02 14 casalla2Mario Casalla
(Especial para Punto Uno)

Digámoslo de entrada. Fue una derrota en toda la línea y no sólo para la clase trabajadora, sino también para los sectores de la producción sobre los cuales pende una peligrosa litigiosidad. Y esto por dos motivos básicos: en primer lugar, porque se conculcan derechos elementales de sus empleados que promoverán gran cantidad de juicios y reclamos indemnizatorios y, en segundo lugar, porque los coloca en un lugar expuesto y muy incómodo, el de “los malos de la película”, cuando en realidad no lo son.

A su modo ellos son también víctimas de una muy mala reforma de la Ley n° 20744, denominada de Contrato de Trabajo. Sancionada el 11 de septiembre de 1974, tuvo como principal redactor y autor intelectual al abogado laboralista Norberto Centeno, quien sistematizó la legislación laboral vigente buscando un equilibrio en las relaciones de trabajo. Este equilibrio es el que ahora se hecho añicos y sus consecuencias serán impredecibles, mucho más con el actual gobierno que no se caracteriza precisamente por su prudencia.

 

Los números mandan

Sancionada durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, fue entonces producto de una amplia consulta entre todas las partes interesadas, algo que ahora también faltó. Esa ley, aun con todas las modificaciones posteriores, era la viga central que sostenía el edificio de las relaciones laborales en nuestro país. Elogiada por la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) y tomada como modelo por muchos otros países, acá se aprobó una nueva, gestada en el mes de febrero y en sesiones extraordinarias del Congreso Nacional.

¿Casualidad? La nueva ley se aprobó con un total de 42 votos oficialistas y 30 de la oposición. Desde el punto de vista formal podría decirse que es legal ¿pero es también legítima? El futuro dirá si ambos adjetivos coinciden. De esos 42 votos a favor, 22 pertenecen al partido de gobierno (La Libertad Avanza); 10 a la UCR, el viejo partido de Alem, Yrigoyen y Alfonsín, que hoy carece de una conducción unificada y efectiva; 4 al PRO, que algunas veces fue de Mauricio Macri y hoy ha sido completamente fagocitado por los libertarios y 10 a los gobernadores de provincia que indicaron a sus legisladores nacionales cómo debían votar, aún cuando Milei les prometió cosas que casi nunca les cumplió.

Vaya a saber por qué estos no invirtieron los términos de la ecuación: primero cumplen con la provincia y luego se cumple con el PEN. Tiempo esta vez no faltó. Otra incógnita que acaso el tiempo aclarará. En síntesis, podría decirse que –de no mediar todos esos apoyos externos- los libertarios hubieran perdido la votación 30 a 22. La “intensa labor” de la hermana presidencial (la Jefa), el ministro de Interior Diego Santilli y el siempre presente Martín Menem, hicieron el resto.

Las calles frente al Congreso fueron otro verdadero campo de batalla, con varios heridos y detenidos. Amén de otros que arrojaban piedras y bombas molotov sin que la policía se preocupara por detenerlos. Prefirió mirar para otro lado.

Pero todo esto, amigo lector, usted lo habrá visto reiteradamente en la pantalla de su televisor. Permítame ahora referirme a otro aspecto más esencial del trabajo.

 

La dignidad del trabajo humano

El Papa Francisco, con la grandeza y seriedad que marcó su pontificado, declaró en su momento sobre este tema: “El hombre ennoblece el trabajo. Somos nosotros, y no las máquinas, el verdadero valor del trabajo. El trabajo es una dimensión esencial de la vida, un camino de crecimiento personal y de construcción de relaciones sanas y de una sociedad más justa. Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia vive sin trabajo. El trabajo es con derechos o es esclavo. Es crucial superar la precariedad, los contratos temporales y los bajos salarios que impiden planificar la vida y generan inseguridad, en la familia". Mientras que la denominada Doctrina Social de la Iglesia ha ido acumulando a lo largo de los últimos tres siglos una sólida concepción en materia de trabajo y de Justicia Social.

Aquí el nombre de León XIII brilla con luz propia y su Encíclica “Rerum Novarum”, subtitulada “Sobre la situación de los obreros”, fue pionera en la materia. Publicada el 5 de mayo de 1891 allí León XIII, partiendo del Evangelio, recuerda a los patrones y a los obreros sus obligaciones mutuas de caridad y de justicia. Este párrafo es muy claro al respecto: “… los deberes de los ricos y patronos: no considerar a los obreros como esclavos; respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona, Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la filósofa cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí. E igualmente se manda que se tengan en cuenta las exigencias de la religión y los bienes de las almas de los proletarios. Por lo cual es obligación de los patronos disponer que el obrero tenga un espacio de tiempo idóneo para atender a la piedad, no exponer al hombre a los halagos de la corrupción y a las ocasiones de pecar y no apartarlo en modo alguno de sus atenciones domésticas y de la afición al ahorro. Tampoco debe imponérseles más trabajo del que puedan soportar sus fuerzas, ni de una clase que no esté conforme con su edad y su sexo”.

Entre los primordiales deberes de los patronos se destaca el de dar a cada uno lo que sea justo, mientras que a los ricos los amenazaba con el juicio divino para que cumpliesen con sus obligaciones para con los obreros.

Claro, cosas como estas son para Javier Milei comunismo en estado puro. Para él ja justicia social es una inmoralidad y no pocas veces se refirió a Francisco con inusual virulencia. En reiteradas ocasiones lo atacó y cierta vez espetó con todas las letras: “Hay que decirle al imbécil que está en Roma, que defiende la justicia social, que eso es un robo y va contra los mandamientos", en una entrevista con Viviana Canosa en canal 9 de Buenos Aires.

Por lo demás, la dignificación del trabajo humano fue producto de una lenta evolución cultural ya que originalmente el verbo “trabajar” viene del latín vulgar “tripaliare, torturar, derivado del latín tardío “tripalium”, un instrumento de tortura compuesto de tres maderos. El mecanismo del “garrote”, en su forma más evolucionada, consistía en un collar de hierro atravesado por un tornillo acabado en una bola. Al girarlo, causaba a la víctima la rotura del cuello.

La moneda está girando en el aire, amigo lector, esta reforma laboral en curso puede caer cara o cruz.