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Daniel Romero, secretario de prensa de la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines, en su diálogo con Punto Uno, cuestionó el poder de las grandes bodegas, alertó por los bajos precios que reciben los pequeños productores y aseguró que los salarios del sector están entre los más bajos del país.

¿La vitivinicultura está atravesando una crisis por la caída de las exportaciones y del consumo?
- Hay que mirar los períodos que se toman para hacer esos informes. Durante el invierno, las exportaciones suelen bajar por las condiciones climáticas y el cierre de los pasos fronterizos hacia Chile, por donde sale buena parte de la producción.
Este invierno fue más complicado, pero, si tomamos el último informe mensual del Instituto Nacional de Vitivinicultura, vemos un crecimiento de la actividad. El consumo interno sí cayó en años anteriores, aunque este año se mantuvo. Está difícil, pero desde la Federación no creemos que haya una crisis tan fuerte como se dice.

Sin embargo, ustedes ya advierten una reducción de personal. ¿Qué está pasando en las bodegas?
- La reducción de personal se está dando en distintos lugares. Lo que vemos es que la actividad se está concentrando cada vez más en pocas empresas, en tres o cuatro bodegas que manejan una parte importante del negocio. El problema es que mientras algunas grandes bodegas trabajan las 24 horas, hay pequeños productores que no pueden sostenerse con lo que reciben por su producción.

¿Dónde se nota más esa desigualdad?
- En el precio que se paga por la uva. Tenemos productores chicos, de 20, 30 o 40 hectáreas, que no pueden sobrevivir con esos valores. Se está pagando muy poco al viñatero, mientras el vino se vende a otros precios. Esa diferencia termina perjudicando al productor más pequeño.

¿Esto ocurre solamente en Mendoza o también en otras provincias vitivinícolas, como Salta?
- En todas las provincias donde crece la actividad aparece una finca o una bodega de las grandes empresas. La vitivinicultura se ha expandido y hoy hay producción en Salta, Jujuy, Tucumán, la Patagonia y otras regiones. Pero el problema se repite: el más grande termina absorbiendo al más chico.

¿Qué puede pasar con los pequeños productores que ya no pueden sostener sus viñedos?
- Van a terminar desapareciendo. Ya está pasando. Con los precios que reciben por la uva, muchos no pueden continuar y la tendencia es que terminen vendiendo sus viñas a empresas más grandes. Es una situación preocupante porque se pierde al pequeño productor y se concentra cada vez más la actividad.

¿La apertura de importaciones y los cambios en las regulaciones pueden agravar el panorama?
- Es algo muy reciente y todavía estamos viendo cómo evoluciona. Con los cambios en el Instituto Nacional de Vitivinicultura, cada bodega va a depender mucho de la calidad del vino que produzca para competir en el mercado internacional.
También hay que tener en cuenta que, si el consumo interno está bajo, no alcanza con pensar solamente en exportar. Estamos atentos a lo que pueda pasar con la próxima cosecha y con las nuevas condiciones de la actividad.

¿Cómo repercute este escenario en los trabajadores?
- Hemos notado que creció mucho la tercerización. Además, encontramos casos en los que las propias empresas grandes tienen vinculadas a las tercerizadoras que contratan personal. Es un tema que nos preocupa porque hay trabajadores que quedan más expuestos y con menos estabilidad. También hay trabajadores temporarios a los que no siempre se convoca, aunque las tareas se terminan haciendo de todas maneras.

¿La desregulación laboral puede profundizar esa situación?
- Estamos estudiando los cambios a medida que se conocen. Es todo muy nuevo y tenemos que evaluar cómo impacta en los trabajadores.