
A once kilómetros al sur de La Poma se encuentra uno de los sitios arqueológicos más fascinantes y menos conocidos del noroeste argentino: Los Graneros.
Esta construcción, que se mimetiza con el entorno gracias a los tonos terrosos de sus paredes y el suelo que la sostiene, es mucho más que una curiosidad arquitectónica. Se trata de una obra monumental que, siglos atrás, fue de vital importancia para las culturas preincaicas e incaicas que habitaron la región.
Hoy, Los Graneros forman parte del Qhapac Ñan, el Sistema Vial Andino que articulaba el vasto territorio del Tawantinsuyu y que, por su relevancia histórica y cultural, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este reconocimiento internacional no solo pone en valor la magnitud de la obra, sino también la sabiduría ancestral que permitió a los pueblos originarios sobrevivir y prosperar en un entorno de montaña.
La finalidad del lugar era clara: servir como un depósito de alimentos. En el interior de una gran cueva, protegida por un alero natural de 35 metros de altura, se construyeron 24 silos de barro, arcilla y materiales propios de la zona. Estos pequeños cuartos funcionaban como almacenes donde se guardaban y conservaban granos de maíz, porotos y otros productos agrícolas esenciales para la subsistencia.
La ubicación no es casual. A 3.000 metros sobre el nivel del mar, el clima seco y las condiciones de ventilación favorecían la conservación de los alimentos. Los silos poseen orificios rectangulares de entre tres y cuatro centímetros de diámetro, diseñados para permitir la circulación del aire y evitar la humedad. Es un ejemplo de ingeniería ancestral que demuestra el profundo conocimiento que estas culturas tenían sobre la tierra y sus recursos.
Arquitectura y detalles constructivos
Al recorrer el sitio, el visitante descubre que el terreno interior no es uniforme. En las paredes se incrustaron pequeñas lajas que funcionan como escalones, permitiendo el ingreso y la salida de los depósitos. El techo de los silos también revela la creatividad de los constructores: se elaboraba con madera de cardón, reforzada con paja y chamizo, y finalmente recubierta con una capa de barro. En algunos casos, se aprovechaba la superficie alta de la cueva como techo natural, lo que permitía ahorrar materiales y reforzar la estructura.
El estado de conservación es notable. Las paredes, hechas con arcilla mezclada con ripio fino y fibras vegetales, han resistido el paso del tiempo y las inclemencias del clima. Este nivel de resistencia habla de un trabajo minucioso y de una técnica constructiva que, pese a la sencillez de los materiales, alcanzó una durabilidad extraordinaria.
Las dimensiones del granero impresionan: cinco metros de altura, 26 metros de ancho y 23 de profundidad. En su interior, además de los silos, se hallaron pictografías con motivos geométricos y figuras humanas, pintadas en diferentes colores. Estos dibujos son testimonio de la cosmovisión de los pueblos que habitaron la región, y aportan un valor simbólico y espiritual al sitio.
Visitar Los Graneros no es solo un viaje al pasado, sino también una experiencia que conecta al viajero con la esencia de los Andes. El sitio arqueológico se presenta como una parada imperdible para quienes recorren la región de La Poma, ya sea en un circuito cultural o en una travesía de turismo aventura.
El paisaje que rodea la cueva es imponente: montañas que se elevan hacia el cielo, quebradas que narran historias geológicas milenarias y un silencio que invita a la contemplación. En este entorno, Los Graneros se convierten en un espacio donde la historia y la naturaleza dialogan de manera armónica.
Para los turistas, el recorrido ofrece la posibilidad de comprender cómo las culturas preincaicas e incaicas lograron adaptarse a un territorio desafiante. La visita permite apreciar la inteligencia aplicada a la vida cotidiana, donde cada detalle constructivo tenía un propósito claro: garantizar la supervivencia de la comunidad.
El Qhapac Ñan y la conexión regional
La inclusión de Los Graneros dentro del Qhapac Ñan refuerza su importancia. Este sistema vial, que atravesaba seis países sudamericanos, fue la columna vertebral del Imperio Inca. Los caminos conectaban centros administrativos, sitios ceremoniales y áreas de producción, permitiendo la circulación de personas, bienes e ideas.
En este contexto, Los Graneros no eran un simple almacén, sino una pieza clave dentro de una red de abastecimiento que aseguraba la estabilidad del imperio. Su función trascendía lo local y se integraba a un sistema de alcance continental.
