
Ubicado formalmente dentro del paraje de San Fernando de Escoipe, en el departamento de Chicoana, este espejo de agua de altura se corona como un santuario de difícil acceso. Lejos del turismo masivo, la travesía hacia este cerro y su cuenca alta constituye una crónica de esfuerzo físico, paisajes cambiantes y una profunda inmersión en caminos de antaño.
Para comprender la magnitud de la travesía, primero es necesario dimensionar el entorno. La Quebrada de Escoipe se extiende desde los valles templados de Chicoana hasta el pie de la Cuesta del Obispo, actuando como un umbral geográfico donde la yunga salteña comienza a ceder terreno ante la aridez de la Puna. San Fernando de Escoipe, el paraje que cobija la base del circuito, es un caserío donde el tiempo parece transcurrir a otra velocidad. Allí, los pobladores locales mantienen vivas tradiciones agrícolas y celebraciones tradicionales, como sus fiestas patronales de honda raigambre comunitaria.
Llegar al punto de inicio de la caminata requiere una planificación precisa. Los viajeros deben avanzar por la Ruta Provincial 33 y, al adentrarse en Escoipe, desviarse hacia la izquierda tomando un estrecho camino de ripio y tierra de aproximadamente tres kilómetros. los montañistas locales coinciden en una advertencia fundamental: este acceso vehicular sólo es transitable fuera de la temporada de lluvias. Durante el verano las intensas precipitaciones estivales provocan la crecida de los ríos de la zona, volviendo el camino de tierra completamente intransitable para vehículos convencionales.
El sendero propiamente dicho comienza al pie del cerro, en las proximidades de un pequeño núcleo de viviendas rurales. Debido a que los senderos atraviesan propiedades y fincas privadas, es habitual que los excursionistas deban solicitar autorización a los lugareños o abonar un arancel comunitario destinado al mantenimiento de las sendas.
Entre las nubes y el esfuerzo
La jornada ideal para conquistar la Laguna Brava debe comenzar al amanecer. Los expertos locales sugieren iniciar la caminata rigurosamente a las 7:00 a.m.. Retrasar la salida, incluso hasta las 10:00 a.m., suele traducirse en un fracaso de cumbre por falta de luz solar o por el riesgo inminente de quedar expuestos a los cambios abruptos de las condiciones meteorológicas de la tarde.
El sendero gana altura con rapidez. En los primeros kilómetros, la caminata progresa flanqueada por la vegetación típica de la quebrada, pero a medida que el altímetro devora metros, el paisaje muta radicalmente. El aire se vuelve más fino y los pastizales de altura comienzan a dominar la visual.
Afrontar un desnivel de más de mil metros en una distancia relativamente corta implica que el terreno apenas otorga descansos llanos. El ritmo de marcha debe ser constante, lento y acompasado. La orientación puede volverse compleja debido a la multiplicidad de huellas de ganado que confunden el camino principal, razón por la cual la portación de cartografía digital o dispositivos GPS con el track previamente cargado es un requisito de seguridad indispensable.

El silencio de la laguna
Tras horas de exigencia física, el terreno finalmente se suaviza al aproximarse a la porción superior del Cerro La Laguna. Allí, en una depresión de la zona alta, descansa la Laguna Brava. A diferencia de los cuerpos de agua de los valles bajos, esta laguna de altura posee las características de un ecosistema rudo, expuesto a los vientos constantes y a una intensa radiación solar.
La quietud del lugar sobrecoge a quienes coronan la cima. El contraste entre los filos montañosos de tonos ocres, el azul profundo del cielo salteño y el espejo de agua conforma una recompensa visual que justifica cada hora de sudor. Es un sitio desprovisto de cualquier tipo de infraestructura humana o servicios turísticos, lo que potencia su mística de territorio inexplorado y salvaje. Los excursionistas deben ser plenamente autosuficientes, transportando desde la base toda el agua potable necesaria para la jornada y el abrigo adecuado para soportar el descenso térmico característico de la altura.
La Laguna Brava de San Fernando de Escoipe se consolida como uno de los secretos mejor guardados del montañismo en Salta. No cuenta con la promoción publicitaria de los grandes circuitos del norte argentino, y es precisamente esa falta de masividad lo que preserva su atmósfera prístina y desafiante.
Radiografía técnica
El trekking a la Laguna Brava no es un paseo de fin de semana para principiantes. El circuito presenta las siguientes características técnicas estrictas:
Tipología: Ruta mayormente circular (permite ascender por un faldeo y descender por otro, evitando desandar los mismos pasos).
Distancia total: Entre 14,8 y 15 kilómetros de recorrido total.
Duración estimada: Demanda entre 7 y 7,5 horas de marcha continua, sin contar los descansos prolongados en la cima. Clasificada técnicamente como Difícil / Alta, debido principalmente a la pronunciada inclinación de las pendientes.

