
La helada tardía afectó a viñedos del Valle Calchaquí y generó preocupación entre los productores. El impacto final todavía no está determinado, pero llega en un momento en el que el sector busca mejorar su rentabilidad y sostener los niveles de producción.
La vitivinicultura es una de las actividades principales. Detrás de las bodegas y de los vinos que forman parte de la oferta turística de Salta hay, sin embargo, una actividad agrícola que depende de factores climáticos, costos de producción y condiciones de mercado.
La helada tardía registrada en septiembre volvió a poner esa realidad en primer plano. El fenómeno afectó a distintos viñedos de la zona y generó preocupación entre los productores por el posible impacto sobre la próxima cosecha.
Todavía no existe una evaluación definitiva de las pérdidas, ya que el comportamiento de las plantas durante las próximas semanas será determinante para establecer cuánto de la producción podrá recuperarse.
Desde la Cooperativa Coo.Vi.Agro., su presidente, Miguel Ángel Lovaglio, estimó que en algunas fincas el daño podría alcanzar entre el 70% y el 90% de la producción.
La diferencia entre una finca y otra puede ser importante. La intensidad de la helada, la ubicación de los viñedos, la variedad de uva y el estado de desarrollo de las plantas son algunos de los factores que inciden en el resultado.
Gastos
Durante todo el año, los bodegueros deben afrontar tareas de mantenimiento, poda, riego, tratamientos, combustible, maquinaria, salarios e impuestos. Esos gastos se realizan independientemente de cuál sea el volumen final de la cosecha.
Por eso, una reducción importante de la producción puede complicar la recuperación de lo invertido durante la campaña.
Lovaglio señaló que el sector viene atravesando dificultades desde hace varios años y que algunos establecimientos debieron recurrir al financiamiento para sostener sus actividades.
La situación no es exclusiva de Cafayate. En febrero de este año, el Gobierno provincial puso en marcha una línea de crédito destinada a capital de trabajo para el sector vitivinícola, con recursos orientados a gastos vinculados con cosecha, acarreo y elaboración. La medida reflejó una necesidad de financiamiento que ya estaba presente antes de la helada.
Sector clave
Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura permiten dimensionar la importancia de la actividad en la provincia.
Salta produjo en 2026 alrededor de 310.000 quintales de uva, de acuerdo con los datos de cosecha difundidos por el organismo. Cafayate continúa siendo uno de los principales centros productivos de la provincia y concentra una parte importante de los viñedos y bodegas.
Entre las variedades más importantes se encuentran el Malbec y el Torrontés Riojano, este último particularmente asociado a la identidad vitivinícola salteña.
La provincia también tiene una característica particular dentro de la industria argentina: buena parte de sus viñedos se encuentra en zonas de elevada altura, especialmente en los Valles Calchaquíes. Esa condición es uno de los elementos que diferencia a los vinos salteños y que fue aprovechado durante las últimas décadas como parte de la estrategia turística y comercial de la región.
Desafíos
El escenario productivo se combina con una situación comercial que no resulta sencilla. Durante el primer semestre de 2026, el consumo interno de vino tuvo un crecimiento moderado a nivel nacional. Sin embargo, los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura muestran que Salta registró una caída en las ventas internas durante ese período, aunque con una recuperación en junio.
El mercado interno no es la única alternativa para las bodegas. La exportación representa otra vía de comercialización, aunque implica competir en mercados internacionales y afrontar costos logísticos y comerciales.
En este contexto, las bodegas y productores deben equilibrar los gastos de producción con el precio que finalmente obtiene la uva y el vino.
Más allá de la helada
La helada es, por ahora, el factor más inmediato que preocupa al sector. Pero el resultado de la próxima campaña dependerá de varios elementos.
El clima durante los próximos meses, la capacidad de recuperación de los viñedos, los costos de producción, el precio de la uva, el comportamiento del mercado y el acceso al financiamiento serán determinantes para los productores.
La vitivinicultura salteña cuenta con una trayectoria consolidada y con un posicionamiento particular dentro de la producción argentina de vinos. Cafayate, además, mantiene una fuerte vinculación entre la actividad vitivinícola y el turismo.
El desafío para los próximos meses será atravesar una campaña condicionada por el daño climático sin perder capacidad productiva y sostener una actividad que, además de generar vino, moviliza empleo, servicios, gastronomía y turismo en buena parte del Valle Calchaquí.
