A 11 años del primer Ni Una Menos, la abogada Tania Kiriaco analizó los avances y retrocesos en la lucha contra la violencia de género y convocó a los varones a involucrarse activamente en la construcción de una sociedad más igualitaria.
¿Cómo se vive esta fecha tan espacial?
-Hoy, como hace 11 años, marchamos nuevamente reclamando por tantos femicidios. En este tiempo se registraron más de 3.200 femicidios en todo el país. Seguimos denunciando la falta de políticas públicas claras para las mujeres y, especialmente en este contexto, el desmantelamiento de muchas herramientas que existían para prevenir y atender la violencia de género. No hay recursos suficientes y las mujeres, niñas y disidencias siguen perdiendo la vida.
Las estadísticas indican que una mujer es asesinada cada 31 horas. Después de más de una década de movilización, ¿qué cambió?
-Hablar de femicidio es ponerle nombre a una realidad que durante mucho tiempo no estuvo. Es reconocer que las mujeres son asesinadas por el solo hecho de ser mujeres. No hay otro móvil. Son crímenes atravesados por la violencia de género y por una concepción que considera a las mujeres como objetos sobre los cuales se puede ejercer control o destrucción.
Las cifras reflejan una realidad muy dura que persiste y que afecta gravemente la vida, la libertad y los derechos humanos de las mujeres.
¿Hubo avances en estos años?
-Sí, hubo avances importantes. En la provincia se creó el Observatorio de Violencia contra las Mujeres, la Fiscalía de Femicidios y las Defensorías de Género. A nivel nacional existió un Ministerio de las Mujeres. Fueron herramientas fundamentales para visibilizar y abordar esta problemática.
Sin embargo, hoy observamos un retroceso. Consideramos que existe un gobierno con discursos misóginos y de odio que afectan no solo a las mujeres, sino también a otros sectores vulnerables de la sociedad. Ese clima de violencia simbólica termina teniendo consecuencias concretas.
¿Cómo impactan esos discursos en la vida cotidiana?
-Los discursos de odio generan condiciones que naturalizan distintas formas de violencia. Cuando se deslegitiman derechos o se minimizan las desigualdades, se fortalece una cultura que termina afectando directamente a quienes históricamente estuvieron en situación de vulnerabilidad.
Usted hizo especial énfasis en la participación de los varones. ¿Por qué considera importante involucrarlos?
-Porque los varones también son parte de la solución. Durante muchos años la lucha estuvo encabezada principalmente por mujeres y organizaciones feministas, pero es fundamental que los hombres reflexionen sobre estas problemáticas. Muchas veces permanecen en silencio frente a situaciones de violencia que también los afectan indirectamente.
Una mujer asesinada puede ser una madre, una hermana, una hija o una amiga. Por eso creemos que es necesario que los varones se sumen a esta reflexión colectiva.
Muchos hombres se preguntan cómo acompañar esta lucha sin caer en posturas superficiales o impostadas. ¿Qué pueden hacer concretamente?
-La primera tarea es reflexionar entre varones. Revisar conductas, cuestionar prácticas naturalizadas y dejar de reproducir discursos de odio. También es importante no participar en la circulación de contenidos que vulneran derechos, como material vinculado a la explotación sexual o la trata de personas.
Hay que comprender que determinadas expresiones y mensajes tienen consecuencias. La violencia no empieza con un golpe o un asesinato; muchas veces comienza con palabras, prejuicios y formas de discriminación que se naturalizan.
¿Considera que existe una relación entre ciertos discursos políticos y el aumento de la violencia?
-Sí. Creemos que los discursos de odio tienen efectos concretos. Cuando desde espacios de poder se promueve la descalificación permanente de distintos sectores, se genera un clima social que legitima formas de violencia. Por eso insistimos en la necesidad de construir una sociedad basada en el respeto y los derechos humanos.
