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12 15 baltazarTiene 21 años, corre solo durante nueve horas en el desierto y estudia Abogacía. En un deporte dominado por pilotos de 30 y 40 años, Baltasar Frese se convirtió en campeón argentino de rally moto a pura cabeza, resistencia y pasión.

En el rally no gana el más rápido, sino el que no se pierde. Y Baltazar lo entendió antes que muchos. A los 21 años —una edad inusual para esta disciplina— el piloto salteño se consagró campeón argentino de rally, una especialidad extrema donde la navegación, la resistencia mental y la toma de decisiones valen tanto como el acelerador.

“Nosotros no tenemos caminos marcados. Corremos a campo traviesa, solo con una hoja de ruta, una tablet y la brújula”, explica. Cada piloto debe interpretar indicaciones que no perdonan errores: en el kilómetro 20, girar y seguir 200 grados. El problema es que no hay cartel de kilómetro 20. Si girás antes o después, los 200 grados siguen siendo correctos… pero te perdiste. Y perderse, en el desierto, es lo peor que puede pasar.

 

Maratonistas del desierto

Las etapas pueden durar ocho o nueve horas en absoluta soledad. Baltasar se define como un maratonista: debe llevar agua, comida y mantener la concentración durante cientos de kilómetros. El reabastecimiento llega recién a mitad de etapa, con una breve neutralización de 20 minutos para cargar combustible.

“Hay tramos de 250 kilómetros que se hacen en una hora cuarenta, y otros que pueden llevar cinco horas, depende del terreno”, cuenta. En provincias como San Juan el piso es rápido; en Catamarca, las dunas lo cambian todo.

El recorrido se diseña con mapas satelitales, pero el desierto es dinámico. “Las dunas cambian con el viento. Algunas llegan a tener 40 metros de altura. A veces no se puede ir recto y tenés que abrirte, esquivarla y después recalcular para volver al rumbo”, explica. Ahí aparece la diferencia entre los buenos pilotos y los grandes.

A eso se suman condiciones extremas: tormentas de arena, viento feroz y situaciones tan insólitas como largar una etapa nevando en San Juan. “La antiparra está preparada para la arena, pero con la nieve se congeló. Se hizo una placa de hielo y no veía nada. El mayor miedo del piloto es quedarse sin antiparras, porque los ojos quedan totalmente expuestos”.

 

Un deporte solitario (y carísimo)

Aunque largan cada un minuto para evitar el polvo, el rally es una carrera contra uno mismo. A veces los imprevistos —un río que no estaba en la hoja de ruta, un corte inesperado— obligan a improvisar y ahí puede aparecer otro piloto. Pero la mayor parte del tiempo, Baltasar va solo, con el desierto y sus decisiones.

Además, es un deporte costoso: moto, mecánico, asistente, vehículo de apoyo. “Al principio el apoyo fue 100% familiar”, reconoce. El salto llegó tras una buena actuación en una carrera latinoamericana, que le permitió conseguir el respaldo de RBM (Roberto Martínez).

 

Del rugby al Dakar

Antes del rally, Baltazar jugaba al rugby. Fue durante la pandemia cuando decidió cambiar el rumbo. Compró su primera moto doble propósito y empezó a entrenar en el cerro. Su debut competitivo fue en el ENCON, donde terminó segundo, corriendo con una moto muy inferior a la del resto.

La semilla, sin embargo, se había plantado mucho antes. A los 10 o 12 años fue a ver el Dakar cuando pasó por Salta. “Verlos cruzar el desierto a toda velocidad fue una energía única. Ahí le dije a mi papá: algún día quiero estar ahí”.

El campeonato argentino es el más competitivo de Latinoamérica: chilenos, brasileños, paraguayos y uruguayos se miden fecha a fecha. La mayoría tiene entre 30 y 40 años. Baltasar es la excepción.

“Por eso me lo tomo con calma. Es un deporte hermoso, pero muy complejo. No es solo velocidad: es navegación, resistencia y cabeza”, dice. Mientras tanto, equilibra entrenamientos y carreras con la universidad: está por entrar a cuarto año de Abogacía.

Resultados, por ahora, no le faltan: dos victorias en la temporada, campeón argentino y subcampeón general. Y una certeza clara: en el rally, como en la vida, saber a dónde vas es tan importante como llegar rápido.