04 08 aguiarNatalia Aguiar

Resulta paradójico que un presidente que se define libertario, y esa sea su carta de presentación ante el mundo, sea tan irrespetuoso con la prensa, con la libertad de expresión, contra los periodistas, contra todo aquel dispuesto a informar. Finalmente, Javier Milei, resulta ser más fiel a la casta que cuestiona, que la casta misma. A la casta no le gusta la prensa libre, la detesta, al igual que Milei.

Milei prometió libertades a los cuatro vientos, prometió la motosierra contra los corruptos y abusivos del poder, pero su Gobierno termina siendo aún peor que aquellos que criticó, cuestionó y a los que vino a derrocar, porque termina permitiendo que se haga todo lo contrario por lo que fue elegido por el voto popular.

Javier Milei defraudó a su electorado, los estafó. De repente los libertarios obtienen créditos millonarios del Banco Nación, a los que ningún argentino de a pie podría haber accedido jamás, sin los permitidos y beneficios que se otorgan entre los libertarios corruptos.

No se confundan, también hay libertarios corruptos, y los hechos los definen por sí. Ahora bien, si los libertarios que lo acompañan y vinieron a cambiar el modelo, no lo cambian y justifican estos actos de corruptela como el caso $Libra y los abusos desde la Dirección de Discapacidad o los excesos y supuestos enriquecimientos ilícitos de Manuel Adorni y su mujer, serán cómplices y en otras ocasiones, culpables, de este despilfarro libertario.

Nos dice el periodista Joaquín Morales Solá que “Resulta imposible imaginar a un liberal (él se define como un liberal-libertario) desconociendo la importancia que la prensa libre tiene en un sistema democrático. ¿Qué significa el eslogan ‘Viva la libertad, carajo’ cuando no se respeta la libertad del periodismo? Solo un eslogan, presuntuoso y vacío. Nada más”.

Exacto, “Nada más”, porque Milei resultó ser peor de corrupto que Cristina Kirchner, a quien él tanto despotrica y rechaza, aunque la imita bajo el velo de la transparencia. Ese velo se corrió y ya la gente sabe que Javier Milei no vino a cambiar nada, vino a hacer más de lo mismo, vino a congraciarse y a copiar a la casta política con un discurso bestialmente falso. Una mentira.

“No odiamos lo suficiente a los periodistas” es una frase repetida y extraña, porque Milei es un producto de dos factores: del fracaso de todo lo anterior y del periodismo, sobre todo del audiovisual, que lo convirtió en una figura popular cuando no era nadie. Odiar es una emoción que no puede albergar ninguna persona con cierta sensibilidad política y moral. “Se puede estar en desacuerdo o se puede sentir antipatía por una persona o por un grupo de personas, pero odiar a una comunidad humana solo por lo que es, significa el triunfo del fanatismo y el delirio”, concluye Morales Solá en La Nación.

Milei ha llegado al poder como producto de gobiernos anteriores que sólo pensaron en sus bolsillos, y gracias a la prensa que le ha dado lugar a sus comentarios y su personalidad. Hoy todo eso es un fiasco, una mentira, una mera ilusión de cambio. El tema es que Milei defraudó a sus votantes y a los argentinos.

Como a todo autoritario, tirano y controlador, detesta la libertad de expresión, porque la prensa libre lo expone, lo muestra tal cual es.

Ha llegado al poder de la mano del periodismo que le ha dado la oportunidad de mostrarse y ofrecer una salida a décadas de desidia y corrupción mayúscula, pero ahora sentado en el sillón de Rivadavia, hace todo lo que antes cuestionaba.

Milei es peor que todo lo anterior porque prometió y no cumplió, no sólo eso, sigue estafando a la gente con mentiras, gritos y acusaciones a la prensa.

En los días de Semana Santa, no pudo con su genio y atacó al periodismo en una de las fechas más importantes para los religiosos del mundo, católicos y judíos. Utilizó su tiempo digital para difamar periodistas. Llamó a Laura Di Marco “roñosa operadora”, y ningún libertario como Patricia Bullrich, Alejandro Fargosi, o Silvana Giudicem salieron a defender a la periodista y a la prensa. Ese silencio es cómplice, es como si el agravio lo hubieran cometido ellos.

No callemos, opinemos diferente, no permitamos los exabruptos de un presidente que ya se queda sin tela para cortar, porque se le acabaron los discursos, la gente necesita respuestas, comer, educar a sus hijos, estudiar, vivir con dignidad. Al atacar a la prensa, Milei muestra sus inseguridades y su falta de proyectos para este bendito país. Se muestra tal cual es, un déspota desprovisto de estrategias. Una gran mentira.