Francisco Laiseca
La marea humana que salió a las calles a marchar por la educación pública se convirtió en la evidencia que hace posible la esperanza.
Ayer hablábamos en el programa sobre esa idea que nos quieren encajar a fuerza de videos virales: que el éxito es un mérito solitario y el fracaso una culpa individual. Desde esa perspectiva, nada tiene que ver un sistema que concentra la riqueza y multiplica la pobreza como nunca antes en la historia.
Pero lo que se vio ayer en Salta, desde el Monumento 20 de Febrero hasta la Plaza 9 de Julio, fue una respuesta alternativa y contundente a esa tesis cultural.
Miles de salteños de todas las edades demostraron que luchar sirve. No fue una marcha de gente que busca un like o sumar seguidores; fue un pueblo recuperando el sentido común en un momento donde la crueldad para algunos se puso de moda. Hasta los conductores que estaban clavados en el tráfico, lejos de putear por el caos, se plegaron a los bocinazos porque entendieron que ahí se estaba defendiendo mucho más que un salario docente.
Siento que esa marea humana que salió a las calles se convirtió en la evidencia que hace posible la esperanza. Defender la universidad no es cuidar un edificio donde se estudia, se investiga y se hace ciencia; es defender lo común y la tradición de “mi hijo el doctor". Es entender que cuando el hijo de un albañil, de un mecánico o de una empleada doméstica llega a las aulas de la UNSa, no se salva solo. La universidad cambia la vida de la familia, del barrio y de la sociedad en su conjunto. Cuando un estudiante se recibe, el barrio gana un referente, un ingeniero, un profe, un médico o un abogado que conoce la realidad más dramática porque salió de ahí.
Hoy nos quieren vender que estudiar no sirve, que es mejor un curso de trader o de programación rápida porque es más “rentable" que hacer una carrera universitaria. En el medio, el Gobierno Nacional juega con un presupuesto que deja a los docentes cobrando 277 mil pesos —sueldos que no alcanzan ni para los bondis—. La multitud de ayer demostró que todavía queda una reserva moral capaz de distinguir lo esencial de lo descartable. Ojalá el oficialismo no espere el escarmiento de las urnas para tomar nota, el tiempo que se está perdiendo en las universidades es muy difícil de recuperar. Ayer no fue una marcha de oposición, fue una marcha de mayorías que se están cansando de aguantar y esperar.

Mario Casalla
Franco Hessling Herrera
Antonio Marocco