06 03 marchasalta

Con banderas, carteles con nombres de víctimas, bombos, cánticos y cientos de voces unidas en un mismo reclamo marcaron una nueva edición de la marcha Ni Una Menos, a once años de aquella histórica movilización que sacudió al país en 2015.

Desde antes de las 17, la Plaza 9 de Julio comenzó a poblarse de mujeres, jóvenes, familias enteras, organizaciones sociales, sindicatos, agrupaciones estudiantiles y colectivos de la diversidad. Algunas llegaban en grupos, otras solas, pero todas compartían el mismo objetivo: volver a poner en agenda la violencia de género y reclamar por las víctimas de femicidios, sobre tras la muerte de Agostina Vega en Córdoba.

El color predominante fue el negro. Tal como habían pedido las organizadoras, muchas asistentes eligieron vestir prendas oscuras en señal de duelo por las mujeres asesinadas. Entre la multitud sobresalían pañuelos violetas y verdes, remeras con consignas feministas y carteles hechos a mano con mensajes que mezclaban dolor y bronca.

"Ni una menos, vivas nos queremos", "Nos siguen matando" y "El Estado es responsable" fueron algunas de las frases que se repetían una y otra vez sobre cartulinas, telas y pancartas.

Minutos después de las 18 comenzó el avance de la columna principal. La movilización tomó la avenida San Martín y rápidamente ocupó varias cuadras. Desde los balcones y veredas, muchos vecinos observaban el paso de la marcha, algunos acompañando con aplausos y otros registrando el momento con sus teléfonos celulares.

Uno de los momentos más significativos se vivió frente a dependencias policiales, donde las manifestantes realizaron una parada para reclamar una mayor efectividad en las medidas de protección para mujeres que denuncian situaciones de violencia.

A medida que caía la tarde y el frío comenzaba a sentirse en el centro salteño, la convocatoria no perdió fuerza. Por el contrario, nuevas personas se sumaban al recorrido mientras los cánticos resonaban entre los edificios y comercios de la zona.