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Cristian Aimo

El salón del Foro de Intendentes de Salta ofrecía el 17 de Abril una imagen que, más allá de lo protocolar, funciona como una metáfora perfecta del presente político. Una hilera de sillas vacías con los nombres de los legisladores nacionales de La Libertad Avanza.

Mientras los jefes comunales, quienes gestionan el "día a día" del barro, los baches y el hambre, exponían una situación de asfixia financiera sin precedentes, el silencio y la ausencia de quienes deberían ser sus interlocutores en el Congreso Nacional retumbó con más fuerza que cualquier discurso.

La narrativa oficialista intenta instalar, con una eficacia envidiable en redes sociales, que los municipios son cuevas de "gastadores compulsivos". Sin embargo, basta con alejarse de la pantalla y recorrer el interior provincial para entender que esa etiqueta no es más que una falacia técnica diseñada para justificar un abandono sistémico. La realidad es matemáticamente cruel. en los últimos dos años, la coparticipación ha caído un 24% en términos reales. De cada ocho pesos que el Estado Nacional recauda en concepto de impuestos, seis quedan en el centro del poder y solo dos llegan a las provincias. En ese goteo final, los municipios reciben apenas migajas para sostener servicios básicos que han sufrido aumentos exponenciales, como el combustible, que escaló un 540%, impactando directamente en la recolección de residuos, el funcionamiento de ambulancias y el patrullaje preventivo.

Para darle aún más peso a la denuncia de este vaciamiento institucional, es imperativo detenerse en las voces de quienes hoy están en la trinchera de la gestión. El intendente de la Capital, Emiliano Durand, fue categórico al desarmar el relato de la ineficiencia local: mientras la Nación acapara recursos, en Salta capital 9 de cada 10 pesos destinados a bacheo, iluminación y recuperación de espacios públicos provienen exclusivamente del esfuerzo de los vecinos y de una administración que ya hizo el ajuste eliminando cargos políticos. "Es momento de que los legisladores nacionales gestionen y peleen por lo que nos pertenece", disparó Durand, exponiendo una verdad incómoda. De nada sirve el equilibrio fiscal en los papeles si las obras hídricas fundamentales para que el vecino no pierda todo en la próxima tormenta siguen durmiendo en los escritorios porteños.

Por su parte, Marcelo Moisés, en su carácter de presidente del Foro, le puso palabras al sentimiento de abandono que recorre cada pueblo de nuestra geografía. No se trata de una disputa retórica, sino de una emergencia operativa. Con un desmesurado incremento en el costo del combustible, los municipios han pasado de planificar el crecimiento a intentar sostener, con lo último que queda en el tanque, la salida del camión recolector. Moisés fue tajante al calificar la ausencia de los representantes libertarios; no como un error de agenda, sino como una falta de respeto a la institucionalidad: somos los intendentes la "primera ventanilla" a la que el ciudadano golpea cuando el hambre aprieta o la salud falta. Ignorar al Foro es, en última instancia, ignorar el grito de auxilio de miles de salteños que no pueden esperar a que la macroeconomía se acomode mientras su realidad cotidiana se desmorona.

Refutar la posición libertaria no es una cuestión de ideología, sino de supervivencia institucional. El "relato" oficialista "no hay plata", se desmorona cuando se observa que los recursos que los salteños tributan en cada surtidor de combustible quedan "congelados" en el Tesoro Nacional, mientras nuestras rutas nacionales se transforman en "rutas de la muerte" por falta de mantenimiento y la realización de obras hídricas, vitales para prevenir inundaciones, permanecen paralizadas. Los intendentes ya han realizado el ajuste: se han reducido plantas políticas y se han eliminado gastos superfluos. Pero lo que hoy se pide desde la Casa Rosada no es eficiencia, es la desaparición de la gestión territorial.

El "faltazo" de los legisladores oficialistas es un síntoma de una desconexión alarmante. No se puede representar a una provincia si no se escucha a su pueblo. Mientras ellos eligen la comodidad del posteo o el despacho en Buenos Aires, los intendentes deben lidiar con la caída del programa Remediar, la quita de subsidios al transporte y una demanda social que toca sus puertas todas las mañanas porque es la "primera ventanilla" del Estado.

Gobernar por algoritmo es sencillo. Gestionar la crisis de una madre que no tiene para el boleto o de un productor que no puede sacar su cosecha por caminos intransitables, es otra historia. El desplante del viernes 17 no fue solo a los intendentes, fue un ninguneo a la institucionalidad de Salta. Los municipos también son Argentina y su agonía financiera no es un éxito macroeconómico, es un fracaso social que, tarde o temprano, la realidad terminará por cobrar. Es hora de que los representantes nacionales dejen de mirar sus teléfonos y empiecen a mirar a los ojos a quienes habitan el suelo que dicen representar.