Punto Uno
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Por Natalia Aguiar

Cruzando la cordillera, late el corazón contento…pues Piñera me espera ….late el corazón contento, pues Piñera me espera …

En tierras trasandinas Alberto Fernández se reunió con su par chileno Rafael Piñera y se desató la polémica cuando salieron a la luz las conversaciones entre las cancillerías chilena y argentina sobre la situación de vulneración de derechos humanos en Venezuela. La cuestión que se había trabajado en silencio por lo que hasta ahora era desconocida.

Existen pues conversaciones o transacciones entre ambos países para buscar nexos comunes que permitan tratar al régimen totalitario de Nicolás Maduro, al que Alberto y el kirchnerismo no pretenden cuestionar. Y allí, empiezan las diferencias con Chile.

Si bien Fernández dijo en Chile que no había hablado con Sebastián Piñera sobre la crisis venezolana, fue el canciller chileno Andrés Allamand quien lanzó los dardos al develar el trabajo bilateral de las cancillerías para “aproximar posiciones sobre la situación venezolana. Mientras “Chile integra el Grupo de Lima, Argentina está y no está en el Grupo de Lima”, dijo el funcionario cual altavoz. Se refería al hecho de que sin renunciar al mismo, la administración de Fernández no apoya sus declaraciones e incluso no hay coincidencias en el Grupo Contacto Internacional.

Y fue entonces que Allamand contó que Chile y Argentina han “estado conversando fluidamente, la línea de trabajo para converger los distintos esfuerzos de la comunidad internacional para que no siga un grupo por aquí, otro grupo por allá”, sino que se busca ir hacia “una convergencia” para avanzar en la transición venezolana. De hecho, los chilenos propusieron a Argentina fortalecer Prosur,  institución internacional que surge tras el fracaso de Unasur, pero Argentina se niega. Desde el albertismo analizan que la postura conciliadora del presidente argentino podría ser útil en la mediación con Venezuela, como para disimular que el oficialismo evita enfrentar a Maduro. Qué negocios habrá detrás, porque el sol no puede taparse con un dedo.

Las vulneraciones de derechos humanos en Venezuela son aberrantes, no sólo por las pruebas recolectadas por organizaciones internacionales sino también según un duro informe emitido por Naciones Unidas y firmado por la ex presidenta chilena, Michele Bachelet.

Ahora que Argentina, con su histórica lucha contra las violaciones a los Derechos Humanos no acompañe a Chile y al resto de los países de la región para gritar a los cuatro vientos que Venezuela, es epicentro de lesa humanidad, humillación al ser humano, desazón y desigualdad, sería una vergüenza internacional. Sería tirar por la borda décadas de trabajo genuino y reconocimiento mundial en la defensa de los derechos humanos. Quedaríamos en espuma …nada más, sólo espuma… bla… bla.. bla…

 

Barbijo no es bozal

Cómo podría éste gobierno argentino defender a los venezolanos víctimas de maltrato en un régimen totalitario sustentado en un pajarito… si niega las conculcaciones a los argentinos, a los formoseños hacinados en pandemia que son maltratados como si fueran escracho…

El sábado pasado un amplio número de artistas, intelectuales y dirigentes opositores difundieron en las redes y luego publicados en los medios una dura solicitada donde alertan sobre intentos de "acallar opositores, cercenar libertades y perpetuarse en el poder", a partir del apoyo del Gobierno nacional a la gestión de Gildo Insfrán en Formosa.

"En democracia los derechos humanos no se recortan ni se suspenden. Los regímenes dictatoriales lo hacen para acallar opositores, cercenar libertades y perpetuarse en el poder. Avalar con el silencio actos de discriminación, violencia y arbitrariedad como los que están sucediendo en Formosa pone al Gobierno, ante los ojos del mundo, al borde del precipicio autoritario", afirma la solicitada.

La carta la firman el titular de la Unión Cívica Radical, Alfredo Cornejo, la titular del Pro, Patricia Bullrich; el titular de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro, y personalidades destacadas como el director cinematográfico, Juan José Campanella, el filósofo Santiago Kovadlof; la ex ministra Graciela Fernández Meijide; el politólogo Vicente Palermo del Club Político Argentino; o el actor Alfredo Casero quien se destacó en las críticas al gobierno actual en redes y pidió flan. “Todos queremos flan”, en alusión al derecho a comer sano y rico de todos los argentinos y no de unos pocos.

Fue la ex ministra de seguridad Patricia Bullrich quien en Twitter publicó la solicitada "en defensa de la democracia y los derechos humanos", y en repudio a "los abusos de poder" en la provincia de Formosa. "No confundan barbijo con bozal", alertó.

"Quienes firmamos esta solicitada estamos a favor de la democracia que tanto nos costó recuperar. No dejemos que nos lleven de nuevo a épocas oscuras. Repudiemos los abusos de poder y defendamos la libertad por sobre todo!", advirtió Bulrich por Twitter. Los firmantes de la solicitada expresaron su preocupación ante las polémicas medidas del Gobierno de Formosa para combatir la pandemia de coronavirus en la provincia. Es que el Gobierno de Gildo Insfrán fue acusado de realizar detenciones ilegales y confinamientos, incluso a personas que tenían test negativos de coronavirus.
Pero además, Alberto Fernández envió a Formosa al secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, quien no sólo respaldo a Insfrán sino que calificó las denuncias como “un chiste”.

El viernes pasado, en una misiva dirigida a Pietragalla, Amnistía Internacional, expresó su preocupación por las denuncias realizadas y por las medidas adoptadas por las autoridades de Formosa para prevenir el Covid-19 y pidió que se "condene las violaciones a los derechos humanos". Desde la organización internacional explicaron que recibieron numerosas denuncias por "las graves condiciones en las cuales las personas son alojadas en los Centros de Atención Sanitaria (CAS)" de la provincia de Formosa, entre ellas "personas que sufrieron el aislamiento de manera compulsiva en establecimientos que por sus condiciones las expusieron al contagio, del aislamiento durando incluso hasta 30 días, la falta de acceso a los resultados de sus testeos de Covid-19 e información precisa sobre su situación de salud, la custodia por personal policial las 24 horas, con esporádica presencia de personal de salud, el hacinamiento, la falta de higiene, la falta de ventilación, la provisión escasa de alimentación de mala calidad, la utilización de rejas y cierre de aberturas como puertas y ventanas, la inexistencia de espacios separados para hombres, mujeres, adultos mayores y niños para proteger mejor su salud y resguardar su intimidad".
"Jamás desde 1983 nuestro país padeció semejantes niveles de violencia institucional.

Nunca hubo tanta arbitrariedad y avasallamiento de los derechos humanos como con este Gobierno que, paradójicamente, explica un párrafo de la solicitada. “Lo sucedido en el feudo de Gildo Insfrán durante este mes, y a lo largo de 2020 en distritos como Santiago del Estero, San Luis, Tucumán y Buenos Aires, demuestran a las claras que esta bandera es, paradójicamente, una ficción, puro relato", desliza la carta también firmada por el economista Roberto Cachanovsky, el periodista Jorge Sigal y el bailarín Maximiliano Guerra. "Permitir que se violen impunemente los derechos humanos atrasa. Nos trae recuerdos de un país sin retorno que los argentinos nos juramentamos dejar definitivamente atrás en 1983.

Esa solicitada, claro con ciertas pinceladas políticas, no deja de ser un grito de libertad compartido por los argentinos de bien, de a pie y de trabajo que anhelan una Argentina libre, sin la degradación democrática que pasa ante los ojos destruyendo valores, instituciones y una historia en defensa de los derechos humanos.

Que ahora, desde el Gobierno se degrade a ciudadanos y se los hacine en plena pandemia, es un atraso, es un delirio gubernamental que debe cesar de inmediato.

Argentina se pondrá de pie con todos los recursos y garantías constitucionales para el pleno de los derechos humanos. Para atrás, ni para tomar impulso. Argentina, pone en juego su dignidad ante el mundo.