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Realizado por G. Usandivaras en 1949, volvió al Aeropuerto Internacional de Salta después de permanecer casi dos años bajo cuidado y restauración. La pintura fue intervenida para recuperar su aspecto y, sobre todo, para garantizar su conservación.

El cuadro es un óleo sobre tela y cartón prensado de 2,03 por 1,81 metros. Tiene una historia particular: fue donado al aeropuerto en 1949 por el entonces gobernador salteño, Emilio Espelta, y desde entonces acompañó buena parte de la vida cotidiana de la terminal aérea.

Miles de personas pasaron frente a esa imagen a lo largo de las décadas. Con el tiempo, como ocurre con cualquier obra expuesta durante tantos años, aparecieron manchas, suciedad, deformaciones y otros signos de deterioro que hicieron necesaria una intervención profesional.

En agosto de 2024, el retrato fue trasladado al taller del Programa de Conservación y Restauración de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural. La salida del cuadro coincidió con las obras de remodelación del aeropuerto, lo que permitió trabajar sobre la pieza mientras se renovaban las instalaciones.

La restauración estuvo a cargo de Gabriela Doña, directora del programa, junto con la arquitecta María Inés Zoricich y el técnico Gustavo Arias. El equipo trabajó sobre distintos aspectos de la obra: se realizó una limpieza profunda, se retiraron manchas, se consolidó la capa pictórica y se corrigieron deformaciones del soporte.

También hubo reintegración pictórica en las zonas que lo necesitaban. En este tipo de trabajos, la intención no es transformar una pintura antigua en una obra nueva, sino recuperar su lectura y detener los procesos que pueden seguir dañándola.

Después de todo ese trabajo, el retrato volvió al aeropuerto. Y no lo hizo en cualquier lugar: regresa a una terminal que lleva justamente el nombre de Martín Miguel de Güemes y que recibe todos los días a quienes llegan a Salta.

Mientras los pasajeros entran y salen, mientras se anuncian vuelos y se mueven valijas por los pasillos, Güemes vuelve a mirar desde una de las paredes de la principal puerta aérea de la provincia.

La pintura ya tiene más de siete décadas. Su valor no está solamente en quién aparece retratado. También está en todo lo que ocurrió alrededor de ella durante estos años y en la cantidad de salteños y visitantes que la tuvieron delante, quizás sin detenerse demasiado a pensar en su historia.

Ahora vuelve a estar a la vista, restaurada y preparada para seguir formando parte del paisaje hermoso que tenemos.