07 28 modatastilImpactada por la autenticidad y el valor único de las prendas andinas, Andrea Salvatierra, Miss Washington Elite 2026, convirtió su paso por Tastil en una misión personal. La modelo salteña proyecta difundir el talento de las bordadoras y tejedoras locales en los eventos de alta costura internacionales para que el mundo descubra el verdadero arte textil salteño.

El viento helado de la Quebrada del Toro parece detenerse un instante cuando el color, la historia y la memoria textil toman la calle principal de Santa Rosa de Tastil. A más de 3100 metros sobre el nivel del mar, allí donde el suelo de piedra y el cielo infinito dictan el ritmo de la vida, se celebró la primera edición de “Raíces de Altura: La pasarela de los artesanos”.

El encuentro no fue únicamente un desfile de modas: representó un acto de reafirmación cultural, una vitrina donde las hilanderas, bordadoras y tejedoras de la puna salteña reclamaron el lugar que sus creaciones siempre merecieron en el diseño contemporáneo.

Durante el fin de semana, Santa Rosa de Tastil se transformó en la capital del fashionismo regional. La propuesta reunió a tejedores independientes de la quebrada, emprendedores del programa Reactiva Quijano y a reconocidas diseñadoras locales como Flor Silvestre, Luisa Peloc y Patricia Vilte. Sin embargo, la gran particularidad de esta pasarela fue su vocación inclusiva e internacional: las manos artesanas se multiplicaron, reuniendo saberes ancestrales de diversos rincones de la provincia para demostrar que la indumentaria andina posee una sofisticación capaz de conmover a cualquier público del mundo.

 

Puente

Entre la calidez de la comunidad y la majestuosidad del paisaje destacado por el Qhapaq Ñan, la cita contó con una presencia muy especial: Andrea Salvatierra, consagrada Miss Washington Elite 2026. Radicada desde hace 23 años en los Estados Unidos, donde ejerce como docente, modelo y productora fotográfica, la salteña se encontraba en su tierra natal de visita familiar y disfrutando de la euforia mundialista cuando la invitación al evento llegó a sus manos.

"Yo allá soy maestra y también hago desfiles de pasarela. Me dijeron que había un desfile en Santa Rosa de Tastil, un lugar que no conocía, y dije: quiero ir. Quiero conocer a las diseñadoras, saber cómo es el trabajo de este lado porque no siempre estoy en la capital. Fue una idea maravillosa venir a lucir sus atuendos," relató Salvatierra a Punto Uno con emoción.

Para la modelo, el contacto con las texturas originarias fue un descubrimiento transformador. Acostumbrada a los circuitos de alta costura y telas industriales, desfilar luciendo piezas confeccionadas con lana de llama y oveja en estado puro —procesadas y tejidas a mano sin intervención química— significó una reconexión profunda con su propia identidad. "Nunca había trabajado con este tipo de material natural. Me sentí sumamente orgullosa de ponérmelo para que los artesanos sintieran el gozo de ver sus prendas lucirse en una pasarela internacional," afirmó.

 

La identidad como bandera

Uno de los aspectos más conmovedores de "Raíces de Altura" fue romper con el esquema tradicional de la industria de la moda, donde la vestimenta se traslada a las grandes capitales descontextualizando a sus creadores. En Tastil, los propios artesanos caminaron la pasarela improvisada sobre el empedrado de la calle principal, compartiendo el protagonismo con las modelos y luciendo las prendas que ellos mismos hilaron a lo largo de meses de trabajo.

Salvatierra destacó esta decisión conceptual como un acierto que debería replicarse globalmente: "A mí me encantó porque un diseñador tiene que lucir su atuendo, mostrarlo con orgullo al mundo entero. Hay que promover que no solo existen diseñadores de alta costura convencionales; tenemos artesanos que son verdaderos diseñadores. Cada atuendo es distinto, no existe una copia, cada diseño es único e irrepetible."

A pesar de las condiciones extremas de la altura y la singularidad de la pista de piedras, la representante salteña en el exterior transitó el desfile con soltura y naturalidad. "La altura me trató todo bien, 3500 metros y no pasó nada. Yo nací acá y llevo esta sangre. Que la pasarela fuera en la única calle de piedra que tiene Tastil me pareció de una gran originalidad, bien artesanal y mostrando la auténtica esencia de lo que este pueblo tiene para dar."

 

Proyección internacional

El compromiso de Andrea Salvatierra no concluyó con el cierre del desfile. Consciente de la visibilidad que otorga su plataforma en el país norteamericano, asumió la tarea de difundir el trabajo de las tejedoras andinas en las pasarelas y medios en los que participa habitualmente. Con un archivo repleto de fotografías y material audiovisual, proyecta mostrar en Washington y en diversos eventos de moda que en el norte argentino florece un diseño de autor con raíces milenarias.

"Yo soy argentina, soy salteña, y en Estados Unidos todos lo saben. Llevo mis raíces andinas con un 90% de orgullo en las venas," remarcó con convicción. "Me llevo de Tastil el recuerdo imborrable de hablar con cada una de las artesanas, sacarnos fotos y vestir su arte. Y de Salta me llevo, como siempre, el corazón gigante de su gente. No encontrás en otro lado personas tan humildes que te abran las puertas de su casa y de su cultura sin conocerte.", concluyó.