03 22 ddhhNora Leonard, referente de derechos humanos, recordó con dolor los horrores de la dictadura militar y el legado de lucha que dejó en su familia y en la sociedad. En una entrevista con Punto Uno, Leonard revivió las atroces masacres de la época, como la de Palomitas, y reflexionó sobre la importancia de mantener viva la memoria histórica para que nunca más se repitan esos crímenes.

¿Cómo recuerdas aquellos días y qué impacto tuvo en tu vida personal?

Fue una situación tremenda, no solo por lo que ocurrió en la Argentina en su conjunto, sino por lo que viví personalmente. Mi hermana Celia y mi cuñado Benjamín fueron secuestrados y fusilados en la masacre de Palomita. Yo, en ese momento, estaba con mi hermana, que amamantaba a su bebé de 4 meses, cuando los militares irrumpieron en nuestras vidas con armas largas. El terror y la angustia fueron indescriptibles. Además, en Salta, como en otras partes del país, hubo campos de concentración donde se cometieron atrocidades como la dinamita de cuerpos en Gallinato.

¿Cómo fue la represión en el ámbito local, especialmente en Salta, y cómo afectó a las personas que luchaban por los derechos humanos?

En Salta, hubo varios centros clandestinos de detención, y las historias que circulaban eran aterradoras. Los militares, junto con la policía provincial y el servicio penitenciario, tenían un aparato represivo muy organizado. A muchos compañeros y compañeras los llevaban a lugares como Villa de las Rosas, donde se les aplicaba la tortura. Además, personas como mi madre, al intentar encontrar a familiares, se toparon con escenas horribles, como ver cuerpos mutilados en Gallinato. La represión no solo se limitaba a la detención; también era un ataque sistemático a la humanidad de las personas.

¿Cómo viviste la transición de la dictadura a la democracia en 1983, después de tu experiencia en prisión?

La reintegración a la vida civil fue difícil. Durante los primeros meses, no podía caminar sola por la calle. Mi familia me protegió mucho. A pesar del miedo constante de encontrarme con quienes habían sido mis represores, lentamente comencé a integrarme nuevamente.

A pesar de los años de lucha, hubo momentos en los que la justicia parecía escapar, como cuando se aprobaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. ¿Cómo viviste esos retrocesos?

Fue un golpe tremendo. El indulto y la ley de Punto Final fueron una traición para todas las víctimas y sus familias. Pero a pesar de la impunidad en Argentina, buscamos justicia a nivel internacional. Fuimos a hablar con el juez Baltasar Garzón en España, y con su ayuda logramos avanzar en la denuncia por la masacre de Palomita. Fue un momento crucial para continuar la lucha por justicia, porque sabíamos que no nos podíamos rendir.

Este 24 de marzo, ¿por qué es importante marchar y recordar lo sucedido?

Marchar este 24 de marzo es fundamental para repudiar el golpe de Estado y las atrocidades cometidas. Es un acto de memoria, verdad y justicia. Necesitamos que las nuevas generaciones conozcan lo que pasó y que nunca más se repita. La democracia que tenemos hoy es frágil, y debemos cuidarla para que no se repitan esos hechos aberrantes.

¿Qué mensaje final le darías a los jóvenes?

Les diría que nunca olviden. La memoria histórica es lo que nos permite entender lo que pasó para evitar que se repita. Los jóvenes tienen el poder de transformar el presente y el futuro, y es vital que se sigan comprometiendo con la verdad y la justicia, porque la lucha por los derechos humanos nunca debe cesar.