Entre muros de piedra y barro que desafían el curso del tiempo, el Hostal Tatata guarda el susurro de un siglo y medio de memorias en la villa de San Lorenzo.
A pocos metros de la Quebrada de San Lorenzo, bastan un par de pasos detrás de las rejas de la vereda para sentir que el paso del tiempo se detiene.
Tras un frondoso parque se erige una casona de aproximadamente 150 años, considerada una de las primeras construcciones rurales de su tipo en el poblado y la más antigua en pie cerca de la quebrada. Diseñada a finales del siglo XIX, en la calle Juan Carlos Dávalos 1598, por mandato del coronel Raúl Anchézar, la propiedad custodia hoy una rica memoria familiar transformándose en un punto de encuentro que resiste al avance de las décadas.
En sus inicios, la residencia cumplió el rol de punto de reunión veraniego. Perteneciente originariamente al bisabuelo materno de Cristina Anchézar, la tradición dictó que la casona fuera transmitida entre las hijas mujeres de la familia hasta llegar a sus actuales protectoras: Cristina y su hija, María Fleming. Durante décadas, la propiedad albergó los días estivales de generaciones enteras, repletas de encuentros familiares, aniversarios y celebraciones locales.
“Manteníamos esa casona de mi abuelo, que era una gran casa de veraneo donde nos íbamos todo el verano: la familia, los hijos de mi abuelo, los primos; todos estábamos juntos y pasábamos ahí tres meses”, evoca María Fleming, en dialogo con Punto Uno, al recordar aquellos años fundacionales.
Con el transcurso del tiempo y tras el fallecimiento del coronel Raúl Anchézar, el inmueble quedó bajo la responsabilidad de Cristina. Mantener una estructura de tales dimensiones demandaba un esfuerzo económico considerable. La necesidad de conservar la vivienda motivó la decisión de abrir sus puertas al público y convertir la casona en un hostal.
“Cuando muere mi abuelo pasó a manos de mi mamá. Hereda mi mamá esa casona y, para mantenerla, como resultaba muy difícil, empezó a recibir gente. Hace un hostal y es un hostal ahora. Sobre todo después de la pandemia empezamos a recibir grupos grandes”, explica Fleming sobre el cambio de destino de la vivienda.
El nombre del hospedaje rinde homenaje al coronel Anchézar, a quien sus nietos apodaban cariñosamente como «Tatata». Pese a la transformación edilicia que sufrieron otras casonas históricas del área, el Hostal Tatata mantiene casi intacta su estructura de la época. Sus paredes gruesas construidas con barro y piedra, sus techos altos con tejas de barro y sus pisos originales conviven con el mobiliario histórico en pleno uso.“Esa casa tiene más o menos 150 años. Fue una de las primeras casonas que se hizo en San Lorenzo y mantenemos todos los muebles, los pisos; tratamos de mantenerla tal cual era. La verdad es que prácticamente no tocamos la casona, porque las paredes son súper gruesas y las hechas de piedra y barro resultan casi imposibles de romper”, señala la propietaria.
La propiedad abarca cerca de una hectárea de parque natural, contando con 15 amplias habitaciones con capacidad para albergar hasta 40 o 45 personas, además de 11 cuartos de baño. Esta amplitud permite hospedar a contingentes numerosos, entre los que destacan delegaciones deportivas, grupos escolares, reuniones familiares y jóvenes que eligen la tranquilidad de San Lorenzo para sus descansos.
La extensión del jardín también da pie a usos alternativos según la necesidad del visitante. “Por ejemplo, vino un colegio de 60 personas y se les prestó el parque para que pongan las carpas.”, comenta Fleming.
A lo largo de los años, el hospedaje ha sido escenario de incontables anécdotas. Las instalaciones presenciaron las bodas de los siete hermanos de la familia Fleming y alojaron a participantes de las clásicas olimpíadas locales y cabalgatas. En la actualidad, esa misma calidez familiar se traslada a los viajeros.
“Hay veces que entra un huésped y se va un amigo, porque uno entabla una buena relación. Hace poco una familia de 25 personas de Buenos Aires le pidió a mi mamá que busque un artesano para aprender a fabricar sus propios mates. Mi mamá buscó un artesano en La Quebrada y les enseñó a todos los chicos”, relata Fleming.
Hoy, bajo la administración compartida entre María Fleming y su madre Cristina, quien a sus 80 años delega paulatinamente las tareas operativas, el Hostal Tatata se consolida como un auténtico guardián del patrimonio arquitectónico e histórico de San Lorenzo, abriendo sus puertas a quienes buscan revivir el encanto de las quintas del siglo XIX.
