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El consultor político en una entrevista con Punto Uno advirtió sobre un cambio de clima en la opinión pública: el deterioro económico, la pérdida de expectativas y el desgaste del Gobierno comienzan a impactar en las encuestas, donde ya se refleja un rechazo mayoritario a una eventual reelección presidencial.

¿Qué lectura hace del dato que marca que seis de cada diez argentinos rechazan una eventual reelección de Javier Milei?
—Es un dato muy significativo, pero no sorprendente. Hoy la reelección en la Argentina funciona, sobre todo, como un plebiscito económico. No es tanto una evaluación de la oposición, sino del bolsillo de la gente. Cuando la economía no mejora, el humor social se deteriora, y eso es lo que estamos viendo.

¿El malestar es exclusivamente económico o hay otros factores?
—El punto de partida es claramente la crisis económica: caída del poder adquisitivo, dificultades para llegar a fin de mes y falta de expectativas. Pero a eso se le suman otros elementos, como el desgaste político, ciertas controversias públicas y la percepción de contradicciones dentro del propio gobierno. Todo eso va erosionando la confianza, especialmente en sectores que acompañaron al oficialismo con expectativas de mejora.

Sin embargo, el Gobierno logró sostener apoyo en momentos complejos. ¿Qué cambió?
—Hubo una lectura inicial, después de las elecciones, de que el respaldo implicaba un cheque en blanco. Muchos votantes interpretaron ese resultado como el inicio de una mejora económica que no terminó de concretarse. Siete meses después, aparece la desilusión. Primero fue económica, pero ahora también es política y hasta emocional, si se quiere.

¿Qué peso tienen los antecedentes históricos en este análisis?
—Mucho. Desde 1983, los presidentes que lograron la reelección —Carlos Menem y Cristina Fernández de Kirchner— lo hicieron en contextos donde mejoró el poder adquisitivo. Incluso con cuestionamientos o denuncias, la estabilidad económica fue determinante. Ese sigue siendo el factor central.

¿El Gobierno aún tiene margen para revertir esta tendencia?
—Tiene tiempo, sí. Si logra bajar la inflación de manera sostenida, recuperar el empleo y mejorar salarios, podría cambiar el escenario. Pero no es sencillo. Hoy la Argentina tiene serios problemas de ingresos y una estructura económica que no está generando suficiente empleo. El margen existe, pero es acotado.

En sus mediciones, ¿se observa un corrimiento del electorado?
—Empiezan a verse movimientos. Hay una caída en la base de apoyo del oficialismo y un leve repunte de espacios tradicionales. No es un cambio consolidado, pero sí una señal de que sectores moderados están buscando alternativas.

¿Cómo influye el contexto internacional en este escenario?
—Puede influir más de lo que parece. La Argentina está muy atada a dinámicas externas, tanto financieras como políticas. Procesos electorales en otros países, especialmente en Estados Unidos, pueden tener impacto en la estabilidad local y en la estrategia del Gobierno.

¿Se puede hablar ya de un escenario “post Milei”?
—Es prematuro, pero el dato sobre la reelección abre esa discusión. Más que pensar en nombres, lo importante es que la dirigencia empiece a construir propuestas concretas. La sociedad, más allá de las coyunturas, va a demandar soluciones económicas reales.

Por último, ¿qué rol juega hoy la opinión pública?
—Un rol central. La sociedad argentina es muy sensible a la economía y reacciona rápido. Tres semanas pueden cambiar el clima completamente. Por eso, más que las encuestas en sí, lo importante es entender la tendencia: hoy hay desencanto, y eso debería ser una señal de alerta para el Gobierno.