una encrucijada histórica. La minería no es solo una promesa de progreso, es hoy la herramienta más concreta para generar puestos de trabajo y recursos genuinos.

Sin embargo, la reciente reforma de la Ley de Glaciares y el marco fiscal vigente nos ponen frente a un espejo incómodo. ¿Estamos ante un desarrollo transformador o ante una nueva etapa de extracción con beneficios exclusivos para el puerto de Buenos Aires?

Desde una visión científica rigurosa, la reciente modificación de la Ley de Glaciares camina por una cornisa peligrosa. Al condicionar la protección del ambiente periglacial a una "función hídrica demostrada", se ignora que, en la aridez de nuestra Puna, los suelos congelados actúan como una "caja de ahorro". No siempre entregan agua de forma visible, pero son el seguro de vida de nuestras cuencas ante sequías extremas. Flexibilizar estos criterios para acelerar inversiones es un riesgo que puede hipotecar nuestras cuencas. Una minería que comprometa el agua del futuro no es desarrollo; es una deuda ambiental que pagarán nuestros hijos.

 

El techo del 3%: una ley obsoleta y sin control

Es imperativo que nuestros representantes den la batalla por una nueva legislación nacional. No podemos seguir atados a la Ley de Inversiones Mineras de los años 90, que impone un techo del 3% de regalías sobre el "valor boca de mina". Ese esquema, diseñado para un mundo que ya no existe, hoy resulta insuficiente frente a la rentabilidad del litio y el cobre.

A esto se suma una falla crítica en el control: actualmente, el Estado carece de mecanismos de fiscalización independientes y depende de las declaraciones juradas de las propias empresas para saber cuánto se produce. El control debe volver al Estado provincial con tecnología propia; confiar ciegamente en lo que el auditado declara es una ingenuidad fiscal que Salta no puede permitirse.

 

El superávit a costa de nuestras rutas

La deuda de la Nación con el interior ya no es solo política, es contable y palpable. Mientras nuestras rutas están detonadas, poniendo en riesgo vidas y encareciendo el transporte de nuestra producción, el Ministerio de Economía de la Nación retiene ilegalmente fondos que por ley pertenecen a las provincias. Se estima que la cifra retenida asciende a la estratosférica suma de $1.165.491 millones, fondos provenientes del Impuesto a los Combustibles que, por la Ley 23.966, deberían haberse destinado al Sistema Vial Integrado (Sisvial).

Esta retención es especialmente grave si consideramos que la recaudación de dicho impuesto creció exponencialmente —más de un 370% en el último año—. El tan mentado "superávit" nacional se construye, en gran medida, sobre el incumplimiento de obligaciones legales y el desfinanciamiento de la infraestructura que Salta necesita para que la minería sea viable. Es un federalismo de "embudo": los salteños pagamos el combustible más caro para que la Nación embolse recursos que deberían estar reparando nuestros caminos.

Finalmente, la clave está en nuestra representación política. La polarización y el odio partidario han generado una "mente cerrada" en gran parte de la dirigencia, que termina respondiendo a mandatos de bloques nacionales antes que a los intereses de Salta.

Necesitamos legisladores que dejen de ser delegados del puerto en la provincia para convertirse en defensores de Salta en el Congreso. La lealtad debe estar con el territorio, no con los pasillos de Buenos Aires que históricamente han vivido de espaldas al Norte Grande. El litio y el cobre son activos soberanos; entregarlos a cambio de monedas por obediencia partidaria, mientras nos niegan los fondos para nuestras rutas, es traicionar el futuro de la provincia.

La minería en Salta es una oportunidad de oro, pero debe ser una minería de estándar internacional: técnicamente irreprochable en lo ambiental, fiscalmente justa con un piso coparticipable mayor al 3% y políticamente soberana. No permitamos que el espejismo de un superávit centralista nos oculte que están vaciando nuestras montañas sin dejarnos siquiera caminos seguros para transitar.