02 20 ciccioliEl directivo de Blangino y referente de la industria nacional habló en exclusiva en el programa Interrogantes de Punto Uno y dejó un diagnóstico contundente sobre el presente productivo del país. Caída del 50%, capacidad ociosa, posible mudanza a Chile y una frase demoledora: “Así me regalen el salario al 20%, ¿para qué voy a contratar si no tengo qué hacer?”.

La escena se repite en distintos puntos del país: fábricas que trabajan a media máquina, empresarios que recalculan, empleados que miran el reloj con incertidumbre y mercados que no reaccionan. Pero cuando el análisis lo pone en palabras alguien que lleva casi tres décadas dentro de una empresa emblemática del interior productivo, el diagnóstico adquiere otra dimensión.

En diálogo con el programa Interrogantes de Punto Uno, Gustavo Gómez Ciccioli, directivo de Blangino y una de las voces más escuchadas de la industria nacional, trazó un panorama tan crudo como reflexivo. Sin eufemismos, sin tecnicismos vacíos y con números sobre la mesa. “Si comparo los números del 2025 con los del 2022, que fue el último gran año, estamos cerca del 50% de caída” y agregó: “Si comparo el 2024 con el 2023, la baja fue de casi un 40%. El último año hubo una suba del 5%, pero desde el décimo subsuelo”.

La frase no sólo expone un dato estadístico. Expone un estado de ánimo. Gómez Ciccioli explicó que el freno total de la obra pública impactó de lleno en su sector. “Nuestra industria, por escala, se enfoca principalmente en grandes proyectos. Si se cae la obra pública, no tengo mercado”, sostuvo. La capacidad instalada de la planta es elocuente: 240.000 metros cuadrados mensuales. La producción reciente: apenas 80.000. Un tercio de lo posible.

“Estamos muy por debajo de nuestra capacidad. Y eso te obliga a transitar un camino de reconversión”, señaló, pero la reconversión no es sencilla cuando el mercado minorista tampoco reacciona. “El consumo está muy caído por la pérdida del poder adquisitivo. No hay poder adquisitivo para la construcción. Entonces se me cierra la obra pública y no tengo mercado minorista”.

Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista llegó cuando el empresario habló del destino de los trabajadores industriales. “Es muy cruel pensar que un empleado no calificado que estuvo 20 o 30 años en una fábrica puede salir y ganar lo mismo en una plataforma de delivery. No tiene herramientas para competir ahí”. La imagen que utilizó fue tan gráfica como incómoda: “Es como si a Walt Disney lo descongelaran hoy y lo pusieran a hacer películas”.

Gómez Ciccioli no habla desde afuera. Lleva casi 30 años en la empresa. “Empecé muy de abajo y fui creciendo”, recordó. Conoce la estructura fabril, conoce a los trabajadores y conoce los ciclos económicos. Hoy la empresa tiene 350 empleados. Supo tener 400. “Para el nivel de actividad actual deberíamos estar entre 280 y 290. Estamos sobredimensionados en unas 80 personas”, admitió y sin embargo, insiste en una idea que ya había expresado años atrás el titular histórico de la firma: “Seguimos tratando de sostener el lema de todos adentro. Pero hoy es mucho más difícil”.

El cierre de FATE, vinculada al empresario Javier Madanes Quintanilla, fue otro eje de análisis. Gómez Ciccioli introdujo una contradicción que interpela al discurso oficial. “El gobierno enarbola la bandera de la libertad, pero cuando el dueño de una empresa dice ‘no puedo producir más, cierro y pago lo que corresponde’, le imponen una conciliación obligatoria. ¿Dónde está la libertad ahí?”. Pero más allá del debate ideológico, lo que le preocupa es el impacto social. “¿Dónde van 900 trabajadores con su indemnización en el bolsillo? No hay construcción que absorba semejante masa laboral. No es viable que todos se muden a Vaca Muerta” y recordó experiencias del pasado, desde pueblos petroleros que quedaron vacíos hasta economías regionales devastadas. “No aprendemos”, resumió.

 

Emigrar a Chile

La frase duele, pero fue dicha sin rodeos: “Estamos con un proyecto para llevar la fábrica a Chile, lamentablemente con todo el dolor del alma”. El motivo es económico. “Con el dólar planchado y el aumento de costos internos, el precio en dólares de nuestros productos llegó a subir hasta un 50%. Ningún mercado externo soporta eso” y en ese sentido explicó que Chile aparece como alternativa por estabilidad, mercado desarrollado y menor distorsión de costos. “Podemos fabricar más barato que en Argentina en dólares”.

Consultado sobre la reforma laboral impulsada por el Gobierno, Gómez Ciccioli fue directo al hueso del problema. “¿Por qué tomaría más gente si tengo la mitad de las máquinas paradas? Así me regalen que trabajen por el 20% del salario, ¿para qué voy a contratar si no tengo qué hacer?”.

La definición desnuda una discusión de fondo: la oferta laboral no genera empleo si no hay demanda que la sostenga. “Esto ya venía con un dogmatismo. Se cree que flexibilizando se genera trabajo automáticamente. Pero sin mercado no hay reforma que valga”, sostuvo.

Y ahondando aún más en el tema advirtió un riesgo estructural: la destrucción de la clase media. Al respecto la reflexión final fue quizás la más profunda. “Escuchaba testimonios de trabajadores que decían: ‘Con FATE compré mi casa, mi auto, crié a mis hijos’. Eso es clase media industrial. Si desaparecen las fábricas, eso también desaparece”. Y lanzó una advertencia que excede a una empresa: “Veo una postal como la de muchos países de Latinoamérica: un 5% o 10% muy rico y el resto muy abajo. La destrucción de la clase media es el resultado”.