
En un contexto donde muchas veces el debate educativo queda atrapado entre urgencias y carencias estructurales, la robótica aparece como una herramienta concreta para pensar el futuro. No como un lujo ni como una moda, sino como un espacio real de formación, contención y proyección para jóvenes que encuentran en la tecnología una forma de superarse y construir un horizonte posible.
El estudio de Punto Uno recibió con mucha alegría y con mucho orgullo a 4 integrantes de los dos equipos que representarán a nuestro país en el mundial de robótica que tendrá lugar en junio próximo en Corea del Sur.
Elías Cordero, Benjamín Villagrán, Lucio Saucedo y Laureano Monteros son algunos de los tantos que se acercan a la robótica movidos por la curiosidad y el juego, y que con el tiempo transforman ese interés inicial en esfuerzo, estudio y disciplina. “La robótica no es solo armar un robot, es aprender a pensar y a resolver problemas”, coinciden quienes hoy dedican horas a programar, diseñar y probar una y otra vez hasta lograr que algo funcione.
Uno de los jóvenes lo resume con claridad: “Acá pude desarrollar mi pensamiento lógico y trabajar con tecnologías que no se usan todavía en la escuela”. Otro agrega: “En la robótica aprendés a equivocarte y volver a intentar, y eso te sirve para todo en la vida”.
La robótica no solo enseña programación o electrónica. Enseña trabajo en equipo, perseverancia, creatividad y autonomía. En un mundo cada vez más atravesado por la tecnología, brinda herramientas reales para el futuro académico y laboral. Sin embargo, esa formación no siempre encuentra espacio dentro del sistema educativo tradicional.
“En muchas escuelas se ve robótica muy básica. Lo que nosotros trabajamos acá es otra cosa, es tecnología actual, la que se usa en competencias y a nivel mundial”, explicó uno de los estudiantes que hoy se prepara para representar al país en el mundial de robótica en Corea del Sur.
El rol clave del Instituto
En ese contexto, el Instituto de Innovación y Tecnología Aplicada (IITA) cumple un rol fundamental. Desde hace años, ocupa un espacio que estaba vacío: el de acercar tecnología de vanguardia a chicos y jóvenes, acompañándolos en su proceso de aprendizaje y crecimiento. “Nuestro mayor desafío es anticiparnos a la tecnología. Si la empezás a enseñar cuando ya está instalada, llegás tarde”, sostuvo Cecilia Budeguer, coordinadora del instituto. Y agregó: “Si esperamos a que todo esté desarrollado, lo que enseñamos ya queda viejo”.
Más allá de lo técnico, el IITA se convirtió en un espacio de contención. “No queremos alumnos que se sienten a esperar que el docente les dé todo. Queremos chicos que investiguen, que pregunten, que aprendan a aprender”, explicó Budeguer. “El autoaprendizaje es fundamental, tanto para el alumno como para el docente”.
Esa filosofía se refleja en la experiencia de los chicos. “Acá sentimos que confían en nosotros y en lo que podemos hacer”, señaló uno de ellos. Otro destacó: “Este lugar te motiva a superarte, a ir un poco más allá cada vez”.
Prepararse para competir… y para la vida
Las competencias de robótica son una parte importante del camino, pero no el único objetivo. “Ir a un mundial no es solo competir, es ver qué se está usando en el mundo y aprender de eso”, explicaron los estudiantes. “Llegar ya es una experiencia enorme”.
Para muchos, el instituto fue también una oportunidad que no hubieran tenido de otra manera. “Yo no podía pagar un lugar así, entré por una beca y eso me cambió todo”, contó uno de los jóvenes. “Sin ese apoyo, hoy no estaría acá”.
En tiempos donde muchos adolescentes sienten que no hay futuro claro, la robótica aparece como un camino posible. “Acá los chicos encuentran un rumbo, una motivación, algo que los entusiasma”, afirmó Budeguer. “Y cuando un chico está motivado, aprende”.
Apostar al futuro
La experiencia del IITA y de los jóvenes que se forman allí demuestra que cuando existen espacios adecuados, acompañamiento y oportunidades, el talento aparece. Apostar por la robótica no es solo invertir en tecnología: es invertir en personas, en educación y en futuro.
“Desde Salta también se puede competir al más alto nivel”, dicen los chicos con orgullo. Y esa frase resume mucho más que una competencia: resume la posibilidad de que el conocimiento sea una herramienta de igualdad y desarrollo.
Reconocer y fortalecer estas iniciativas es una responsabilidad colectiva. Porque detrás de cada robot hay un chico que decidió prepararse, superarse y creer que el futuro también se puede construir desde la educación.
El rol de la comunidad y el desafío de hacer posible el viaje
El camino hacia el Mundial de Robótica en Corea del Sur no se construye solo con conocimiento y esfuerzo. También requiere del acompañamiento de la comunidad, de las instituciones y del compromiso colectivo para que estos jóvenes puedan concretar una experiencia que marcará sus vidas. Participar de una competencia internacional implica costos elevados de traslado, estadía y logística, imposibles de afrontar únicamente desde las familias.
“Representar a la Argentina en un mundial es un orgullo enorme, pero también un desafío muy grande en lo económico”, reconocieron los chicos. Para muchos padres y madres, el sueño de ver a sus hijos compitiendo a nivel internacional convive con la preocupación de cómo hacer frente a un viaje al otro lado del mundo.
Desde el Instituto remarcan que el apoyo no es solo una ayuda puntual, sino una inversión social. “Cuando la comunidad acompaña, los chicos sienten que su esfuerzo vale la pena, que alguien cree en ellos”, señaló Cecilia Budeguer. “Eso es tan importante como la formación técnica”.
La participación en el Mundial de Robótica no solo representa a un grupo de chicos o a un instituto: representa a Salta y al país. Por eso, el acompañamiento económico se vuelve una herramienta clave para que estos jóvenes puedan demostrar que desde el interior también se construye futuro, conocimiento y desarrollo.
Porque cuando una comunidad decide apoyar a sus jóvenes, no solo los ayuda a viajar: les demuestra que el esfuerzo, el estudio y la superación valen la pena. Y ese mensaje, en los tiempos que corren, es tan necesario como cualquier avance tecnológico.
