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Mariano Arancibia

Obedeció a una necesidad concreta: servir como nexo entre Lima y el Litoral. Era parte del plan expansionista de la conquista española que buscaba unir, en una cadena de ciudades, las grandes distancias entre las minas del Alto Perú y los caminos hacia el océano Atlántico.

Aquel 16 de abril, en medio de ese valle todavía indómito, Hernando de Lerma fundó la ciudad. “No fue ninguna improvisación, no fue una corazonada, un acto de lucidez de un virrey ni nada por el estilo”, comentó a Punto Uno Miguel Ángel Cáseres.
Todo formaba parte de una estrategia que se había diseñado mucho antes y muy lejos del lugar donde finalmente se erigió la picota. “Estuvo planificado desde mucho antes, como parte de una estrategia imperial trazada a miles de kilómetros: en España”, señaló.
La razón era económica y geopolítica. A mediados del siglo XVI, la corona española había encontrado su mayor tesoro en América: las minas de Potosí.
“El imperio español tenía un desafío tremendo: asegurar su caja fuerte. Desde mediados del siglo XV, cuando se descubren las minas y se empieza su explotación dos años después, la corona necesitaba proteger ese recurso fundamental que significaba el corazón económico del imperio en América”, explicó.
En ese contexto, Salta fue un eslabón dentro de una cadena de fundaciones que buscaban ordenar el territorio. “Primero fue fundado Santiago del Estero en 1553, luego San Miguel de Tucumán en 1565, posteriormente Córdoba en 1573 y la cuarta ciudad fundada es Salta en 1582. Después vienen La Rioja en 1591, San Salvador de Jujuy en 1593 y, por último, San Fernando del Valle de Catamarca”, enumeró.

Toledo
En esa planificación, el rol del virrey del Perú, Francisco de Toledo, suele aparecer en la historia oficial como un gran estratega. En sus provisiones a Cabrera había señalado la conveniencia de que se pueble este lugar. Ese plan aseguraría el comercio y las comunicaciones. Varias cabezas rodaron para concretar el proyecto.
“Todo el proceso fue pensado por las autoridades españolas. Toledo es declarado el gran genio de la fundación y en realidad no tiene ningún genio. Él no tiene ningún proyecto, es apenas un empleado de la corona española, un representante del rey que debía administrar las disposiciones de Europa”, opinó el autor del libro Breve Historia Política de Salta 1535-1900.
La ejecución del plan tampoco fue sencilla. Hubo varios intentos fallidos antes de que la ciudad se concretara. “¿Qué hizo el Virrey Toledo? Designó a una serie de personas, pero ninguno le hacía caso”, dijo con ironía.
Uno de ellos fue Jerónimo Luis de Cabrera, quien terminó fundando Córdoba en 1573.
Luego apareció Gonzalo de Abreu y Figueroa, que tampoco logró concretar la fundación. La historia cambió cuando apareció Hernando Lerma con un respaldo político fuerte. “En 1580 se presenta un licenciado en Derecho, con una cédula real firmada en 1577 por el rey Felipe II, que lo nombraba gobernador del Tucumán”, explicó.
Ese documento inclinó definitivamente la balanza. Lerma fue finalmente quien cumplió con la orden que otros habían dejado de lado: “fue el único que cumplió con las instrucciones reales. Cabrera y Abreu estaban más preocupados por encontrar oro, por eso pasaban de largo por Salta”.
Sin embargo, el destino del fundador no fue heroico. “Muere años después en prisión, y su cadáver fue tirado fuera de los muros para que se lo coman los caranchos. Después lo enterraron porque un sacerdote pagó el entierro”, recordó.

El lugar
La elección del sitio tampoco fue automática. En julio de 1581, Lerma reunió en Santiago del Estero a sus cuadros militares y políticos para decidir dónde debía levantarse la nueva ciudad.
Las opciones eran dos: el Valle Calchaquí o el Valle de Salta. Los partidarios de la primera apuntaban a la abundancia de indios, la fertilidad del suelo y el hallazgo de minas de oro. Los que insistían con la segunda opción, como Lerma, planteaban la posición estratégica para las comunicaciones con el Perú; primó este acertado criterio.
“Los que conocían el Valle Calchaquí decían que era bravo, peludo, lleno de indios indomables, pero con oro y buena tierra. Los otros decían que el Valle de Salta tenía menos problemas militares, aunque no había oro”, contó. La votación terminó empatada: “y el voto de desempate fue el de Hernando de Lerma”.
Al año siguiente plantó el picote en el centro de la que hoy es la Plaza 9 de Julio.