Entrevistado en Punto Uno Streaming, conducido por Lisandro Vives, Tomás Pomar, presidente del Observatorio de Derecho Informático Argentino, cuestionó el borrador para una nueva Ley de Datos Personales, que facilitaría alojar información crítica fuera del país y planteó que Argentina necesita diversificar proveedores, fortalecer infraestructura pública y construir un sentido propio sobre soberanía digital.
¿Qué se está discutiendo con la ley de datos?
Nosotros estuvimos en el Ministerio de Desregulación. Nos invitaron y fuimos una de las organizaciones a las que se les presentó el proyecto. Se habla mucho de modernizar la ley, pero tenemos una frase: las leyes no son yogures. No por viejas se ponen feas. Claramente hay una discusión política y geopolítica en torno a qué pasa con los datos y con la estructuración de sistemas digitales.
¿Cuál es el problema del proyecto?
Se habla de hacer una ley que defienda la innovación, un concepto abierto que quizás no queda muy claro desde la técnica legislativa. También aparece una discusión que refleja lo que pasa entre Europa y Estados Unidos: la idea de que regular es estar a favor de los derechos humanos y no regular es estar a favor de la innovación. Nosotros creemos que esa es una falsa dicotomía.
¿Qué modelo adopta?
El proyecto se presenta como queriendo adoptar el modelo estadounidense. Dentro de ese conjunto de ideas, lo que hace también es profundizar lo que consideramos la extranjerización de capacidades operativas del Estado argentino. Esto quiere decir que sea mucho más fácil para las empresas migrar datos personales y correr desde afuera de nuestro país de lo que es inclusive hoy.
¿Por qué es una cuestión de soberanía?
En los últimos años se profundizó mucho la discusión geopolítica. Producimos datos, y eso marca una diferencia con la idea de que los datos son el nuevo petróleo. El petróleo es un bien escaso, estático, que hay que sacar. En cambio, los datos son relacionales: se van generando dentro de nuestras jurisdicciones, dentro de nuestro país, en base a nuestras relaciones.
¿Qué muestra el caso europeo?
El Reglamento Europeo de Protección de Datos no nace de un repollo ni de la idea de que los Estados quieran defender la privacidad. Tiene un padre putativo, que es Snowden: el escándalo de espionaje masivo en Europa, donde descubren que dirigentes, incluso Angela Merkel, estaban siendo pinchados en servidores en Estados Unidos. Desde hace años, Europa tomó la decisión de no alojar sus datos críticos en servidores estadounidenses por cuestiones de seguridad.
¿Argentina puede tener infraestructura propia?
Hubo una experiencia con ARSAT. Es muy mejorable, pero da cuenta de que hay capacidades para tener por lo menos un data center soberano. En Brasil, una de las últimas implementaciones es la nube soberana brasileña para el Estado. Es una nube pública que va a alojar todos los datos de gestión pública y permitirá que las distintas dependencias sean interoperables para mejorar políticas públicas medibles.
¿Qué revela la Pax Silica?
Si uno lee la declaración, más allá de que se diga silicio, bits o inteligencia artificial, parece el viejo esquema de siempre: algunos exportan materia prima y otros importan producto terminado con alto valor agregado. Estados Unidos cierra líneas de suministro y materias primas para producir procesadores, pero el objetivo de producir inteligencia artificial no se va a desarrollar acá. De acá salen los minerales y después se importan los datos.
¿Cómo juega la disputa entre China y Estados Unidos?
Hay una carrera por quiénes van a ser los proveedores de antenas e infraestructura. Estados Unidos tiene una política hemisférica que quiere defender todas las Américas como su mercado exclusivo. El argumento contra China es que el software puede tener una puerta trasera. Pero cuando Estados Unidos dice que la infraestructura china puede tener una puerta trasera, también asume que la suya puede tenerla.
¿Hay margen de autonomía?
Nosotros creemos que sí. Hay que hacer lo mismo que hacen las grandes empresas de tecnología cuando tienen proveedores críticos: no tienen uno solo. Diversifican la matriz. Si uno se corta, tienen otro proveedor. Esa redundancia permite un ejercicio de soberanía y evita quedar atrapados en lo que imponga un solo proveedor.
¿Qué camino debería tomar Argentina?
Hay que encontrar un discurso de protección de datos personales y de soberanía informática que nos saque de la sintonía de siempre: discutir si somos más parecidos a Europa o a Estados Unidos. El desafío es encontrar un sentido propio.
