Punto Uno
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Por Natalia Aguiar
Cuando las justificaciones no alcanzan, y cuando la cuestión es tan obvia que no puede ocultarse del sol, seguramente se terminaron las racionalidades.

Alberto Fernández culpó a su mujer, Fabiola Yáñez, de la fiesta de cumpleaños que la primera dama organizó en Olivos durante Julio 2020, en plena cuarentena estricta para todos los argentinos, menos para los del núcleo Vip. Lo que evidencia que en Argentina existen ciudadanos de primera, de segunda y de tercera, y luego planeros, pueblos originarios y demás… como si la igualdad ante la ley no existiese. Pero parece que así es …

La cuestión enojó a Cristina Kirchner y provocó un cimbronazo puertas adentro del Frente de Todos, ya que la tertulia ocurrió mientras familiares eran impedidos de despedir a sus seres queridos, caso de Solange, o los padres de Abigail, que se enfrentaban a la policía, y la chiquita debió cruzar la frontera entre Tucumán y Santiago en brazos de su padre, ya que los oficiales recibieron órdenes estrictas, y se olvidaron de ser humanos por esos días.

La cuestión se alborotó aún más cuando el mismísimo presidente Alberto Fernández, culpara de forma directa a su compañera de vida, Fabiola Yáñez, en vez de asumir la responsabilidad como hombre y primer mandatario.

 

Alberto construye su propia encerrona

A nadie puede haberle caído bien la lujuria en medio del dolor. De hecho, el domingo pasado, el ministro de seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, escribió una carta abierta a Alberto Fernández: "Porque si entregamos a nuestra compañera a la primera de cambio con el solo objeto de salvar nuestro pellejo, es difícil que nos crean capaces de defender los altos intereses de la Patria".

Es que Alberto cavó su propio pozo. En un acto en Olavarría, dijo: “Nunca quise esconderme detrás de nadie y siempre di la cara”; justificó el evento con las siguientes palabras: “Mi querida Fabiola convocó a un brindis, no debió haberse hecho y lo lamento”.

“El perdón está en la base de toda sociedad. Sin perdón, los agravios se acumularían hasta formar una costra de rencores que harían imposible la vida en común”, comienza el escrito del ministro de Seguridad bonaerense, que se titula “Yo no fui, fue ella”. “Señor Presidente: nosotros tenemos que dar el ejemplo, ser mejores que los demás, ser más éticos, trabajar el doble, asumir los errores propios y cuidar a nuestros compañeros. Y a nuestras compañeras, claro. Porque si entregamos a nuestra compañera a la primera de cambio con el solo objeto de salvar nuestro pellejo, es difícil que nos crean capaces de defender los altos intereses de la Patria”, indicó Berni y cuestionó la estrategia para disculparse de Fernández.
Pero Berni continuó con los planteos: “En el caso de la foto de cumpleaños, el Presidente en primer término negó el hecho. Luego no pudo seguir sosteniendo la falsedad de la noticia. Entonces eligió el camino de deslindar la responsabilidad hacia su propia mujer”. El ministro de Axel Kicillof le exigió a Fernández, ante todo, “que ponga fin a la práctica de justificar dialécticamente cualquier cosa con cualquier argumento”. Además, aclaró que no esperaba ningún tipo de flagelación en público del jefe de Estado, sino “algo más elemental y sencillo” como reconocer el error y disculparse de forma genuina.

“Se trata de decir que agotamos la paciencia de muchos y que llegó la hora de tomar la responsabilidad de gobernar el país con la seriedad que el asunto merece”, planteó Berni, con dureza. Con la misma sensación de indignación que para muchos argentinos.

“No me gusta hacer leña del árbol caído. Pero tampoco podemos encerrarnos en un mutismo complaciente y celebratorio de la insensatez y la irresponsabilidad. Estos episodios debilitan la política, debilitan un proyecto nacional, debilitan la legitimidad presidencial [...]. Y dan lugar a los discursos más retrógrados que acechan esperando los yerros nuestros para volver a la carga con los designios entreguistas de siempre”.

Berni aclaró que con esto no busca entorpecer la campaña del Frente de Todos, a menos de un mes de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). “No son reservadas las diferencias que tengo con el Presidente, no sólo de fondo sino de formas. Tengo diferencias de visión estratégicas”, sostuvo hace poco el ministro en una entrevista.
“Hay quienes dicen que con estos razonamientos podemos poner en peligro la campaña. A esos compañeros les quiero decir que no se equivoquen, que quien esto escribe es un militante. El pueblo no es tonto y sabe que en esta elección se juegan sus propios intereses”, precisó en su carta.

Claro, que la oposición fue dura con el presidente como el caso de Elisa “Lilita” Carrió, pero sorprendió no sólo la carta de Berni sino también las declaraciones del periodista ultrakirchnerista, Víctor Hugo Morales dijo: “Esta vez la oposición tiene razón”, en un duro cuestionamiento al Gobierno por la foto de cumpleaños en Olivos.

Para intentar tapar el sol con un dedo, Fabiola Yáñez publicó una foto en sus redes en la que induce a pensar que estaría embarazada, lo cual sería un impulso de vida para Alberto en esta campaña. Juan Manuel Olmos, asesor de Fernández, lo negó, pero la foto existe, la panza existe y ojalá así sea para su vida personal. Lo que le ocurre a cualquier presidente es cuestión de Estado, y tanto las tertulias como este caso, lo serían.

 

“El pueblo no es tonto”

Así lo dice Berni. La gente está muy cansada de las promesas de campañas y la falta de propuestas certeras. El ciudadano requiere respuestas para su proyecto de vida personal. Las imágenes desde Ezeiza en la que padres y abuelos despiden a los jóvenes, muchos de ellos profesionales, que se van rumbo a otros destinos a buscar certezas, seguridad jurídica, trabajo digno, poder acceder a un techo, asegurarse un futuro y luchar por el futuro de sus hijos, es triste y desolador.

De hecho, Gustavo Béliz, desde el Consejo Económico y Social que preside, el secretario de Asuntos Estratégicos insiste con su proyecto para “repoblar” el país, redistribuir la población argentina, quizás como aquel proyecto de Ricardo Alfonsín, de trasladar la capital del país a Viedma, Río Negro.

Las desigualdades, la falta de oportunidades y la incertidumbre que hoy prima sobre la sociedad activa, aquella que pretende desarrollarse en el ámbito privado, poner en marcha microemprendimientos, y demás, aumenta los deseos de exportar ese material humano a tierras lejanas. Triste, el desarraigo obligado por la falta de futuro certero.

 

Elecciones en Salta

La participación ciudadana a través de su voto, es el acto democrático por excelencia, y la provincia de Salta vivió este fin de semana elecciones provinciales en las que se vivenciaron el desánimo de la gente, en consonancia con la sensación de incertidumbre. Votó sólo el 64% del padrón electoral, un 12% lo hizo en blanco, casi un grito silencioso de hartazgo, y se consolidó la fuerza del gobernador Gustavo Sáenz. El kirchnerismo alcanzó sólo el cuarto lugar y Juntos por el Cambio se consolidó como segunda fuerza con una nueva y respetada cara, Fernando Lardies. Mientras Bernardo Biela, líder de Salta Independiente, se consolida como otra fuerza opositora que se las trae.

La sensación de la gente era repetida y se referían a la falta de propuestas concretas, el destrato a los votantes pensantes, y la idea de que los que triunfan son los políticos y los que participan en política, mientras el ciudadano de a pie sostenía: “Mañana, tengo que salir a trabajar gane quien gane, así que para mí no cambia nada”. Entre reparto de bolsones de comida a cambio de votos, plata, pedido de fotos de las pantallas del voto electrónico para dar algo a cambio, transcurrió la jornada electoral. La provincia modificará su Constitución, que sea ésta una oportunidad de igualdad y justicia. Que la fiesta de la democracia, no sea para unos pocos, que sea para todos.