03 17 cfkNatalia Aguiar

Cristina Kirchner atacó a jueces y fiscales ante el tribunal que la juzga por la causa de los “Cuadernos de las coimas”. No se guardó nada y apuntó contra todos como si hubiera tenido una metralleta en mano.

La ex presidenta Cristina Kirchner denunció “prácticas mafiosas”, calificó el caso como “un disparate” y dijo que “se construyeron las pruebas” mientras se negaba a contestar preguntas.

La tensión con el tribunal era evidente cuando se dio inicio a un interrogatorio personal por parte del juez Enrique Méndez Sígnori. A Cristina se la veía indignadas porque considera injusto estar presa en su casa por una condena de 6 años por corrupción en la causa Vialidad.

La declaración de ayer fue sobre causa “Cuadernos”, en la que se denuncia una red de empresarios que lucraban con la obra pública y supuestamente beneficiaban a los funcionarios señalados con coimas millonarias.

“Es una causa de persecución política”, arrancó Cristina Kirchner. “Estoy injustamente detenida”, señaló respecto del caso Vialidad. “En la causa de los cuadernos hay un estadío superior: hay prácticas mafiosas de jueces y fiscales”, dijo cuestionando el proceso por el que es juzgada.

Casi frenética ante el micrófono y consciente de que todos los medios del mundo la miraban con atención, prosiguió: “Hubo una oleada de detenciones para apretar a empresarios para que declaren en contra de Cristina. Prácticas mafiosas”, denunció la expresidente. Además, criticó el accionar y “el manejo delictivo y criminal” que tuvieron el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, puntualmente sobre la interpretación de la denominada Ley del Arrepentido. “Construyeron las pruebas, hubo “forum shopping” y apretaron y amenazaron a los empresarios para que digan cualquier cosa”, se plantó Cristina Kirchner.

Para ella, existe una estructura puesta en marcha para acallarla: “El armado y la instrucción que tuvo a través de Bonadio y Stornelli se dio entre 2016 y 2019″, precisó la expresidente, vestida de traje negro, camisa blanca y pelo arreglado. Argumentó su defensa en el caso del falso abogado Marcelo D´Alessio, condenado por asociación ilícita, espionaje ilegal y extorsión, que tuvo presuntos vínculos con el fiscal Stornelli.

Si bien la ex mandataria deberá dar explicaciones ante la Justicia y si es inocente también puede demostrarlo, lo cierto es que la Justicia federal argentina está impregnada de corrupción. Los jueces, en general, son maleables al poder de turno. Son camaleónicos con el que ejerce el poder.

A los hechos nos remitimos y de hecho, no llamaron a declarar a la hermana del presidente Karina Milei y ni a él en la causa por supuestas coimas en la Dirección de Discapacidad o en la causa de las criptomonedas, o por los viajes codiciosos de Manuel Adorni. La Justicia ha dado infinitas muestras de su tangibilidad, de su facilidad para arreglar causas, resultados y demás, a cambio de un chocolate.

“Un chocolate” Significa un monto de dinero a abonar al juez para sacarle una sonrisa y una resolución favorable.

A la mayoría de los jueces federales y no tanto, les gustan los flashes de la fama, están convencidos de que lograr ser populares, conocidos, les garantiza el camino directo a la Corte Suprema, el Máximo Tribunal. Por ejemplo, uno de los casos más conocidos es el de la jueza del Tribunal encargado del juicio por la muerte de Diego Maradonna. La ex magistrada Julieta Makintach, fue destituida e inhabilitada de por vida como jueza en noviembre de 2025 tras participar en un documental sobre el juicio por la muerte de Diego Maradona. Integraba el tribunal que investigaba el caso, pero su conducta fue considerada una grave falta ética al privilegiar su participación en una filmación, lo que llevó a un jury unánime por mal desempeño. Además, salieron a la luz videos de ella participando de ese documental como si fuera una estrella de Hollywood. Una vergüenza para la “familia judicial”.

Ni hablar cuando salieron a la luz los chanchullos del actual juez de la Corte, Ricardo Lorenzetti, un hombre a todo por poder, porque dinero ya tiene, y de sobra. La avidez de poder ciega a quienes tienen esa enfermedad. La cuestión crucial es que hacen daños a los más vulnerables, a los indefensos.

Si se hiciera un estudio detenido de la Justicia Federal argentina podríamos sorprendernos de la mugre que traspasa las venas judiciales y los secretos que esconden los ladrillos de los palacios judiciales del país.

No es sólo un tema argentino, es mundial. Se viene a mi mente el vergonzoso arreglo judicial que le hiciera la justicia norteamericana a Jeffrey Epstein bajo la bendición del Fiscal de Estado Alex Acosta. Epstein había sido condenado en 2008, acusado de reclutar chicas, incluso de 14 años, llevarlas a su casa y someterlas sexualmente, pero recuperó la libertad al poco tiempo, en 2009, cuando con Acosta y sus abogados firmaron un acuerdo de “inmunidad” para él y sus cómplices. En 2019, fue acusado de tráfico de menores. Ese es un caso de mayúscula corruptela judicial y política. Epstein vuelve a las tapas de diarios del mundo cuando en febrero de 2025 se habilitó la desclasificación de los denominados “Archivos Epstein”. Centenares de miles de páginas salieron entonces a la luz. El propio Trump aparece en ellas vinculado a Epstein, como también el expresidente Bill Clinton, y otros referentes como Bill Gates, científicos, empresarios y actores de trayectoria.

Cuando el poder se asoma todo puede suceder y las leyes se sobrepasan al antojo del dinero. Cristina tiene la oportunidad de dar vuelta la historia y demostrar su inocencia, sino quedará vinculada a las décadas de corrupción kirchnerista. Si nada tiene que ver, es raro que no haya sabido lo que ocurría. Tiene la posibilidad de demostrar quien es verdaderamente.