Franco Hessling Herrera
Hasta la intelligentzia cae en la cuenta, videos cortos mediante, de que la columna vertebral de Milei es ideológica. Frente a ello, un nuevo vaticinio sobre las posibilidades para la única fuerza política con contenido para dar ese debate de ideas a fondo: la izquierda trotskista.
En las tertulias de académicos universitarios a las que pocas veces soy invitado y aún menos soy convidado a participar como un igual, he escuchado con asombro recientes reflexiones, pretendidamente sesudas, en las que se analiza con detenimiento el componente ideológico del oficialismo nacional, donde se conjugan tanto el zócalo político de La Libertad Avanza como los esoterismos mesiánicos como Las Fuerzas del Cielo, el Uno y la potencia mística de los perros clonados y de una pastelera devenida en secretaria general de la Presidencia de la Nación. Esta última, vaya giro de casta, con el mismo apellido que el mismísimo presidente, don Javier Gerardo Milei.
La potencia ideológica de Milei, rumian ahora los intelectuales en la universidad, enraiza en que la grieta contra el kirchnerismo supo forjar elementos simbólicos contundentes y que el presidente y su séquito son una excelente conformación para uno de los lados de ese surco. No hay que olvidarse que fueron los propios kirchneristas quienes crearon cuentas en redes sociales atizando esas tensiones ideológicas bajo la socarronería, por ejemplo famoso “Pibe Trotsko” del novio de Lali Espósito, o con la contundencia de un ansiado debate de ideas, como la cuenta de facebook nominada al premio del siglo al macartismo argentino con el nombre “Batalla cultural”.
Esta última, paradójicamente, es la denominación que los bochincheros tribunos de LLA y la reverdecida derecha nacional han recogido para dar lustre a su propia patriada ideológica. ¿Acaso no es hilarante que los kirchneristas anónimos de facebook y Agustín Laje, el Gordo Dan y Manuel Adorni se refieran del mismo modo al debate de ideas? Es decir, a un lado y otro de ese montaje tan redituable que se llamó grieta, los escuadrones de unos y otros son acicateados por la misma retórica bélica y simbólica al mismo tiempo, todos se sienten guerreros de una batalla cultural por un país mejor.
Azorados por el avance sin grandes reveses que experimenta el gobierno nacional desde su asunción en diciembre de 2023, los académicos universitarios a quienes se les paga para pensar -en el mejor de los casos- analizaban por estos días el componente ideológico tan central para explicar el fenómeno político que por estos días signa no sólo a la Argentina sino también a varias otras latitudes del mundo. Claro, con el autoritarismo se come, se educa y se disfrutan las mieles del resentimiento, y por eso Milei no deja de ser un fenómeno popular, pese a sus medidas incontrastablemente antipopulares.
Un video cortito de esos que se ven mientras uno agota la vida frente a alguna pantalla, de los mismos que tanto disfrutan las hordas libertarias y a los mismos a los que apuntan para aggiornarse los cultures de la Batalla Cultural del facebook kirchnerista, alertó a los investigadores científicos sobre algo que desde estas líneas venimos advirtiendo, cuanto menos, desde agosto de aquel 2023: la sobre-ideologización de Milei y sus seguidores. Lo había comentado varias veces en esos círculos de universitarios, pero por mi torpeza, vehemencia, falta de estilo, diplomas o lo que fuere, evidentemente, no he sido escuchado en lo más mínimo.
Los libertarios están recargados de significantes doctrinarios de la tradición liberal neoclásica y neoliberal anarcopolítica, una de índole europea y otra de índole estadounidense. En lugar de recurrir sólo a ideas generales como “estar bien” o que “no choreen”, muchos votantes y militantes libertarios hablan de “libre-mercado”, “libertad individual”, “competencia”, “estados confiscadores por sus impuestos” y “maximización de las ganancias”, mantras que pueden encontrarse en Von Hayek, Von Mises, Friedman, Becker y otros. No hice ni el intento de pedir la palabra entre los distinguidos académicos que alternaban comentarios de series y películas, de mangas y comedias, de música y comida, con este novedoso análisis sobre la ideología en la era Milei.
La sobre-ideologización que he analizado desde que el fenómeno Milei se convirtió en el candidato más votado del turno de Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias en 2023 no se explica sólo por los discursos, la popularización de conceptos teóricos y el convencimiento de sus fanáticos. Se explica, según se ilustraban los científicos en estos días a través del video, por lo inmaterial de la política. Es decir, porque el gobierno consigue victorias ideológicas, que golpean a las grandes mayorías en términos materiales, pero que se sienten parte de conquistas -aunque sus bolsillos estén escuálidos y sus condiciones de vida vayan de mal en peor-.
Una nueva advertencia, no tanto para los académicos, sino para otro conjunto de intelectuales que suelen ser tan o más endogámicos y a los que también les cuesta digerir, aceptar y tomar ideas que no sean de sus correligionarios. Para la izquierda marxista: no hay fuerza política preparada para el debate ideológico en el país que reúna las condiciones, desde sus dirigentes a sus militantes, que los partidos de la izquierda trotskista. Entonces, con un clima de época sobre-ideologizado, aunque ahora todo parezca de derecha, hay terreno fértil para instalarse en ese debate de ideas pero, con la suficiente astucia, de aprender a persuadir, convencer e interpelar.

Mario Casalla
Franco Hessling Herrera
Antonio Marocco