01 03 hesslingFranco Hessling Herrera

Terminó un año auspicioso para el Gobierno y la oposición parece tierra arrasada. Pero el vértigo de la política podría consolidar rivales dignos raudamente y, en ese caso, habrá que ver cuántos de los indecisos se mantendrían cautivos por el proyecto libertario. 

Puede haber fisuras internas, tensiones por los cargos y las reparticiones, incluso vanidades que azotan el, digamos, proyecto colectivo del gobierno libertario. Puede que las elecciones provinciales de Buenos Aires hayan puesto en primer orden esas flaquezas. Puede que haya habido cierto escepticismo con el gobierno de los Milei cuando se supo que negociaban abierta y subrepticiamente con la casta para comprar votos en el Congreso, extorsionar gobernadores con ATN y presionar a la Justicia y a las centrales gremiales con dádivas y privilegios, que finalmente terminan respetando para hacer prosperar proyectos y reformas que no modifican, al contrario, solidifican el statu-quo de la casta.

Puede que se haya manchado las enunciaciones impolutas al conocerse el protagonismo e impulso de la duocracia de hermanos con la criptoestafa $Libra y los retornos en la Agencia de Discapacidad -el famoso 3% de Karina-, entre varias otras cosas que llegaron también al PAMI y al ANSES. Puede que los dichos homofóbicos, racistas, sionistas y supremacistas -por ejemplo, contra un púber autista, llamada Ian Moche- hayan horadado el clamor popular por el gatito mimoso. 

El año 2025 ha sido políticamente favorable para La Libertad Avanza (LLA), y quien lo niegue peca de fanático detractor. De hecho, si se apresuran prognosis no sería descabellado a estas alturas suponer que las chances de una reelección o continuidad libertaria en 2027 son mayores que las que habían al cerrar el 2024. Ahora hay un Congreso más favorable en cantidades y afinidades con el oficialismo, un gabinete que ha prescindido de las medias tintas y cada vez está más copado por los libertarios puros o radicalizados, un PRO absorbido casi por completo y una oposición peronista que más parece fratricida que dedicada a pergeñar una alternativa de poder. A ello habría que sumar que las variantes por izquierda tampoco se reúnen por completo y que el tono de época ha puesto de moda una tendencia de la Guerra Fría que parecía ya zanjada, el macartismo. 

Imaginemos un escenario que interrumpa esa proyección, con una oposición potente al oficialismo -no digamos si peronista, de izquierda, con una centro derecha moderada o con una concertación de todas o algunas de esas variantes-. ¿Qué tan sostenible sería en ese caso las proyecciones de que LLA va camino a una reelección sin sobresaltos? Una cosa parece segura al respecto, que la mayor parte de la población que acompaña con el voto a LLA no lo hace por plena convicción en su programa de gobierno, ni por confianza en sus dirigentes, lo hacen fundamentalmente por otros dos sentidos. Uno muy conocido, el rechazo al antagónico, en este caso al peronismo/kirchnerismo, y el otro menos explotado y reconocido por la oposición, la esperanza. 

Lo nuevo, por tratarse de algo pretendidamente desconocido, a menudo reaviva las esperanzas de vivir mejor, de estabilizar lo turbulento, de volver justo lo inequitativo y, en estos tiempos en particular, de que se puede tener más haciendo menos -una filosofía muy propia del capitalismo, del facilismo y de la meritocracia del dinero, que poco valora los mérito y mucho estima los dividendos, bien o mal habidos-. La esperanza en política es más parecida al enamoramiento que al amor, es decir, es más volátil y fugaz que ese otro sentir de rechazo al antagonista, más arraigado. Sin embargo, igual que el enamoramiento, la esperanza es más potente que el amor, que el odio, que el rechazo o que la admiración. 

En un escenario con una oposición más consolidada, el primer reacomodamiento de humores y preferencias electorales se daría por los sentimientos enraizados, como el rechazo/odio al antagonista. Un barómetro que ha venido caracterizando la política argentina por lo menos desde la irrupción del yrigoyenismo. El repudio y la aprensión al otro es más fuerte que la convicción propia. Pero, en segundo lugar, la esperanza entraría en disputa y es la que suele declinar la balanza para uno u otro lado, porque es la que define a los menos politizados, fanatizados y convencidos, es la que interpela a los indecisos. 

Puesta en disputa la esperanza, con una oposición con mayor capacidad de movilización y disputa, al gobierno le quedan algunas banderas económicas que esgrimir porque, como se ha visto, lo anticasta y anticorrupción ya se ha desmembrado hasta para los más apáticos de la política. Ya nadie, ni siquiera los tiktokers, pueden creer seriamente en ninguna de esas consignas de la LLA. Son igual de casta, peor de corruptos y repetitivos en los métodos clásicos del abuso de poder y la arbitrariedad. Lo que queda en pie, entonces, principalmente y casi únicamente, es la macroeconomía. Para ser más exactos, la aparente domesticación de la inflación minorista, los famosos precios al consumidor.       

En esa línea, las novedades y proyecciones para el gobierno no son nada alentadoras. A las voces expertas y ortodoxas que desconfían del programa económico se suma un presupuesto que estima destinar la mitad de lo recaudado por IVA a pagar deuda. Es decir, no habrá margen para las reformas tributarias prometidas y más ajuste suena a intolerable cuanto se priorice “honrar” las deudas que Caputo tomó irresponsablemente, ahora y en el gobierno de Cambiemos, por sobre las condiciones de vida de la población. Para colmo, el gobierno tuvo que reconocer que llevará el dólar a una banda más alta y que la mecánica del traslado de precios -pass through- afectará la inflación, eso empujará el dólar al techo de la banda y así hasta que se vea si hay o no más salvatajes del gobierno y las instituciones financieras norteamericanas. Dada la sobreideologización del Gobierno, no contemos con apoyos chinos, rusos ni de la Europa moderada que reivindica lo público. La esperanza en el autoproclamado “mejor gobierno de la historia”, así, podría evaporarse rápidamente.