Punto Uno
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Por Natalia Aguiar
Cristina y Alberto dan por sentado el divorcio político. Es un hecho que trasciende los ladrillos de la Casa Rosada, de lo que hablan asesores y cercanos de uno y otro, mientras la tensión que se vivencia en el seno del poder se corta con un cuchillo. Podría compararse con un apocalipsis político, peronista y patriota. No hay vuelta atrás.

La cuestión quizás venga de mucho tiempo antes que la última derrota electoral de las PASO, y se sustente en la falta de un liderazgo peronista en el país, capaz de aunar los esfuerzos para un proyecto común. Nos encontramos nuevamente ante coaliciones de gobierno, con roles indefinidos, en las que finalmente afloran las diferencias irreconciliables en el marco de democracias modernas. Disfuncional para las necesidades de la población.

Sin lugar a dudas se trata de una puja de poder, en la que Alberto apuesta a la gobernabilidad y lograr terminar su mandato, mientras a Cristina se le puso en riesgo su proyecto político, la impunidad judicial, las ansias de continuar en el poder, su máxima obsesión.

La relación está quebrada, ya que no sólo carecen de diálogo, los rencores son mutuos, y se reavivaron diferencias de antaño, cuando ambos enfrentaban a Mauricio Macri. Unidos luego por el espanto, Ella lo propuso como candidato y el amor surgía del lodo, pero ahora la situación cambió. Los señalamientos van y vienen. Alberto está convencido de que Cristina intentó hacerlo trastabillar, mostrarlo débil y desnudo ante su gente, y lo logró. Mientras la vicepresidenta en ejercicio del poder, cree que su reacción a término lo salvó de un suicidio político.

Indudablemente están en antípodas, y no sólo de poder, sino de pensamiento, acción y reacción.

 

Alberto, solo y masticando amargo

Dicen los que saben, que a veces hay que masticar amargo para luego saborear lo dulce, pero a Alberto sólo le tocaron las más amargas situaciones, sin la posibilidad de maniobra en las mieles del poder. Claro que debió ponerse de pie y enfrentarla a Ella para evitar haber llegado a tal nivel de tensión, pero también es cierto que él aceptó el juego, y quizás el acuerdo suscripto en su letra chica, aseguraba que el poder de mando estaba en cabeza de Ella.

Alberto está solo y molesto. Tras la derrota recibió órdenes de bajar su nivel de exposición y mostrarse cercano a la gente, así es que lo asesora el politólogo español Antonio Gutiérrez Rubí, asesor de Sergio Mazza, para intentar dar vuelta los resultados en noviembre, una misión que saben en el oficialismo es imposible. Inició así una serie de videos tipo documentalistas en los que describe sus reuniones con vecinos, organizaciones barriales, jubilados, sindicatos y si es en lugares con calles de tierra, mejor. Calle, recorrido y mostrarse cercano a la gente, casi semejante a los timbreos de Juntos por el Cambio. Una metodología tomada de las prácticas de las asistentes sociales.

La carta de Cristina de hace dos semanas, desestabilizó a Alberto y ahora le cuesta sacar cabeza, ante referentes impuestos como Juan Manzur, en la Jefatura de Gabinete, quien llegó con el objetivo de marcar una dinámica en el Gobierno, propia de Cristina, pero alejado de las formas de Alberto. Quizás al presidente le cambiaron las reglas en la mitad del partido, y ahora está desconcertado, pero debe ser rápido de reacción, porque no hay tiempos que perder. Además, Cristina es implacable.

Los hombres de Alberto, están convencidos de que Cristina volverá a arremeter contra el presidente, por su proyecto de poder. El gobierno, ya queda en segundo plano. Pero, para la paz emocional de Alberto, también sostienen, incluso desde el cristinismo, que: “Ella, tampoco es talibán, y que ambos están en una encrucijada, porque solos -cada uno por su lado- no arribarán a buen puerto. Al igual que los gobernadores peronistas, intendentes, gremialistas y sindicalistas. Existe un brutal quiebre en el Gobierno, pero ambos saben que por separado no lograrán nada. El equipo ganador de 2019, está lesionado, y habrá que reacomodar fichas o el Frente de Todos peligra.

Si hay algo que podría unirlos es el pensar el día después de los resultados de noviembre 2021. Es que de repetirse, o empeorar los resultados, quedarían por delante dos años de Gobierno, sin mayorías ni quórum propio en Diputados y Senadores. Será como caminar por un campo minado.

 

Cristina, en meditación

Tras una semana a puro fuego, en la que deberíamos reconocerle a Ella la capacidad de reacción, Cristina decidió alejarse de la escena pública y limitó sus contactos a Máximo Kirchner, Wado de Pedro, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, y aceptó la invitación de Julián Domínguez para lanzar un proyecto agroexportador.

Sus reacciones son impredecibles, coinciden todos, y si bien aceptó participar el jueves pasado en un acto en el Museo del Bicentenario, junto a Alberto Fernández, la frialdad entre ambos, marcó la presentación, mientras los asistentes esperaban que en cualquier instante se despertara el huracán “Cristina”.

El oficialismo es consciente de que será imposible dar vuelta los resultados electorales en noviembre, pero apuntan a los votantes rebeldes que no asistieron a las urnas, como a los votos en blanco, o anulados. No descartan cooptar votos de otros referentes peronistas, incluso alejados de la Casa de Gobierno, como Guillermo Moreno y Florencio Randazzo. Vale todo. El objetivo es evitar una derrota aún más profunda que la de las PASO. Hay resistencia a la resignación, pero saben que las bancas de la Cámara Alta y Baja, ya están jugadas.

 

Clientelismo y Manipulación

El Gobierno apuesta a todo o nada y habrá que ver qué efectos tiene en los votantes la inyección de “más platita en el bolsillo”, anuncios a jubilados, medidas sanitarias de último momento, más populismo y cada vez menos realidad. Para los argentinos, según un estudio de la consultora D’Alessio-IROL/Berensztein, el 84% del país tiene a la inflación como principal preocupación, como también la caída del ingreso disponible promedio de la población, que venía en debacle desde 2018, y se profundizó con las restricciones extremas en pandemia. También analiza Sergio Berensztein, que si bien el sistema de las PASO está en marcha desde 2011, hubo casos en que se revirtieron resultados. Por ejemplo, en la elección presidencial del 2015, en la que el frente Macri-Michetti logró 24,50 en las PASO, 34% en la primera vuelta y 51,34% en la segunda. También en 2019 se logró un cambio entre las PASO y la elección general, cuando la fórmula Macri-Pichetto elevó la mitad de los 15 puntos de ventaja obtenidos por el frente Fernández-Fernández.  Estos datos nos dan un pantallazo de que podrían revertirse los resultados del 14 de noviembre, sin grandes certezas ni probabilidades. La ciudadanía tendrá la última palabra y el pronóstico para el oficialismo no es alentador. Así, la oposición tendrá gran responsabilidad en generar cambios. Tampoco hay grandes certezas y probabilidades de que se logre girar el timón del destino argentino.