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Fernando Galván

La provincia todavía tiene una población joven, pero cada vez nacen menos chicos y aumenta el peso de los adultos mayores. El proceso es lento, aunque ya plantea preguntas sobre las escuelas, la salud, las viviendas y el trabajo.

El Censo 2022 registró 1.441.351 habitantes y una edad media de 29 años. También contabilizó 36 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15.
Pero la tendencia es clara. Hay menos nacimientos y las personas viven más años. Las dos cosas, juntas, van modificando de a poco la composición de la población.
En el país, la caída de los nacimientos fue muy marcada. En 2015 nacieron 770.040 niños. En 2024 fueron 413.135. Es una baja de más del 46% en nueve años.
El INDEC ya proyectó cómo podría distribuirse la población por edad y sexo hasta 2040. Esos datos permiten tener una idea de lo que viene y, sobre todo, de qué áreas pueden sentir antes el cambio.
La baja de los nacimientos llegará a las aulas. Con el paso de los años habrá menos niños en edad escolar y algunas localidades pueden sentirlo antes que otras.
Al mismo tiempo, habrá más personas que trabajen durante más años o que necesiten capacitarse después de los 40 o 50. La formación ya no quedará necesariamente concentrada en la primera parte de la vida laboral.

Una población que vivirá más
El sistema de salud también tendrá que atender una demanda diferente. Una población más longeva implica más controles, tratamientos de enfermedades crónicas, rehabilitación y atención de largo plazo.
En Salta hay, además, una cuestión difícil de esquivar: las distancias. Las necesidades de una persona mayor que vive en la Capital no son las mismas que las de alguien que vive en un pueblo alejado. La atención primaria y la atención domiciliaria pueden tener un papel cada vez más importante.
Los hogares también pueden cambiar. Con menos hijos, las familias tienden a ser más pequeñas y es posible que aumenten los casos en los que convivan varias generaciones adultas.
Eso puede hacer más buscadas las viviendas que puedan adaptarse con facilidad: menos escaleras, baños accesibles y ambientes que puedan modificarse con el tiempo.
Algo parecido ocurre con las ciudades. Una vereda rota, un cruce peligroso o una parada de colectivo difícil de usar son problemas para una persona mayor, pero también para alguien que lleva un cochecito o tiene una discapacidad.
La cuestión previsional es otra de las discusiones que aparece cuando cambia la estructura de edades. Si hay menos jóvenes entrando al mercado laboral y más personas que pasan más años jubiladas, cambia la relación entre trabajadores y jubilados. Ahí entran en juego los aportes, el empleo, la edad de retiro y también la posibilidad de que algunas personas quieran seguir trabajando después de jubilarse.
Salta todavía tiene una población joven. Pero los datos muestran que esa característica va a ir perdiendo peso. No es un cambio que vaya a ocurrir de un día para otro. Justamente por eso, hay margen para tomar decisiones antes de que sus efectos sean mucho más visibles.