marocco 2502 colAntonio Marocco

El jueves vivimos una jornada histórica en todo el país. Un día que quedará en la memoria. Es imposible no sentir orgullo y pertenencia ante a un pueblo que en las horas más decisivas de su época no le esquiva al bulto, a la responsabilidad colectiva, al mandato de su historia y a la posibilidad de su futuro.

La Argentina en cada una de sus plazas le dijo que no a la extranjerización de nuestras tierras. Le dijo que no a la especulación que busca servirse del horror del fuego para hacer negocios inmobiliarios sobre bosques arrasados. Los argentinos le dijeron que no al endiosamiento de la propiedad privada cuando esta es fruto del sacrificio y del dolor ajeno. Hay límites y hay una comunidad enorme dispuesta a hacerlos respetar.

Cuánto valor cobra entonces aquella humilde pero elocuente bandera que desplegaron nuestros jugadores luego de ganarle a Inglaterra semanas atrás. Lo que para algunos fue un exabrupto, para la mayoría fue una reivindicación. Las Malvinas son argentinas y nuestras tierras también.

Dicen que los seres humanos somos animales con la capacidad de percibir en las cosas significados que van más allá de la cosa misma. Somos animales que hacemos símbolos nuestras luchas, nuestras verdades y nuestros sueños. Por eso marchar para los argentinos es todo un símbolo en sí mismo. Los argentinos saben bien cuándo marchar y por qué. Y lo mejor de todo, es que marchamos sin que nadie nos lo ordene, sin jerarquías ni instrucciones.

Salimos a la calle cuando la patria lo demanda y, desde luego, sin pedirle permiso a nadie. Además de las banderas, no faltaron las pancartas ni las frases ingeniosas. Los amigos y los compañeros. La familia como consigna.

Por los que vinieron antes y por los que vendrán después. ¿Qué es acaso una Nación sino una familia grande?

Hay causas que van más allá de las burbujas que promueven las redes sociales. Causas que no solo tienen presencia en las pantallas, que son parte de la vida concreta de cada argentino, de cada pueblo. Los salteños, por ejemplo, con Güemes como estandarte, no estamos dispuestos a sentirnos extranjeros en nuestra propia tierra. No estamos dispuestos a que nadie se adueñe de nuestros paisajes, de nuestros ríos, de nuestros cerros ni de nuestros recursos naturales. Los argentinos del litoral, de cuyo, de la Patagonia y de la pampa tampoco. Ese día quedó más que claro: hay valores compartidos que trascienden partidos, disputas electorales y mayorías parlamentarias circunstanciales.

 

Columna emitida por FM Aries