A más de 3.500 metros de altitud, el paisaje imponente de la Quebrada del Toro sirvió como marco para una jornada donde la identidad andina y el diseño contemporáneo fusionaron sus caminos.
La comunidad de Santa Rosa de Tastil albergó la iniciativa «Raíces de Altura: Donde la fibra se vuelve herencia y el estilo tradición», un encuentro que busco revalorizar las técnicas textiles ancestrales y potenciar la economía creativa de los artesanos locales mediante un desfile.
La propuesta cobró vida gracias al impulso de la Fundación La Bailarina de Tastil, con el acompañamiento de la Secretaría de Cultura de la Provincia mediante el Programa de Desarrollo Artesanal, junto al Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM). A esta sinergia institucional se sumaron la Coordinación de Educación Intercultural Bilingüe, los centros de artesanos de Alfarcito y Santa Rosa de Tastil, tejedores independientes de la quebrada, emprendedores de Reactiva Quijano y las diseñadoras Flor Silvestre, Luisa Peloc, Patricia Vilte y la participación especial de Andrea Salvatierra.
Innovación con materia prima
Más allá del desfile de prendas y accesorios, la jornada combinó exhibición con talleres de formación integral. En ese contexto, la diseñadora y docente Luisa Peloc presentó su propuesta Victoria, caracterizada por el empleo exclusivo de insumos autóctonos y el trabajo en red.
“Todo surge por la necesidad de compartir nuestro trabajo, visibilizar y pulsar el trabajo local”, explicó Peloc a Punto Uno respecto al origen de su participación. Sobre las piezas exhibidas, detalló que la línea incluye marroquinería en “cuero de cabra, cuero de oveja, cuero de vaca. La idea es pulsar todo lo que es la materia prima local”.
Un rasgo distintivo del proyecto radica en su enfoque social. La joven dicta talleres en formulación de proyectos, gestión contable y administración de negocios orientados a pequeños productores. Durante el evento, esa transferencia de conocimientos derivó en una pasarela donde los propios creadores mostraron sus piezas al público presente.
“Fue épico para mí”, expresó la diseñadora al describir la vivencia en las alturas salteñas. “Esa propuesta es la que se pudo ver, de que los mismos artesanos pasen y desfilen con lo que acaban de producir”.
Patrimonio y herencia
Estas mujeres herederas de saberes ancestrales marcaron un hito en la Quebrada del Toro. A través de la primera edición de «Raíces de Altura», las tejedoras y bordadoras de la región convirtieron la fibra de oveja y llama, las tinturas extraídas de semillas naturales y las técnicas milenarias en piezas de diseño pensadas para integrarse al vestuario urbano cotidiano.
El encuentro no solo funcionó como vitrina de diseño, sino como un espacio de transmisión cultural. Santo Coria, vecina referente de la zona, guio a los visitantes durante cada etapa del trabajo textil: desde el esquilado y la obtención de la lana, pasando por el ovillado y el teñido natural, hasta llegar a la trama del tejido.
Una pasarela a cielo abierto
A diferencia de los eventos de moda tradicionales, la organización optó por un entorno integrado al paisaje andino. La pasarela se desplegó a lo largo de la única calle de Santa Rosa de Tastil, demarcada con piedras autóctonas en alusión al tramo del Qhapaq Ñan.
El aspecto disruptivo del evento residió en sus protagonistas: las propias artesanas y jóvenes de tres comunidades vecinas asumieron el rol de modelos para exhibir sus creaciones, acompañadas por la experiencia de la organizadora Patricia Vilte y de madas diseñadoras presentes.
“Ha sido un hecho histórico y un gran desafío, porque lo que se vio en pasarela fue lucido por chicas de la Quebrada, que no son modelos. Estuvimos un par de días preparándolas, ayudándolas a que se sientan seguras, que puedan disfrutar también de esta experiencia y a lucir las prendas”, destacó Vilte al evaluar la jornada.
“No es lo mismo ver una prenda en una percha colgada o verla puesta en una mesa, a verla en movimiento, cómo calza en el cuerpo, cómo luce, cómo se puede combinar”, agregó la organizadora respecto al impacto directo en la comercialización de los productos.
Alta costura con impronta territorial
La preparación de esta muestra demandó meses de trabajo conjunto. La iniciativa cobró fuerza tras la convocatoria del área de Cultura provincial para sumar trayectoria y diseño técnico a los conocimientos del territorio. En ese marco, la propuesta textil combinó la confección tradicional con la sastrería fina, incorporando piezas clave como el barracán y accesorios elaborados a partir de materiales autóctonos.
“Presenté prendas de barracán, donde aplico la moldería con detalles de botones de hueso, de asta, de madera esmaltada, todos forrados con satén, es alta costura artesanal”, detalló Vilte sobre el desarrollo de la colección.
El broche de oro llegó con una línea de alta costura artística orientada a vestidos de novia. Para estas piezas, la diseñadora fusionó telas convencionales con fieltro obtenido mediante el amasado manual de vellón de oveja. Incluso los arreglos florales mantuvieron una coherencia estricta con la vegetación puneña. “Al último presenté vestidos de novia, que serían lo que se llaman diseños artísticos de pasarela, donde mezclé telas de vestidos de novia con el vellón de oveja amasado a mano y convertido en tela, que es lo que se llama fieltro”, explicó la realizadora. A su vez, remarcó la búsqueda de autenticidad en cada detalle: “Ayer me fui a buscar cortadera y suncho y le puse flores de vellón amasado también, o sea, todo con la impronta del lugar. La propia gente, el material, el lugar, todo”.
