06 21 juarezManuel "Psico" Juárez, en diálogo con Punto Uno, analizó la trayectoria y el vínculo indisoluble que el cantante mantuvo con nuestra provincia.

La historia del Indio no comenzó en un estadio, sino como un proyecto artístico multidisciplinario en la ciudad de La Plata. Según relató, las primeras presentaciones en el Teatro Lozano —conocidas como los "lozanazos"— eran un descontrol creativo que incluía monologuistas, bailarinas y hasta personas arrojándose al piso con gallinas; la música era solo el acompañamiento de una varieté artística.

Sin embargo, fue durante los años 90 cuando la banda alcanzó un estatus de mainstream absoluto. En pleno menemismo, muchos jóvenes desamparados por el Estado encontraron en las letras crípticas del Indio un ancla para resistir. Para Juárez, el mérito del Indio fue lograr que conceptos de la alta cultura, la filosofía y la literatura calaran hondo en el barrio, volviéndose populares sin perder sofisticación.

 

El sello de Salta

El vínculo de Solari con nuestra provincia no es solo comercial, es fundacional. En enero de 1978, un grupo de músicos platenses llegó a la ciudad de Salta en una combi, escapando de la rigidez de Buenos Aires en plena dictadura. Fue en el Polaco Bar, ubicado en Deán Funes 82, donde por primera vez se utilizó oficialmente el nombre de "Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota" para poder vender un espectáculo en los medios locales.

El "Psico" Juárez recordó que incluso el misterio detrás de la figura de Patricio Rey tiene raíces salteñas. Según el artista Rocambole, el nombre se inspiró en Pancho Silva, un artesano y pintor de Cafayate que formaba parte de la comunidad de la Cofradía de la Flor Solar y que era considerado el "referente" más loco de toda la movida. Años más tarde, el Indio reafirmaría este romance con Salta llenando el estadio Marte Arena en 2009 y 2011, en shows que muchos recuerdan como los mejores de su etapa solista.

 

Independencia

Como abogado, Juárez también puso el foco en el "pilar ético" que definió a la banda: la autogestión total. Bajo el mando de la Negra Poly, los Redondos nunca aceptaron sponsors ni tocaron en festivales auspiciados por marcas de cerveza. "Decidieron armar un personaje místico que vela por la banda", explicó el columnista, subrayando que esa independencia fue lo que les permitió "pegarle una patada al sistema”.

No obstante, esa misma estructura empresarial llevó a la ruptura definitiva en 2001. El conflicto, según trascendió, se originó por el control de las cintas de grabaciones de los recitales en Racing, River y Huracán. Mientras Sky y Poly mantenían su postura, el Indio reclamó su parte del material audiovisual, lo que terminó separando a la dupla creativa más importante del rock nacional por cuestiones de "insumo de empresa" y dinero.