Cada 1° de agosto, miles de familias salteñas renuevan una de las tradiciones más profundas del norte argentino: el homenaje a la Pachamama, la Madre Tierra. La ceremonia, heredada de los pueblos originarios andinos, es una forma de agradecer por los frutos recibidos, pedir protección para el nuevo ciclo y fortalecer el vínculo entre las personas y la naturaleza.
En Salta, la fecha se vive tanto en comunidades de la Puna como en ciudades y pueblos del Valle de Lerma, donde los rituales se transmiten de generación en generación y hoy también son adoptados por personas que encuentran en ellos un momento de reflexión y conexión con la tierra.
El sahumerio: limpiar para comenzar un nuevo ciclo
Uno de los rituales más extendidos es el sahumado de casas, comercios y lugares de trabajo. La tradición sostiene que el humo ayuda a alejar las malas energías, purificar los ambientes y atraer prosperidad.
Los sahumerios suelen elaborarse con plantas aromáticas y medicinales propias de la región, entre ellas:
Romero.
Ruda.
Muña muña.
Copal o incienso.
Lavanda.
Jarilla.
Salvia.
Palo santo (utilizado con moderación y proveniente de fuentes autorizadas).
Mientras el humo recorre cada rincón del hogar, muchas familias acompañan el ritual con palabras de agradecimiento y buenos deseos para el año que comienza según el calendario agrícola andino.
La caña con ruda, un clásico del 1° de agosto
Otra de las costumbres más populares consiste en beber caña con ruda en ayunas durante la mañana del 1° de agosto.
Según la tradición popular, esta preparación ayuda a alejar los males del invierno, atraer salud, fortuna y proteger a quienes la consumen durante el resto del año.
Algunas personas toman tres sorbos, otras siete, y también están quienes beben un solo trago, dependiendo de la costumbre familiar.
Alimentar a la Madre Tierra
El acto central de la ceremonia consiste en abrir un pequeño pozo en la tierra —la "corpachada"— para ofrecer alimentos y bebidas como símbolo de gratitud.
Entre las ofrendas más habituales se encuentran:
Maíz.
Hojas de coca.
Chicha.
Vino.
Frutas.
Pan.
Comidas regionales.
Agua.
Antes de depositar cada elemento, es habitual pronunciar palabras de agradecimiento por el trabajo, la salud, la familia y las cosechas, además de pedir prosperidad para el ciclo que comienza.
Una celebración que trasciende generaciones
Aunque la ceremonia tiene raíces ancestrales, cada vez más jóvenes participan de los rituales y muchas instituciones, escuelas y organizaciones realizan homenajes durante todo agosto.
En Salta, especialmente en localidades de la Puna como San Antonio de los Cobres, Tolar Grande, Santa Rosa de los Pastos Grandes y otras comunidades andinas, la celebración mantiene un profundo sentido espiritual y comunitario.
Más que una costumbre, el Día de la Pachamama invita a detenerse, agradecer y recordar que la tierra no solo brinda alimento y recursos, sino que también forma parte de la identidad cultural de quienes habitan el norte argentino.
