
Sin asfalto y desafiando la gravedad de las sierras, este sinuoso tramo lajoso consolida a Guachipas como el secreto mejor guardado del turismo salteño. Una travesía vertical de curvas cerradas y vistas panorámicas absolutas que late al ritmo del histórico Sendero Gaucho.
El asfalto se termina abruptamente al dejar atrás la plaza principal del pueblo de Guachipas, una pequeña localidad declarada "Lugar Mágico" que custodia celosamente las tradiciones del sur del Valle de Lerma. Desde allí, la fisonomía del paisaje salteño comienza una mutación radical. El viajero que decide adentrarse por la Ruta Provincial 6 se sumerge en una de las travesías geográficas más imponentes y menos exploradas de la provincia: el ascenso a La Cuesta del Lajar, un espectacular tramo de camino de cornisa que desafía la gravedad y conecta la historia precolombina con la geología más antigua de la región.
Para dimensionar el recorrido, es necesario comprender su geografía. El trayecto se ubica en el Departamento de Guachipas, aproximadamente a unos 115 kilómetros de Salta Capital (tomando la Ruta Nacional 68 y desviándose a la altura de La Viña). Lo que comienza como una subida suave decorada por densos montes de cebilar —característicos del ecosistema chaqueño serrano— pronto da paso a murallones verticales de piedra desnuda. Es aquí donde la ingeniería vial del siglo pasado se mimetiza con la naturaleza, tallando un camino zigzagueante que sube la sierra a través de formaciones lajosas de tonos grisáceos que le otorgan su nombre definitivo.
Un viaje a las entrañas de la Tierra
A medida que el vehículo gana altura, las curvas cerradas demandan pericia técnica. Los precipicios se vuelven más pronunciados y el aire arrastra el aroma a jarilla y ruda brava. En la cúspide, el Mirador de la Cuesta del Lajar ofrece una recompensa visual absoluta. Desde este punto estratégico, el Valle de Lerma se despliega como una enorme alfombra verde rodeada por los picos andinos, y en los días despejados es posible divisar el espejo de agua del extremo sur del Dique Cabra Corral. El silencio en la cima sólo es interrumpido por el viento y el vuelo ocasional de algún cóndor que aprovecha las corrientes térmicas de la sierra.
Sin embargo, el valor de la Cuesta del Lajar excede lo puramente escénico. Este tramo integra el denominado "Sendero Gaucho", una vieja arteria de conectividad que durante los siglos XVIII y XIX sirvió para el traslado de ganado y mercancías hacia el Alto Perú. Por estas mismas cornisas transitaron las milicias gauchas comandadas por el general Martín Miguel de Güemes, utilizando la compleja topografía de Guachipas como una fortaleza natural infranqueable contra el avance realista.
Pero la historia humana en esta cuesta comenzó muchísimo antes de la llegada de los conquistadores españoles y de los encomenderos que poblaron el área hacia 1586. Si se continúa la ruta tras sortear la cuesta, el camino conduce hacia el paraje Las Juntas, sitio donde se erigen las mundialmente famosas Cuevas Pintadas de Guachipas.
Este complejo arqueológico, declarado Monumento Histórico Nacional, resguarda unos 33 aleros rocosos donde los pueblos originarios plasmaron su cosmovisión mediante pinturas rupestres hace más de mil años. En los paneles de piedra caliza se aprecian figuras abstractas, motivos zoomorfos como llamas y jaguares, y los célebres "hombres escudo", representaciones antropomorfas policromas de guerreros y chamanes que evidencian la enorme complejidad cultural de las civilizaciones prehispánicas del NOA. Las crónicas coloniales ya identificaban este territorio bajo el místico nombre de Oma Sacopo, cuyo significado en lenguas nativas alude al "seno de las pirguas del sol".
Turismo de aventura
Hoy en día, la cuesta se ha convertido en un santuario para los amantes del turismo activo. Ciclistas de montaña de todo el país llegan para medir sus fuerzas en el ascenso técnico de la cuesta, mientras que el senderismo y las travesías fotográficas ganan adeptos temporada tras temporada. Las autoridades recuerdan de forma constante la importancia de transitar la zona con guías locales acreditados, no sólo para enriquecer la experiencia histórica, sino para preservar la integridad de los yacimientos arqueológicos adyacentes y garantizar la seguridad en un terreno de alta montaña que carece de señal de telefonía celular.
Para quienes decidan emprender la aventura, la recomendación de los baqueanos es unánime: emprender el viaje a primera hora de la mañana, revisar las condiciones mecánicas del vehículo, abastecerse de agua en el pueblo de Guachipas y, sobre todo, transitar con un profundo respeto por el entorno natural y cultural.
