01 26 amesur2Carlos Bertini

Las últimas declaraciones y acciones de E.E.U.U., acerca que el hemisferio norte y las Américas les pertenecen, nos evita el fatigado análisis de la situación internacional. Esta política de Donald Trump compromete no solo a su gobierno sino también al pueblo de E.E.U.U., en la comprensión que se trata de una epopeya de carácter antropológico, de una visión del hombre, la creación, su origen y su destino.

El desarrollo del capitalismo de post guerra tiene la impronta anglosajona que supone que los bienes materiales son el objeto de la vida y su posesión la razón de su existencia: sos lo que tenés.

Naturalmente acompañaron esta idea con la instalación de una cultura acorde a sus objetivos: colonizar la consciencia de los pueblos para que sean partícipes y constructores de ésta nueva civilización. Para ello la globalización se transformó en la herramienta más eficaz, primero con los cipayos y entreguistas conocidos y con los pobres, despojados de principios y valores, aspirantes a ricos. La profundización de esa medida hoy transita su ciclo más duro: concentración de la riqueza y la decadencia ética y moral de los pueblos.
Nos transformamos en los depredadores de la vida y cultores de la muerte. Atacamos la naturaleza para satisfacer a los ricos y si fuera necesario matamos para conseguirlo.

Sin embargo en la década de los 50 nacían en América Central y del Sur movimientos que se resistían a la dominación imperial, fueron destituidos cruelmente, asesinatos, golpes de estados, torturas y repitiendo el pasado cercano secuestros de presidentes desde su propio país, actos inimaginables.

El justicialismo nace en esa lucha, encarna los sentimientos más profundos del hombre, la Patria Grande, de San Martín y Bolívar, sobrevive como un modelo ideológico, doctrinario y político, contrapunto del modelo imperial. No en vano es el enemigo a destruir, como advirtieron Churchill y Kissinger. El justicialismo fue capaz de volver después del exilio y proponer una alternativa para Centro y Sur América. Hoy la tarea es volver a darle al pueblo el alma que le han robado. Reconozcamos al verdadero enemigo, abandonemos el ejercicio de fagocitarnos entre nosotros.

Nuestro adversario es la conjura internacional que Perón denominó la Sinarquía Internacional, es hora de ir por ello. Ese debe ser el compromiso y ese será el espejo que refleje nuestras acciones. No hay lugar para autodidactas que eligen caminos y alternativas cortas, de enredos con las que se esconden sus miserias. La idea del Justicialismo es la única posibilidad frente al caos materialista que arrastra al mundo a la destrucción o por el hambre, o la guerra.