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El canciller Wang Yi habló de “factores perturbadores” en su charla con Quirno; el embajador norteamericano Lamelas pretende limitar las inversiones directas del gigante asiático, hoy estancadas; el Gobierno hace equilibrio.

El canciller Pablo Quirno junto a su par chino, Wang Yi se reunieron la semana pasada en los márgenes del encuentro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en Nueva York, y lógicamente hubo distintas interpretaciones, a juzgar por los comunicados posteriores. Con sus modos orientales, y después de dos años y medio de vínculo oscilante con la gestión libertaria, el gigante asiático se queja de su competidor, Estados Unidos, y le pide a la Argentina un trato igualitario.
Las diferencias de tono fueron notables. Mientras desde la Cancillería enfatizaron que el diálogo se centró sobre los “desafíos del sistema multilateral” y la necesidad de que la ONU “recupere capacidad de acción y relevancia”, la voz de Beijing sonó a advertencia contra la acción en Argentina de “agentes perturbadores” del vínculo bilateral. Fue clara la referencia a los Estados Unidos, que bajo la administración de Donald Trump, el principal aliado del Presidente, sigue intentando frenar la expansión económica y política de China en el país y la región.
“Al destacar la fuerte complementariedad económica entre ambos países, Wang declaró que ambas partes deben seguir ampliando la cooperación práctica en diversos ámbitos. Wang instó a ambas partes a gestionar adecuadamente los factores perturbadores”, dice el comunicado publicado un día después de la reunión por la agencia estatal china Xinhua.
El siguiente párrafo es aún más concreto. “Al aclarar que China no busca una rivalidad geopolítica ni pide a otros países que elijan bando, afirmó que la cooperación entre China y Argentina no va dirigida contra ningún tercero, sino que refleja el beneficio recíproco y la colaboración de beneficio mutuo”, destacó el canciller chino, según el cable.
La referencia es más que concreta: el actual embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, dijo al defender de su pliego en el Senado, antes de llegar al país, que hablaría con funcionarios y gobernadores para limitar las inversiones chinas, sobre todo en lo relativo a las inversiones directas en obra pública. Varias de sus declaraciones posteriores contra China, incluida una reciente al diario salteño El Tribuno, en abril pasado, fueron respondidas por el embajador chino, Wang Wei, en línea con la postura de su cancillería.
Para el Gobierno, la nueva advertencia china supone un desafío mayúsculo: seguir sosteniendo el vínculo privilegiado con Estados Unidos sin afectar la relación con China, su segundo socio comercial después de Brasil, destino del 11 por ciento total de sus exportaciones según datos del Indec, aunque con un rojo en la balanza de cerca de US$8000 millones en 2025. Para China, según coincidieron en las últimas horas fuentes cercanas a su gobierno, diplomáticos de carrera y dirigentes de la oposición, la administración de Milei debería no dejarse presionar por Washington, y a la vez dar los pasos prometidos que aún no se dieron: esto es, la demorada visita del Presidente a China, varias veces anunciada pero, hasta el momento, nunca efectivizada.
La semana pasada, autoridades del CFI estuvieron en Shanghai para participar de la feria internacional de alimentos (Sial). Participó el gobernador peronista de Catamarca, Raúl Jalil, quien tiene en su provincia cuantiosas inversiones mineras de origen chino. Volvieron entusiasmados con el “pragmatismo” de China, su “vocación por los buenos vínculos” y su “paciencia”, aunque dos de los miembros de la delegación coincidieron en una sentencia: China “espera” la confirmación presidencial de su viaje a China, prometido en aquel programa de Susana Giménez en la que definió a China como “un socio comercial interesante”, lejos de aquellas sentencias de campaña, en las que Milei prometía “no comerciar ni hacer negocios con comunistas”.
Swap renovado
Por lo pronto, el Gobierno anunció días atrás que el swap de monedas con China –uno de los acuerdos que genera ruido en Washington– será renovado. “El swap de China tiene 17 años. Tiene un plazo de vencimiento de tres años, vence en agosto y estamos hablando con ellos para extenderlo igual que siempre. No hay plan de eliminarlo. Hay que renovar el acuerdo con los mismos términos y adivino que va a ser por los mismos tres años”, dijo hace diez días el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
En el mismo sentido, Jalil afirmó que “tenemos inversores de muchos países, y entre ellos China, al que le exportamos el 80 por ciento de nuestro litio”. El mandatario catamarqueño destacó, a modo de autodefensa, la reciente visita de Donald Trump a China, y su reunión con el presidente Xi Jinping acompañado por una numerosa delegación de empresarios. Otros mandatarios siguieron el mismo camino y reactivaron obras, aunque a ritmo lento: el radical jujeño Carlos Sadir, que también auspicia inversiones chinas en un parque fotovoltaico, y el santacruceño Claudio Vidal, ansioso por reactivar a ritmo acelerado las obras de la represa Jorge Cepernic, una de las dos obras proyectadas (la otra es la denominada Néstor Kirchner) paralizadas desde la llegada de Milei al poder.