04 12 hesslingFranco Hessling Herrera

Frente a la opción entre dos alternativas aparentemente idénticas, la encerrona inmoviliza al burro que muere de inanición. En Argentina, ni lo óptimo ni lo máximo son las únicas opciones políticas posibles, en otras palabras, ni la corrupción de los ricos ni el mal menor. También puede haber opciones que el establishment, intencionadamente, quiera mantener fuera del radar. Podemos sortear esa invisibilización y ser más inteligentes que los asnos.

Ante dos lotes de hierba que presuntamente son idénticos, el asno titubea a tal punto que termina por no escoger ninguno y, así, muere por inanición. De esta manera, el filósofo galo Buridán representa las dificultades sobre las decisiones voluntarias cuando existe libertad y las elecciones deben orientarse a través de algún criterio y, además, siguiendo con una determinada cantidad de información sobre ese ámbito en el que tomar decisiones. La paradoja del asno de Buridán es que ante dos opciones aparentemente iguales, el animal termina sin inclinarse por alguna y acaba con el peor de los resultados posibles, muerto de hambre.

Esa paradoja lógica del burro de Buridán le sirvió a Amartya Sen, por ejemplo, para explicar la diferencia entre optimizar y maximalizar, donde lo primero representa escoger la mejor opción posible mientras que la segunda -por la que se inclina el premio Nobel- quiere decir escoger la opción que no pueda ser mejorada por ninguna otra alternativa. La diferencia parece sutil, pero en el caso del citado burro, es no menos que trascendental porque le vale la vida. Como no había opciones mejores -optimizar, en términos de Pareto, los que Sen critica afanosamente-, el burro no opta y muere. Si hubiese asumido la actitud de maximalizar, el asno hubiese sobrevivido, porque cualquiera de las opciones lo satisfacía y no era superada por ninguna otra.

Para llevar esos excursos de filosofía política, economía y ética al plano de la Argentina actual, conviene emprender un ejercicio analítico tomando por separado los distintos elementos que ofrece la paradoja para alimentar nuestra reflexión. Distingamos, entonces, tres niveles de análisis para comprender las preferencias electorales que podrían guiar a nuestros burros vernáculos: tenemos por un lado, la presunción de igualdad entre las opciones posibles, por otro lado el volumen de información disponible para poder discernir y, por otra parte, la elección óptima en contraste con la elección maximizadora.

El burro frente a los dos botines de heno presume su igualdad. No hace mucho por chequearlo, sólo lo asume como tal. Y así viene operando la exitosa “grieta” de la cultura política argentina, alimentado tanto a los peronistas como a los antiperonistas -hoy devenidos libertarios-, en una lógica de mímesis que recuerda al meme de Spider Man señalándose a sí mismo, como si de un espejo se tratara. Claro, no son lo mismo, pero su ética política se revela cada vez más parecida. Al menos en cuanto a la falta de escrúpulos para administrar la cosa pública con discrecionalidad, negligencia y corruptela. No digamos si ese es o no un comportamiento de casta, a estas alturas es un debate tangencial, digamos sí, que tanto los peronistas como los antiperonistas libertarios son groseramente corruptos. Ahora bien, digamos que, eso que aparentemente es idéntico, tiene matices que los distinguen. Sin entrar en detalles reflexivos o conceptuales, para que no parezca una opinión antojadiza, directamente pasemos al ejemplo: frenta a un jefe de gabinete corrupto -Martín Insaurralde o Manuel Adorni- se puede elegir deponerlo demagógicamente o sostenerlo caprichosamente. Las diferencias saltan a la vista hasta para los enceguecidos.

La información disponible para poder discernir entre aquello que presuntamente se nos representa como igual, por ejemplo las corrupciones de los gobiernos libertario y peronista, nunca es manejada del mismo modo por quienes pretenden que la igualdad aparente sea una forma de equiparar miserias hacia abajo. En otras palabras, olvidarse los matices, siempre beneficia a algunos y perjudica a otros, y eso es intencionadamente manejado por quienes son aliados de unos u otros. Pero hay algo más, los seres humanos no somos burros -es mi opción óptima de optimismo-, y por eso debemos buscar la información necesaria para tomar las mejores decisiones posibles. Si nos conformamos con la información que confirma lo que ya pensamos o que sólo muestra una parte de las cosas, probablemente la calidad de nuestras decisiones nos acerque a un asno más que a un ser humano con facultades intelectuales. La clase de burros que lo mejor que puede hacer es twittear febrilmente con insultos e imprecaciones o justificar corrupción y ajuste para combatir corrupción y déficit fiscal.

Llegados a este punto, retomamos la polémica que Sen le abre a Pareto, discutiendo con el óptimo en favor del maximalizado. Con la paradoja del asno de Buridán, el economista indio destroza los supuestos del padre del “óptimo”, a quien incluso logra acusar de no ser liberal -una ofensa espantosa entre economistas del establishment-. Ahora bien, digamos que no somos asnos, somos humanos, que en cuenta de quedarnos inertes frente a dos opciones que perfilan idénticas, giramos la cabeza y no nos resignamos a elegir entre sólo aquello que vemos en principio. En otras palabras, buscamos ver más allá de lo que se nos muestra como opciones. En nuestra realidad sería poder mirar más allá de la grieta, y de las falsas opciones de tercera vía que encarnan los peronismos y antiperonismos de cabotaje -los Massa, los Schiaretti, los Lavagna, los Villarroel, etc.-.

Las opciones reales a lo que presuntamente es más de lo mismo, en principio, no están a la vista de todos, porque si en algo están de acuerdo los que forman parte de lo mismo, es precisamente en invisibilizar lo que puede dejarlos en evidencia. Sin embargo, las más recientes encuestas en Argentina empiezan a mostrar que no somos tan asnos como sugieren los últimos 50 años de democracia burguesa. Hay un crecimiento en las expectativas en torno a figuras políticas que no provienen de ninguna de las fuerzas que colaboraron con la dictadura, que sostuvieron el modelo financiero de Martínez de Hoz, que privatizaron y transnacionalizaron los recursos, y que se enfocaron en políticas de reconocimiento más que en políticas de redistribución que afecten realmente la desigualdad causada por las grandes fortunas. Habrá que prestar atención a las opciones de la izquierda anticapitalista, el Frente de Izquierda y Miriam Bregman podrían ser la opción a las corrupciones y sus matices. No lo digo como campaña, lo digo como análisis a partir de los datos más recientes de sondeos de opinión. Quizás no seamos tan burros después de todo.