
En su última intervención en Punto Uno, la especialista Claudia Lamas realizó un recorrido por la iconografía histórica de Salta. A través de la mirada de artistas viajeros, la arquitecta analizó cómo la pintura se convierte en el único registro vivo de una ciudad que, pese al crecimiento metropolitano, lucha por preservar su esencia colonial.
El arte no es solo estética; es, ante todo, un documento. En el marco del aniversario de la ciudad, Claudia Lamas destacó el rol fundamental de los artistas como "registradores de la memoria". En un mundo previo a la fotografía, fueron los pinceles y los estilógrafos los encargados de capturar la fisonomía de una Salta que hoy buscamos reconocer entre el cemento y la modernidad.
Los primeros trazos: de la topografía a la imaginación
El recorrido histórico propuesto por Lamas se inicia a principios del siglo XIX. La imagen más antigua que se conserva de la ciudad data de 1820, obra de José Arenales, un ingeniero topógrafo que capturó el perfil de las iglesias recortadas contra el valle. Aunque la obra muestra una Salta de apenas 10,000 habitantes, Lamas advierte un detalle fascinante: es una "imagen imaginaria". Al no existir drones ni vuelos, Arenales proyectó desde una loma sureste una perspectiva sobreelevada, sentando las bases de lo que otros artistas, como César Bacé y Juan Manuel Besnes e Irigoyen, replicarían años después con sutiles variaciones, como la incorporación de montañas nevadas y personajes locales.
Carlo Penuti y la mirada desde el Cerro San Bernardo
Sin duda, la pieza central del análisis de Lamas es la obra del italiano Carlo Penuti, exhibida actualmente en el Museo de Bellas Artes Lola Mora. A diferencia de sus predecesores, Penuti —un inmigrante con formación técnica académica— eligió un punto de vista real: el Cerro San Bernardo.
Esta pintura, que mide aproximadamente 1,20 metros, es calificada por Lamas como un "testimonio histórico inigualable".
En ella se despliega la trama en Damero, ese trazado ortogonal de manzanas y calles típico de las fundaciones españolas que Salta conserva con orgullo. La obra permite identificar hitos que aún hoy definen el skyline salteño:
- El Convento San Bernardo: Con su característica torre blanca.
- La Calle Caseros: Eje central del urbanismo de la época.
- La antigua Plaza 9 de Julio: Un espacio de tierra con un aljibe central, antes de ser el jardín que conocemos hoy.
- La vida cotidiana: Penuti registró el río (donde hoy se emplaza la Avenida San Martín), con caballos y lavanderas realizando su labor diaria.
El desafío de habitar el patrimonio
Para la arquitecta, estas obras no son solo piezas de museo, sino herramientas de estudio urbanístico. Lamas vinculó estas imágenes con el debate actual sobre el PRAC (Plan Regulador del Área Centro), subrayando que Salta posee una de las legislaciones patrimoniales más importantes del país para cuidar su casco histórico.
"La esencia se mantuvo", reflexionó, aunque no evitó señalar las tensiones entre la modernidad y la preservación, citando ejemplos como el impacto visual de edificios modernos en el centro histórico. Su mensaje final fue una invitación a entender la ciudad no como un museo estático, sino como un espacio vivo: "El centro tiene que tener zonas donde la gente pueda vivir todavía, porque es lo que le da vida".
En un nuevo aniversario, el arte nos recuerda que Salta sigue siendo ese valle de casas blancas y cúpulas que soñaron los viajeros, una identidad que, según Lamas, debemos proteger para no disociarnos de nuestra propia historia.
