Punto Uno
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Por Natalia Aguiar

No hay peor ciego, que el que no quiere ver. Y eso mismo es lo que le acontece al kirchnerismo que se niega a admitir la peor derrota a nivel nacional en la historia del peronismo.

Mientras aparentemente Cristina se cobija en el silencio, Alberto explicó el miércoles pasado en las festividades por el día de la militancia que “el salario le ganará a la inflación”, pero además redobló la apuesta y expresó: “El triunfo no es vencer, sino es nunca darse por vencidos”. Es que le pareció muy buena la frase de Victoria Tolosa Paz: “Ganamos perdiendo”. ¿Sincericidio? ¿Fanatismo? ¿Negación?

“Tiene anosognosia”, expresó el neurólogo y diputado nacional electo Facundo Manes. El médico analizó la actitud del presidente ante la derrota “triunfo”, tras lo cual convocó a una movilización de festejo a la Plaza de Mayo, sin lectura crítica, respecto de los 8,5 puntos por debajo que El Frente de Todos, obtuvo respecto Juntos por el Cambio.

“En la neurología hay algo que se llama anosognosia, y significa no reconocer el problema y cuando un paciente no reconoce el problema, no va a poder encarar la rehabilitación”, expresó Manes en una entrevista radial. “Me da una sensación de sorpresa que el Gobierno festeje, porque no ganó. No reconocen la situación, hubo casi 10 puntos de diferencia.

Fue un triunfo claro de Juntos por el Cambio, por primera vez ante un peronismo unido”, siguió Manes. Y remató: “No hay nada para festejar, nadie tiene que estar contento en un país con la mitad de la población en la pobreza”.

La política de masas y los populismos tienden a distorsionar el discurso ante la derrota, la niegan pero actúan en stereo. Por un lado, festejan un triunfo inexistente y por el otro, corren contra reloj para lograr los objetivos antes de que ocurran los cambios en Diputados y Senadores.

 

Responsabilidad política, y autocrítica cero

Reuniones intempestivas, la aprobación de 116 decretos de necesidad y urgencia firmados por el presidente Alberto Fernández, son prueba fiel de atropellos en la gestión, tras los resultados electorales. No resisten los números, pero mantienen el slogan: “Niega, niega que luego en la nada quedará”.

Entre esos decretos de último momento, sin necesidad y urgencia cierta, salvo la política, se modificó la fórmula para el aumento de los jubilados, con una gran quita en sus haberes. Y pasó por alto. La caja de los jubilados es, una vez más, botín de guerra política. La oposición silenciosa nada ha denunciado o advertido al respecto porque entre radicales y Juntos por el Cambio, se pelean por los cargos en el Congreso.

También en el marco de la aprobación exprés se efectivizó una modificación en el presupuesto de 750.000 millones de pesos y además se habilitó la emisión de dinero por otros 400.000 millones de pesos. Todo ello, mientras el gobierno sólo puede frenar el aumento de la carne por el fin de semana largo. A partir de diciembre, el kirchnerismo estará en la cuerda floja en el Senado, ya perdió el quórum propio y para lograr la mayoría simple necesitará dos senadores más para cada tema que se trate. Los podrá conseguir, pero esos senadores, quedarán escrachados si suscriben cuestiones que alteren los intereses ciudadanos.

Estamos los argentinos ante un gobierno débil, sin fuerza política, sin fuerza de representatividad que es lo que más afecta al peronismo unido. Fue un pedido de “Cambio” de la gente. Un pedido de reacción a los dirigentes.

Mientras tanto, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es una daga en el pecho del gobierno quien carece de confianza en Wall Street. Si bien Martín Guzmán asegura contar con el respaldo de la fuerza gobernante, la tirantez en la relación con la vicepresidenta, no se oculta. Cristina permanece resguardada en el silencio, pero todos a la espera de una reacción que sorprenda, como ella acostumbra hacerlo.

Argentina no es un país confiable para el mundo de las finanzas, ya que aún con un acuerdo con el FMI, sería muy difícil lograr la confianza de los inversores e incluso, estabilizar el mercado, afirman analistas económicos. Mientras desde el Fondo demandan un acuerdo entre oficialismo y oposición para encauzar un acuerdo. Algo que hoy parece imposible ante la falta de diálogo que existe entre ambos sectores políticos. Priman chicanas, acusaciones y señalamientos que alejan cada vez más a las partes y perjudican al trabajador, al ciudadano, al argentino de bien.

 

Lucas

La muerte del joven deportista en manos de la policía sin preparación ni capacidad para ello, es responsabilidad política. Es una muestra de lo que ocurre en fragmentos de la sociedad. Los policías involucrados, que además plantaron un arma, según los fiscales que investigan el caso, dependían de la policía metropolitana. Es decir, responsabilidad del Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Sin embargo, la policía federal, nacional, provincial y el resto de las fuerzas están atrapadas en la realidad en la que vivimos. Si esos policías cometieron delitos injustificables, hasta lograr la muerte innecesaria e irremediable de Lucas, deberán dar explicaciones, como también los responsables políticos de permitir tamaño desliz que afectó la vida de Lucas, sus sueños, su futuro, su familia, sus ilusiones. Lucas, podría ser cualquiera de nuestros hijos. La policía corrupta no sólo está en la Metropolitana, también en el resto de las fuerzas policiacas.

Cristina aprieta el acelerador

La vicepresidenta logró ser sobreseída en dos causas judiciales que la acechaban. La primera, la del dólar futuro y la segunda, vinculada a la firma del Memorándum con Irán. Estos próximos días, podría ser sobreseída en la causa de “Hotesur”, en la que se investiga también a sus hijos Máximo y Florencia, por supuesto cohecho, desvíos de fondos públicos, enriquecimiento ilícito y demás. Ella ya solicitó el sobreseimiento y habrá que ver si logra su objetivo, impunidad antes de cambios en el Congreso. Es decir, antes de que en los hechos pierda poder, porque en la calle, en el aval de la gente, ya lo perdió.

Aquí la cuestión no sólo atañe a Cristina, sino a la Justicia permeable al mando de turno. A esa justicia camaleónica que avanza contra la oposición cuando en el gobierno está la fuerza ganadora, y acomoda las fichas del poder de turno. Esa Justicia es la que daña a la sociedad. Esa justicia es la que permite que haya empresarios corruptos, políticos corruptos, funcionarios corruptos, policías corruptos, presidentes y vicepresidentes corruptos. Una Justicia corroída, tampoco da certeza a los inversores y mucho menos al argentino que siente que no es escuchado, ni representado por esa Justicia cómplice.

Con estas pinceladas de realidad, debemos analizar que las fuerzas políticas se rearman. Al peronismo no le gusta perder, y ya buscan otro referente, si Alberto no levanta cabeza y encabeza el liderazgo que le demandan gobernadores e intendentes peronistas. La oposición ganadora, con grandes responsabilidades sobre sus espaldas, debería dejar de pelear por los carguitos y enfrentar la incertidumbre social y económica. Porque de un lado o del otro, no hay peor ciego, que el que no quiere ver.