El conjunto nacional inicia su camino en la Copa del Mundo con Valentina Raposo como pieza clave del esquema de Fernando Ferrara. "Estamos muy contenta, con muchas ganas, esperando que sea el sábado. Ahora nos queda ir y ser nuestra mejor versión en la cancha”, admitió la zaguera surgida en Popeye.
El reloj de arena llegó a su fin y el debut de la Selección Argentina de hockey sobre césped femenino está a la vuelta de la esquina. Este sábado 15 de agosto, a partir de las 12:30, Las Leonas saltarán a la cancha para disputar su primer partido en la Copa del Mundo.
En el centro de la escena, consolidada como una de las máximas realidades del plantel conducido por Fernando Ferrara, emerge la figura de Valentina Raposo. La salteña, que cuenta con una valiosa medalla de plata obtenida en el Mundial 2022, asume un rol protagónico en una defensa que combina frescura juvenil y un rodaje internacional asombroso para su corta edad.
La historia de la jugadora norteña está marcada por el sentido de pertenencia y la búsqueda de la excelencia. Formada en las divisiones inferiores del Club Popeye de Salta, su talento cruzó fronteras de forma veloz y la llevó a competir en el hockey de elite de los Países Bajos. Sin embargo, su compromiso con la camiseta albiceleste pesó más alta que cualquier contrato europeo. Raposo tomó la firme determinación de pausar su fructífero paso por la liga neerlandesa con el fin de regresar a su provincia natal. El plan estratégico tuvo un objetivo único: enfocarse al ciento por ciento en la exigente preparación física y táctica junto al seleccionado nacional.
Esta preparación meticulosa transformó las presiones lógicas en una profunda convicción colectiva. A pocas horas del pitazo inicial, la zaguera reflejó el sentir de un plantel que asimila el desafío con madurez. "Estamos muy contenta, con muchas ganas, esperando que sea el sábado, pero también, obviamente con muchas ganas de dejar todo lo que venimos entrenando y todo el proceso, pero tranquila, que realmente hicimos todo en el proceso y ahora nos queda ir y ser nuestra mejor versión en la cancha, así que muy contentas", detalló la defensora en la antesala de la cita mundialista.
Más allá del aspecto estrictamente deportivo, la fortaleza de este equipo radica en los lazos humanos que se forjaron durante la concentración. De acuerdo con las palabras de Raposo, el factor diferencial de Las Leonas descansa en la unión de un vestuario compacto y solidario. En ese sentido, la defensora destacó las virtudes de un grupo humano que persigue la gloria: "Por suerte tenemos un grupazo, creo que es un equipo que necesita y tiene ganas de estar ahí arriba de todo".
Para la jugadora de Popeye, la cohesión interna funciona como el motor principal que impulsa las ilusiones argentinas. Las largas jornadas de entrenamiento fortalecieron una convivencia que superó lo estrictamente profesional para transformarse en un vínculo fraterno. Al respecto, Raposo profundizó en la intimidad del grupo: "Creo que últimamente estuvimos hablando mucho de esto, de que somos una familia, que tenemos algo extra dentro de un equipo que creo que se nota y lo estamos disfrutando mucho, así que contentas por el grupo que tenemos".
A partir de esta comunión, el seleccionado argentino pretende edificar su camino hacia el podio internacional. La defensora salteña concluyó su pálpito con una radiografía precisa sobre la identidad de Las Leonas, un conjunto que persigue el sueño con una sola voz. "Somos una familia, estamos en las buenas y en las malas y creo que estamos preparados todos para ir por un mismo objetivo, eso lo tenemos muy claro y a pesar de ser por ahí distintos, es como que todos vamos por el mismo objetivo y eso nos lleva a querer lo mejor siempre y a dejar a Argentina lo más arriba, así que muy contentas", sentenció con firmeza.

Franco Hessling Herrera
Mario Casalla
Natalia Aguiar