Por Natalia Aguiar
La Argentina está empobrecida desde lo económico y desde lo moral, y existe una distancia abismal entre la realidad que vivencian los argentinos y la vida de los políticos que miran para otro lado, con exuberancias y cuestiones inmorales, ajenas a aquellos que ejercen mandatos.
Un reciente informe de la Universidad Católica Argentina alarma sobre la situación de vulnerabilidad de los pequeños argentinos: el 63% de los niños y adolescentes son pobres en la Argentina, según el informe del Barómetro de Deuda Social de la UC.
Dato mata relato: se reveló que el 62,9% de los niños y adolescentes vive en situación de pobreza y el 16,2% se encuentra en la indigencia en nuestro país. Se trata de la cifra más alta desde 2010, según la casa de altos estudios. Los datos publicados corresponden al 2023.
El informe surge del proyecto "Trazando el Camino: Privaciones Estructurales, Avances y Desafíos en los Derechos de la Infancia y Adolescencia". El estudio analiza la pobreza multidimensional donde se pone el foco en el contexto socioeconómico de los jóvenes menores de 17 años. La entidad educativa realiza el análisis sobre el universo de niños y adolescentes en base a cinco aspectos fundamentales para el desarrollo de la infancia y adolescencia.
“El esfuerzo de los hogares y la cobertura de las políticas públicas han tenido un papel crucial en la mitigación de la pobreza, pero persisten desafíos estructurales en la economía que requieren atención, y que ejercen un fuerte impacto en las estructuras de oportunidades de los hogares y sus miembros niños, niñas y adolescentes”, describe el informe sobre la situación de las familias y las dificultades para el acceso a una canasta básica.
La medición de la pobreza multidimensional
Para el informe, la UCA elaboró un índice de pobreza multidimensional el cual fija un doble umbral de carencias, uno total y otro severo. “Con tal propósito, se seleccionan seis dimensiones de derechos: alimentación, saneamiento, vivienda, salud, información y estimulación/educación”, detalla el estudio. De allí se desprende que el 56,3% de los niños y adolescentes estuvo en la pobreza multidimensional en 2023 en base al umbral total. Es decir, carecen de al menos una privación de los mencionados derechos. Por su parte, el 16,1% padece pobreza multidimensional en niveles severos. “En este sentido, estamos en presencia de mejoras, particularmente en la pobreza multidimensiona,l medida de acuerdo con el umbral severo. Esto es debido a los avances en indicadores del hábitat como el hacinamiento, la calidad de la vivienda y en materia de escolarización”, indicaron desde la entidad educativa.
El alarmante trabajo revela los siguientes porcentajes en base a las variables mencionadas anteriormente:
Derecho a la alimentación: el 32,2% de los niños y adolescentes en la Argentina actual sufren inseguridad alimentaria.
Derecho a la salud: el 55,8% no cuentan con obra social, mutual ni prepaga por lo que dependen exclusivamente del sistema estatal de salud para recibir atención médica.
Derecho a la vivienda: conformado por los tres servicios básicos como el acceso a agua corriente, red de cloacas e inodoro con descarga, un 39,5% padeció algunos de estos déficit.
Derecho a la educación: el 23% de los niños de 3 a 5 años se encuentran no escolarizado, y el 82,6% de los niños y adolescentes entre 6 y 17 años asiste a una escuela de gestión estatal.
“Donde sí se observan divergencias es entre estratos sociales. A medida que desciende el nivel socioeconómico, el desafío de cobertura por parte del Estado es mayor”, concluyeron desde la UCA.
La doble cara, la doble moral
Mientras estos datos estremecen hasta los huesos, los políticos argentinos dejan mucho que desear. La denuncia por violencia de género contra el ex presidente Alberto Fernández, hizo tambalear al peronismo y dejó en shock a todo el arco político. Mientras, los argentinos asalariados sienten vergüenza ajena.
Parece ahora, que muchos funcionarios sabían de estas circunstancias y todos miraron hacia otro lado. Parece que al ex mandatario le gustaban las jóvenes lindas y desde su lugar de poder las seducía, mientras estaba en pareja con Fabiola Yáñez, incluso embarazada, y se divertía en la Casa Rosada con Tamara Pettinato, cerveza mediante, videos y declaraciones de amor en el sillón de Rivadavia. Vergüenza es poco.
Es que además, la mayoría de estos episodios humillantes para los argentinos, ocurrieron en pandemia, cuando la gente tenía prohibido salir, visitar a sus seres queridos, trasladarlos a hospitales y clínicas o incluso, darles el último adiós. Inaceptable.
Parece ser que Fernández era enamoradizo. ¿Cómo era el modus operandi? Al ex mandatario le gustaba una señorita y la contrataba. Tal es el caso de Grisel Tamborro, una azafata que lo cautivó y entonces Alberto Fernández ordenó contratarla en la Casa Rosada. Se desempeñó como empleada de la Secretaría General de la Presidencia hasta febrero de 2024, cuando fue desafectada en las primeras etapas del ajuste implementado por el presidente Javier Milei. Otro caso fue el de Cecilia Hermoso, la ex funcionaria que Fabiola Yañez señaló como amante de Alberto Fernández. Gestionaba la estrategia de redes sociales del ex Presidente y la cuenta del perro Dylan. En su denuncia contra el ex mandatario por violencia de género, Yañez dijo que la engañaba con su asesora de comunicación digital, entre otras mujeres.
Tema mediante, Fernández entregó a Dylan a un refugio canino, razón por la que Javier Milei le dijo en redes que él podía hacerse cargo. Pobre Dylan, pobre de nosotros los argentinos.
También habría mantenido una relación con la exsecretaria presidencial Ana Hernández, y con la profesora de arte Luciana Seput de José C. Paz. ¿En que tiempos? Es que Alberto Fernández estaba al mando de los destinos de Argentina. Pero se ve fuimos engañados. Engañados también por Cristina Kirchner que estaba al tanto de las “travesuras” de Alberto porque le solicitó que se “ordenara” en varias oportunidades, tanto en público como en privado. El desbarranco y colapso personal de Alberto Fernández coinciden con el declive de su gobierno.
Para guiones de cine. La realidad ha superado a la ficción, porque una serie con las andanzas de los políticos argentinos, sería furor. Es que desde que inició la administración Javier Milei, lleva ya dos “novias”. Primero fue la actríz Fátima Flores y ahora Amalia “Yuyito” González, se ve que le atrae la farándula. En el caso de Milei es soltero, pero dicen los abuelos, que cómo se trata a la mujer, se conoce a un hombre.
Me viene a la memoria el supuesto amorío del ex presidente Néstor Kirchner con quien fuera su secretaria Myriam Quiroga, o el supuesto affair del ex presidente Raúl Alfonsín con su histórica secretaria Margarita Ronco. Los amores del poder, los romances, el amor está en el aire cuando de poder se trata.
Indignación y vergüenza
Estas obscenidades del poder mientras el 63% de los niños y adolescentes argentinos están por debajo de la línea de pobreza es indignante.
Este tema llegó al mundo entero y para la Iglesia, los escándalos que vive el país pueden ser una ocasión de saneamiento moral, explica Sergio Rubín en TN.
Además, desde la institución eclesiástica aclararon que el Papa Francisco “en ninguna oportunidad se reunió a solas con Fabiola Yañez”, por lo que no estaba al tanto de la situación de violencia que denunció por estos días la ex primera dama.
Este problema es de todo el arco político, oficialismo y oposición. Claro que el peronismo se encuentra ante el desafío de reconstruirse y encontrar la brújula para no naufragar en el mar embravecido.
Ahora todos señalan a Alberto Fernández, cuando en realidad son cómplices de estos abusos de poder que afectaron la moral y la dignidad de los argentinos.
Para algunos analistas el peronismo está ante un “derrumbe ineludible que derivará en una fragmentación”. Por ejemplo, el último reporte de la consultora Isasi-Burdman remarca que el efecto Alberto beneficia a Milei y cambia el mapa político: “Tras el escándalo cae la imagen de la oposición y su intención de voto para 2025, y crecen los arrepentidos de haber votado a Massa”, explica Jorge Liotti en La Nación. El peronismo está erosionado como principal fuerza opositora.
O todos coinciden, ya que Shila Vilker, de la consultora TresPuntoZero, señala que entre los votantes peronistas prima “una sensación de culpa” porque se sienten incómodos para dar su posición frente a la sociedad, y un “nihilismo político”, de desconfianza hacia toda la dirigencia, un problema que hasta ahora era más propio de los votantes de Milei. El peronismo ya estaba en su mínimo histórico de adhesión, entre un 26 y 28%, la crisis ya existía desde antes. Coinciden en que sí resquebraja la confianza y genera una necesidad de recambio de figuras.
Así pues, el peronismo deberá recurrir a la resiliencia para no allanarle el camino a los libertarios de Javier Milei o a los seguidores de Mauricio Macri. Lo cierto es que para todo el arco político, opositores, oficialistas y demás, se terminó la doble moral.