06 24 ciudad

Cristian Aimo

Hay cosas que las estadísticas tardan en mostrar, pero que la gente siente mucho antes. Se sienten cuando un vecino pierde el trabajo, cuando un comercio baja la persiana o cuando una familia ya no sabe cómo va a llegar a fin de mes.

Recientemente recibí un documento con los últimos datos publicados por el CEPA, con información hasta marzo de 2026, donde le ponen números a una realidad que en Salta se ve todos los días. Desde noviembre de 2023, la provincia perdió 364 empresas y 8.869 puestos de trabajo registrados.

No son solamente números. Son historias. Son emprendimientos que no pudieron seguir, trabajadores que quedaron afuera y familias obligadas a vivir con más incertidumbre.

El golpe más fuerte se ve en el comercio. En estos dos años y medio desaparecieron 267 empleadores vinculados a la actividad comercial. Esto significa menos movimiento económico, menos consumo y menos oportunidades para miles de salteños.

También sufrieron con fuerza la gastronomía y la hotelería, sectores que perdieron 65 empresas. Los aumentos de costos, la caída del consumo y una economía cada vez más difícil de sostener están dejando huellas profundas.

Pero hay un dato que preocupa especialmente. El sector cultural y artístico fue el más castigado de todos. Casi uno de cada cuatro espacios vinculados a la cultura dejó de existir. Detrás de ese porcentaje hay peñas, centros culturales, academias y lugares donde nuestra identidad encontraba un espacio para expresarse. Cuando la cultura retrocede, una sociedad pierde mucho más que entretenimiento: pierde memoria, pertenencia y encuentro.

La construcción merece un capítulo aparte. Fue, por lejos, la actividad más golpeada. Se perdieron 4.949 puestos de trabajo, casi el 30% del empleo formal del sector. La paralización de la obra pública y la caída de la inversión privada dejaron a miles de trabajadores sin empleo y afectaron a toda la cadena económica que depende de esa actividad.

Porque cuando se detiene una obra no pierde solamente el albañil. También pierde el corralón, el transportista, el electricista, el pintor y el pequeño comerciante del barrio.

Otro dato que derriba varios discursos libertarios, es que la crisis no golpeó únicamente a las pequeñas empresas. Si bien las PYMES representan casi todas las firmas que cerraron, más del 60% de los puestos de trabajo perdidos corresponden a empresas de gran tamaño. Esto demuestra que el problema es mucho más profundo y que la recesión está alcanzando a todos los sectores.

No hace falta leer informes económicos para entender lo que está pasando. Basta caminar por cualquier barrio de Salta. Hay menos changas, menos empleo formal y más familias dependiendo de la ayuda de familiares, vecinos o comedores comunitarios.

Cuando desaparecen empresas, cuando la construcción se derrumba y cuando la cultura se apaga, no estamos hablando solamente de economía. Estamos hablando de personas. Estamos hablando de proyectos de vida que se frenan.

Y cuando una comunidad pierde trabajo, pierde mucho más que ingresos. Pierde la posibilidad de imaginar un futuro mejor.