Natalia Aguiar
Mientras Javier Milei se desploma en lágrimas ante el muro de los lamentos, los niños y ancianos de argentina sufren desnutrición y la pobreza aumenta a gran escala. No bastará con llorar presidente, y hacer un homenaje al año de la muerte del Papa Francisco. Habrá que accionar con mayor humanidad y menos Excel. La gente tiene hambre y necesidades.
Llore, llore Milei, que no encuentra la punta del ovillo para que la economía argentina despegue de una vez.
Distintos relevamientos privados prevén que en abril se cortará la racha alcista de 10 meses y el IPC perforará el 3%. Así, el cuarto mes del año aparece como un punto de inflexión. Sin embargo, el proceso de desinflación todavía enfrenta obstáculos. Se percibe el malestar en las calles de Argentina.
En el caso de la inflación de marzo, superó el índice clave del 3% por primera vez en un año, traccionada fuertemente por los aumentos en servicios, combustibles y educación. Sin embargo, según los analistas, las primeras mediciones de cara al mes de abril muestran signos de moderación. Que así sea…
Hambruna
Hay niños que se desmayan por hambre en las escuelas argentinas. Estos casos reflejan la crisis alimentaria y la pobreza en ascenso. De hecho, el informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que 6 de cada 10 niños son pobres en Argentina y que el 30% no accede de forma regular a una alimentación adecuada. Estos datos recabados en 2025, ponen sobre la mesa, que la pobreza infantil alcanza al 53,6% de la población menor de edad. Además, a indigencia en adolescentes y niños escaló al 10,7%, según datos del INDEC. El registro de pobreza infantil tuvo cierta mejora respecto a años anteriores, pero la problemática persiste de manera estructural en el país.
Las cifras oficiales señalan que la pobreza general en Argentina descendió al nivel más bajo de los últimos siete años en el segundo semestre de 2025. Sin embargo, los indicadores continúan evidenciando una gran deuda social, especialmente en las zonas más vulnerables. Lamentablemente, el sector más afectado por la pobreza y la informalidad laboral sigue siendo el de la población joven, según los datos proporcionados por los organismos oficiales.
En las provincias argentinas la situación está muy grave. De hecho, en un recorrido por las capillas y villas marginales de la ciudad de Salta, la gente y los párrocos advierten la falta de alimentos, la mayor aglutinación de gente en los comedores escolares y los malabares que deben hacer las cocineras para poder alimentar a niños, adolescentes y personas mayores. Muchos con lágrimas en los ojos, describieron la situación como límite, triste, desoladora. “Este presidente se olvidó de los pobres y sólo se reúne con los poderosos”, dijo un vecino a esta redactora. “Milei se alejó de la gente”, relató otro vecino del barrio Hernando de Lerma. Por su parte, un referente comunal de la zona se refirió a la situación económica como “angustiante”, porque “la gente viene a pedirnos ayuda, comida, auxilio, changuitas de trabajo y no hay, porque además se frenaron otras actividades empresariales, industriales, el turismo, etc… Salta está muy mal”, concluyó Ceferino Barrionuevo, dirigente popular.
Si bien el Gobierno de Salta puso en marcha el programa Copa de Leche desde el primer día de clases de este año, alcanzando a 85.000 estudiantes de 144 establecimientos educativos, quizás deba ser incrementado para que llegue a la mayor cantidad de niños posibles. El servicio es coordinado por la Agencia de Contención y Desarrollo Comunitario, expresa la web oficial. “El Programa incluye este año un menú más saludable y del gusto de los chicos: el de este año incluye yogur, mate cocido y leche chocolatada, más una variedad de panes, durante los cinco días de asistencia a clases”, señala Natalia Arias. Que sea para todos y para seguir a futuro.
Desmayados de hambre
Lo propio ocurre en el conurbano bonaerense donde la pobreza escala sin parar como en las regiones alejadas de las grandes ciudades en el resto del país.
Toto De Vedia, párroco de la parroquia Caacupé en Villa 21 y miembro de Sacerdotes de las Villas bonaerenses, dio su parecer a Infobae sobre los barrios populares y describió la situación cotidiana de niños y adolescentes en la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “El impacto de la crisis lo reciben los chicos, adolescentes y jóvenes. Todo el problema laboral, la falta de poder adquisitivo y muchos otros problemas llevan a una descomposición del tejido social”, afirmó de Vedia. Según su experiencia, los niños sufren las consecuencias del desempleo y la preocupación de los padres por la subsistencia diaria.
El cura explicó que “muchos chicos dejan la escuela, están en el pasillo, vuelven a la droga o caen en la droga”. Ante esta situación, las iniciativas de la capilla, el colegio y el club, intentan generar una red de contención para la juventud. “Trabajamos en la prevención y acompañamiento, porque también en nuestro barrio, en una escuela pública se cerró una orquesta infantil”, manifestó.
El sacerdote señaló la vulnerabilidad social, los adolescentes se encuentran en una posición de desventaja: “Ya son pobres por ser adolescentes. Hay pocos que les dediquen tiempo y les den un lugar”. Esta situación se agrava por la carencia de infraestructura y servicios básicos en los barrios populares. “No hay cloacas o los servicios de infraestructura no están bien. Faltan docentes y hay muchas cosas más. Está complicado”, enfatizó de Vedia.
No hay acceso a lo mínimo para sobrevivir. El párroco marcó un caso muy triste: “El otro día iba en bicicleta a visitar un barrio y me llamó el director de un terciario con carrera de Enfermería, y me dijo: “Toto, a partir de mañana queremos retomar la merienda porque se nos desmayó una alumna”. El sacerdote precisó que “se desvaneció por falta de alimento”.
Explicó que la realidad que se vive en las villas es totalmente diferente a los datos de Excel del Gobierno y afirmó que detecta “un corrimiento bastante abrupto del Estado” en comparación con décadas anteriores. De Vedia concluyó que la urgencia va más allá de la comida: reclama la necesidad de retomar obras públicas en barrios populares, sostener las organizaciones sociales y fortalecer los espacios de prevención y contención para los más jóvenes.
En el mismo sentido se expresan los referentes comuneros de las villas salteñas, y coinciden en que la falta de recursos estatales agrava el acceso a servicios básicos, alimentación, educación y asistencia.
A todo ello, se suma el valor del transporte que ya no es accesible y la gente no puede trasladarse como antes. Ante la falta de respuestas del Estado, la gente recurre a escuelas, capillas, organizaciones, centros barriales, pero no dan abasto. Estas redes comunitarias hacen que la Argentina se sostenga, sobreviva, pero no es suficiente.
Lo cierto es que la pobreza toca la puerta de cada argentino. Pero si hay un solo niño que se desmaya de hambre, estamos muy mal. Estamos en deuda con la niñez, con el futuro. Es triste, es salomónico, es bestial, es angustiante, pero es real. Los niños argentinos no deberían desmayarse de hambre. Políticos, empresarios, argentinos de bien, señor presidente, opositores, a pelear por la igualdad. Basta de Excel y mayor humanidad. Por niños argentinos con futuro, con dignidad.

Mario Casalla
Franco Hessling Herrera
Antonio Marocco