Martín Ignacio Plaza
Hace un año murió Francisco, y sin embargo su figura hoy, tiene una centralidad y presencia inmensa. Lo recordamos como el pastor, como el amigo, como el consejero. Incluso entre no católicos, tanto judíos, ateos, musulmanes e hindúes lo amaban por igual.
Veían en él un hombre bueno, que quería mejorar el mundo. Las potencias económicas y políticas lo veían como un líder espiritual, y lo escuchaban y respetaban. Para muchos de nosotros, su voz aun resuena con gran claridad. Esa voz suave, dulce, de compresión y cariño. De consejo. De acompañamiento.
Al comenzar la pandemia se lo recuerda caminando solo por las calles de Roma, rezando, hablándonos con palabras de esperanza, curativas. Diciéndonos que nadie se salva solo.
Su humildad y llaneza, no podía disimular el inmenso teólogo y pensador cristiano que explicaba la presencia de Jesús, la claridad del evangelio, y la posibilidad de salvación.
Su escritura actualizó la Doctrina Social de la Iglesia, pensando el mundo y sus necesidades. Laudato Si y Fratelli Tutti dan un plan de acción completo en lo político, económico, social y ambiental. Un plan realista, humano y posible.
Francisco era un gran pensador, un gran líder, y a la vez un hombre cercano, inmediato. Un amigo de confianza. Muchos sentimos aun hoy, que nos habla directamente, y que siempre lo hace con la palabra justa.
Desde su vida sacerdotal en Buenos Aires, cercana a los más necesitados, hasta su Papado como líder moral indiscutido de occidente, siempre lucho por un mundo mejor. No era inocente, sabia ubicar con gestos y caras a quienes se acercaban interesadamente.
Eligió como sepultura una lápida sencilla, sin ningún tipo de adorno, ni opulencia. En la iglesia más linda de Roma, Santa María Maggiore. Cerca de la Virgen de la Salud, de quien era devoto.
Como buen borgeano, y divertido como era, se estará sonriendo de algunas “coincidencias”. Esta sepultado al frente de la capilla donde San Ignacio de Loyola, fundador de la orden que pertenecía de los Jesuitas, dio su primera misa. Al lado de la ya mencionada Virgen que está en la capilla de Salus Populi Romani, y que es la patrona de Roma.
Murió un lunes de pascua, un 21 de abril, día del cumpleaños de Roma. Pascua, conmemoración de Francisco, nacimiento de Roma. Todo en una misma fecha. Fue nuestro argentino más universal, al punto que gran parte del mundo extraña.
Podemos señalar brevemente algunos aportes que realizo al mundo:
- En el marco de la Doctrina Social de la Iglesia, que tiene como objeto el desarrollo de la justicia en las relaciones sociales, podemos mencionar la publicación de dos encíclicas, que sería aconsejable leerlas conjuntamente, y que nos dan una completa visión del mundo, de su economía, de la política, del cuidado de las personas y del medio ambiente. Ellas son, como ya mencionamos, la “Laudato Si” y la “Fratelli Tutti”. Surge de las mismas, una celebración del medio ambiente, y una exhortación al cuidado del plantea, así como la necesidad de una amistad social, y un cuidado del otro. También es central el aspecto económico, respecto del cual se señala la necesidad de renovación del capitalismo, que Barra resume en los “no” de Francisco: no a una economía de exclusión, no a la nueva idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir, no a la inequidad que genera violencia, no a la destrucción de la Casa Común, no a la cultura del conflicto. A lo cual sumaría como aspecto central, combatir la cultura del descarte (de los pobres, de los ancianos, de los enfermos, de las minorías), y luchar contra la lógica consumista que intenta invisibilizarlos.
- Su preocupación por las guerras, y las consecuencias de muerte, pobreza, dolor y hambre, se hace notar permanentemente. Los llamamientos al cese de hostilidad en la actual guerra Rusa-Ucrania, así como en la Guerra Siria, han sido permanentes en todos los foros mundiales. Propuso la mediación, como el diálogo, y la suspensión e interrupción de bombardeos. También en su momento logro un acercamiento entre EEUU y Cuba, que significó una apertura al diálogo, y un debilitamiento del inhumano bloqueo a las islas.
- Nuestro país también se vio apoyado con gestos concretos en la difícil renegociación de la deuda externa llevada a cabo allá por el 2023. El mundo financiero, sordo y duro, fue permeable a las palabras que explicaban que las rentas financieras no pueden estar por encima del sacrificio y dolor de un pueblo.
- En los inicios de la pandemia, se transmitió a todo el mundo, la ceremonia en San Pedro, donde su rezo, su palabra nos reconforto el alma, y nos fortaleció para la dura espera que teníamos por delante. También advirtió Francisco, que nadie se salva solo, y que debíamos estar juntos en aquella dura batalla que pudimos superar.
- Algo tan difícil como el mea culpa fue llevado adelante con valentía y decisión. En la Iglesia Católica, como en cualquier tipo de organización, más aún si su motivación principal es la religiosidad de las personas, la admisión de culpas propias puede ocasionar el socavamiento de los cimientos mismo de la institución. Esta autocrítica fue no solamente llevada a cabo, sino que también se transformo en reformas concretas para evitar que esas graves faltas cometidos por sacerdotes, obispos y monjas de la institución no volvieran a pasar. Delitos tan graves como la pedofilia, y la corrupción financiera fueron exhibidos, y castigados. No solo fue un arrepentimiento y pedido de perdón, sino que fundamentalmente se aceptó el carácter de delito, y se promovió el juzgamiento bajo normativa y justicia penal de cada país donde el delito se había cometido.
- Su preocupación y compromiso con los migrantes, se hizo visible no solo con la exposición pública del mal trato, sino con la promoción de políticas concretas en los países europeos.
Así como San Francisco, Dante, Miguel Ángel, la historia nos regala hombres providenciales que mejoran el mundo. Lo pudimos disfrutar y escuchar en su tiempo, hoy es guía para los tiempos futuros.
Francisco está entre nosotros.

Mario Casalla
Franco Hessling Herrera
Antonio Marocco