10 22 kaurobiRafael Karoubi, corresponsal en París del Diario Red, sostiene que las protestas que estallaron el 17 de octubre expresan un malestar que va mucho más allá de los estudiantes. Los recortes, la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro de las expectativas económicas alimentan una movilización que, según su lectura, puede profundizar la polarización política francesa.

¿Qué está pasando en Francia?
- Desde la perspectiva de los manifestantes, hay voluntad de continuar con las movilizaciones. Creo que este movimiento social no va a parar. Hay estudiantes, sindicatos y distintos sectores que quieren sostener la protesta, y se anunciaron nuevas convocatorias para los próximos días y semanas. 

Pero también hay que mirar lo que está pasando del lado del Estado. Estamos viendo un endurecimiento de la respuesta frente a las movilizaciones, con restricciones y un despliegue de seguridad que genera mucha preocupación. Mi impresión es que el Gobierno busca recuperar el control de la situación y que podemos entrar en una etapa de mayor confrontación.

¿Por qué comenzaron las protestas y cómo se fueron sumando otros sectores?
- Hay que entender que en Francia existe un descontento generalizado desde hace años. La juventud fue uno de los primeros sectores en salir a la calle porque está muy golpeada por la precariedad, las dificultades para acceder al mercado laboral y el deterioro de las condiciones educativas. Los jóvenes sienten que, aunque estudien y se preparen, no tienen garantizado un futuro digno. Les cuesta imaginar que van a conseguir un trabajo estable, independizarse o construir un proyecto de vida. Esa frustración tiene un peso enorme. Pero la juventud no es el único sector afectado. Hay trabajadores que pierden poder adquisitivo, familias que tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes y empleados públicos que ven amenazadas sus condiciones laborales. Las políticas de ajuste y la discusión sobre el presupuesto alimentan ese malestar.

¿Qué consecuencias políticas puede tener esta revuelta?
- Es difícil saberlo con precisión, porque una movilización social no se convierte automáticamente en una alternativa política. Para que eso ocurra, hace falta organización, una propuesta y capacidad para sostener el movimiento más allá de las calles. Lo que sí estamos viendo es que hay una parte importante de la sociedad que se identifica con los reclamos. En ese escenario, La Francia Insumisa, el espacio de Jean-Luc Mélenchon, se posicionó claramente a favor de las movilizaciones. Eso puede fortalecer su lugar como referencia de la oposición. Pero hay otra dinámica que no podemos ignorar. Los disturbios también generan temor en sectores conservadores y entre votantes que respaldan al oficialismo. Una parte de ese electorado podría acercarse a la ultraderecha de Marine Le Pen, que construye su discurso sobre la seguridad, el orden y la crítica al sistema político. Por eso creo que podemos avanzar hacia una mayor polarización, con una izquierda que intenta canalizar el descontento social y una derecha radical que busca capitalizar el rechazo a los disturbios. El futuro dependerá de cómo evolucione la protesta y de la capacidad de cada espacio para convertir sus posiciones en una propuesta política.

¿Puede desaparecer el espacio político de Macron?
- Creo que el macronismo atraviesa una etapa de desgaste y que su capacidad para ordenar la política francesa está en discusión. Las protestas muestran que hay sectores de la sociedad que ya no se sienten representados por las políticas del Gobierno. Eso no significa que podamos dar por desaparecido al espacio de Macron. Pero sí creo que puede perder peso frente a fuerzas que ofrecen respuestas más definidas, tanto desde la izquierda como desde la derecha. Mi hipótesis es que la confrontación política francesa puede organizarse cada vez más alrededor de esos dos polos. Mélenchon puede encontrar una oportunidad para consolidar su liderazgo opositor, mientras que Le Pen puede beneficiarse del temor y de las demandas de orden que aparecen en parte de la sociedad.

¿Cómo está reaccionando la sociedad francesa frente a las movilizaciones?
- Hay dos reacciones que conviven. Por un lado, existe un hartazgo muy fuerte frente a la situación económica y social. Muchas personas sienten que sus condiciones de vida empeoran y que el Gobierno no ofrece respuestas suficientes. En ese contexto, hay quienes ven en las protestas una oportunidad para cambiar las cosas. Pero también hay sectores que están asustados por los disturbios, los saqueos y los enfrentamientos. Esas personas reclaman que el Estado restablezca el orden y actúe con más firmeza. El conflicto enfrenta, entonces, a quienes quieren profundizar las movilizaciones para forzar cambios con quienes priorizan recuperar la tranquilidad. No es una división absoluta entre jóvenes y mayores, pero sí hay diferencias importantes en la manera de interpretar lo que está ocurriendo.

¿Qué relación encuentra entre el malestar francés y la conflictividad que crece en otros países europeos?
- Creo que hay una relación entre el deterioro de las condiciones de vida, las políticas de ajuste y el creciente cuestionamiento a las instituciones europeas. Durante mucho tiempo, el proyecto europeo se presentó como una vía para mejorar el bienestar y ampliar las oportunidades de las sociedades. Sin embargo, hay sectores que sienten que esa promesa no se cumplió y que hoy enfrentan más dificultades para sostener su nivel de vida. Las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania, la situación en Oriente Medio y el encarecimiento de la energía también forman parte de ese escenario. Todo eso repercute sobre los trabajadores y las familias, que terminan soportando buena parte de los costos. Lo que ocurre en Francia debe leerse dentro de un contexto más amplio, en el que crece el cuestionamiento a las políticas económicas y a la capacidad de los gobiernos para responder a las demandas sociales.
Yo creo que la Unión Europea atraviesa una crisis profunda y que su futuro está abierto a discusión. No todos comparten ese diagnóstico, pero la conflictividad actual muestra que hay problemas estructurales que ya no pueden resolverse solamente con respuestas de corto plazo.

¿Qué puede pasar en los próximos meses?
- Creo que la conflictividad va a continuar, aunque no necesariamente con la misma intensidad ni bajo las mismas formas. El desafío para los sectores movilizados es construir una organización capaz de sostener los reclamos y evitar que el movimiento se diluya. También será importante ver cómo responde el Gobierno. Si la respuesta se concentra exclusivamente en el control policial y no hay medidas que atiendan las demandas sociales, el malestar puede persistir. En el plano político, Francia puede entrar en una etapa de mayor polarización. La izquierda tiene la posibilidad de representar parte de ese descontento, pero la ultraderecha también puede crecer si logra instalar que la principal respuesta a la crisis es recuperar el orden.