
El padre Raúl Méndez dijo que “impresiona cada año cómo crece la procesión. Estuve concelebrando una misa en este Milagro y es increíble cómo se transformó en una presencia masiva, festiva y silenciosa al mismo tiempo. Es una señal de la profundidad de esta celebración”, señaló el sacerdote.
Méndez destacó la fuerza de la fe del pueblo salteño, que, aun en medio de las dificultades, se mantiene firme: “El alma cristiana del salteño es un alma que ante la adversidad sigue para adelante. No es que no note las contrariedades, pero se aferra a su fe y lucha la vida”.
El religioso también subrayó un aspecto que considera central del Milagro: la solidaridad que se organiza de manera espontánea y colectiva. “Hay una especie de modelo social o estilo de vida de solidaridad organizada que se genera en el Milagro. Desde mayo comienzan los preparativos, y lo más notable es cuando llegan los peregrinos: se activan servicios de acogida, podólogos que atienden a los caminantes, voluntarios que aportan su tiempo y sus recursos, y todos los servicios públicos que se organizan en armonía”, expresó.
Para Méndez, esa dinámica es una enseñanza que debería extenderse más allá de septiembre: “Corre un aire durante este tiempo que nos enseña a vivir así mejor. Es una pena que no se prolongue durante el año. Lo que yo llamo una solidaridad organizada, que además se organiza sola, es un testimonio de modelo de vida maravilloso”.
Por otro lado, el padre Raúl Méndez destacó la importancia de rescatar no solo los pedidos, sino también los gestos de gratitud de los peregrinos que llegan hasta la Catedral Basílica.
“Es notable que hay pedido y hay mucho agradecimiento. Mucha gente, cuando se acerca a confesarse o a conversar, manifiesta su gratitud por algún favor recibido”, expresó el sacerdote, subrayando que detrás de cada rostro hay una historia íntima que se revela en el diálogo espiritual.
