07 29 jovicsEn diálogo con Punto Uno, el padre Máximo Jurcinovic, director de la Oficina de Comunicación y Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina, llamó a recuperar el diálogo frente a la polarización.

¿Qué buscó la Jornada Patria por la Cultura del Encuentro?

-Fue una actividad de la Pastoral Social de la Región Buenos Aires, con sectores sociales, sindicales, universitarios, empresariales y políticos. La convocatoria partió de la lectura de Magnifica Humanitas y de sus desafíos sobre desarrollo humano, trabajo y tecnología. El objetivo fue poner a la persona en el centro y recuperar una práctica que la Iglesia viene proponiendo desde Francisco: el diálogo común entre sectores distintos.

¿La cultura del encuentro es solo sentarse a hablar?

-Hablar no es el único objetivo, pero en la Argentina ya es un paso muy grande. Se necesitan ámbitos donde los distintos actores sociales puedan sentarse en la misma mesa, dialogar sobre los temas importantes y escucharse. Después, ese diálogo tiene que impactar en la vida, en el bien común y en la posibilidad de pensar políticas públicas. En una sociedad fragmentada y acostumbrada a buscar cada uno su sesgo de confirmación, compartir una charla, participar de un debate y trabajar en grupos es algo necesario para el ejercicio político.

Para la Iglesia, además, hay un punto central: los más pobres, los más postergados y los más vulnerables tienen que estar en el centro de la reflexión.

¿Qué responde frente a quienes cuestionan la asistencia de la Iglesia?

-Hay que ir a ver lo que hace la Iglesia en el territorio. Está presente en toda la Argentina con ayuda alimentaria, social, educativa y con acompañamiento a personas que sufren adicciones. También lo hacen iglesias evangélicas y otros cultos. Cuando uno ve cómo se devuelve dignidad a través de un plato de comida, de una cama o de la posibilidad de acceder a documentación, se termina la discusión ideológica. La realidad es mucho más grande que las ideas, y para la Iglesia la realidad es lo que hay que acompañar.

¿Cómo se desarma la agresividad política?

-Hay que hacer la opción por la paz, la no violencia y el buen trato. El Papa León XIV habló desde el inicio de desarmar las palabras de agresividad, y ese compromiso vale para todos los niveles de dirigencia: la política, la eclesial, la empresarial, los medios de comunicación, las familias, la calle, el fútbol y todos los ámbitos de la vida cotidiana. No se trata de evitar discusiones profundas, sino de sostenerlas con cordialidad.

¿Qué necesita la dirigencia argentina?

-Necesita capacidad de dialogar con lo distinto. La Pastoral Social busca justamente articular ese diálogo. Pero también hace falta empatizar con el dolor del otro. Una sociedad muestra su rostro en cómo trata a los más vulnerables: cómo trata a sus mayores, cómo trata a los pobres, cómo trata a quienes más necesitan acompañamiento. Ahí aparece la necesidad de seguir caminando hacia una cara distinta de la patria.

¿Qué plantea Magnifica Humanitas frente a la tecnología?

-El mensaje central es poner a la persona en el centro del desarrollo tecnológico. La encíclica no condena la tecnología ni la presenta como solución para todo. Advierte que no hay que absolutizarla ni perder de vista que puede profundizar la inequidad social, porque no todos tienen las mismas oportunidades en ese mundo. También plantea la necesidad de regular, acompañar ese crecimiento y dialogar con las grandes empresas que están detrás del algoritmo.

¿Por qué León XIV pone este tema en el centro?

-Porque la inteligencia artificial ya era una preocupación dentro de la Iglesia y porque hoy el diálogo con el mundo pasa por esa discusión. Además, estas herramientas impactan en la paz y en el trabajo: las guerras, los conflictos bélicos y la carrera armamentista están atravesados por el desarrollo tecnológico. Si el inicio del pontificado de León XIV está marcado por un fuerte compromiso con la paz, era esperable que hablara de tecnología, humanidad y guerra.