Punto Uno
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Por Pablo Borla
Luego de finalizado el escrutinio, exultante, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, realizó un breve discurso de alto contenido político que en sus facetas más profundas hace a los salteños un llamado a hacerse cargo de su propio destino.

El resultado final de los comicios salteños, realizados de forma anticipada a los (intereses) nacionales pone en la carpeta política y social la oportunidad de desprenderse de una de las norias históricas -pero no la única existente, por cierto- que han sumergido a Salta en la pobreza endémica y en la dependencia del poder central del Puerto: el ser un instrumento tallado a gusto y paladar de porteños o provincianos que han recalado en el sillón de la Casa Rosada y cuyas intenciones -aún las buenas- han sido condicionadas por los intereses centenarios de una estructura de poder político y económico que satisface voracidades sin límite, a costa del empobrecimiento de las provincias periféricas, algunas de las cuales, a pesar de su riqueza potencial, hemos contado con gobernantes que no quisieron o no supieron como resistirse.

El gobernador Sáenz mencionó que "Hoy nace un nuevo movimiento en Salta, un movimiento provincial, donde abrimos la puerta, los brazos y el corazón a todos los salteños de bien que quieran acompañarnos para sacar a Salta adelante".

Varias provincias argentinas lo intentaron, con mayor o menor suerte. Algunas de ellas, desde la conformación de espacios políticos propios -transversales a los partidos tradicionales- y otras desde el acento en una personalidad provinciana, en el mejor sentido del término, que se respeta a sí misma y que mira el federalismo desde adentro hacia afuera.

Y es que el federalismo declamado desde el Puerto, en la práctica no ha sido la mayoría de las veces más que el reclamo de subordinación de las provincias a la Nación, recordándoles que son autónomas pero no forman parte de un Estado Federal al estilo de los Estados Unidos.

Y se ha hecho valer el rigor de la dependencia económica para evitar que tomen carriles propios.

La astuta y arriesgada estrategia electoral desarrollada por el gobernador en las elecciones legislativas ha permitido establecer un esquema de poder en el que están representados muchos y diferentes sectores del arco político salteño, con un pragmatismo que lee la historia local intentando una convivencia armónica entre fuerzas sociales, políticas y económicas que están presenten en el perfil de la vida salteña con una tendencia fuertemente conservadora, y aquellas más propias de la necesaria modernidad que impulsan la dinámica que aporta al cambio y al progreso.

En ello, la convivencia de ese esquema variopinto es un verdadero desafío que requerirá del mandatario salteño astucia y vigilancia para el equilibrio.

Sáenz ha presentado el eje para lograrlo: la prioridad a las necesidades e intereses de Salta.

La “salteñidad” deja en ello de ser una abstracción limitada a Güemes, la zamba, las gloriosas empanadas y la fe, para convertirse en un proceso de descubrimiento de los intereses comunes a los diferentes sectores: el progreso que viene de la mano del desarrollo productivo en una provincia que destina la mayor parte de su presupuesto en sueldos, que depende lastimosamente de las coparticipación y que, a la fecha, no ha sido capaz de poner valor agregado a su vasta producción, generando más empleo y riqueza.

Encaminado hacia la mitad de su gestión, con una pandemia que prioriza urgencia, ha apostado al incentivo de la producción; al desarrollo de una minería que no se limite a extraer material en bruto y exportarlo; a la gestión de importantes y postergadas obras de infraestructura de comunicación y energía y al diseño de perfiles educativos relacionados con las necesidades de la producción local.

Esa unidad que propone para romper un círculo vicioso que ha empobrecido a la Provincia, que la ha esquilmado a costa de muchos y a favor de muy pocos, requiere de la capacidad de liderazgo de Sáenz pero no depende exclusivamente de él.

El llamado del gobernador a aunar fuerzas políticas opuestas bajo la bandera de los intereses salteños requiere del compromiso de los diferentes líderes políticos y sociales, tanto como de las instituciones empresariales, comerciales y profesionales.

El proceso eleccionario ha terminado. Los salteños han decidido -en medio de una cruel pandemia- respaldar la gestión y -por sobre todo- el liderazgo de su gobernador.

Mucha tinta correrá sobre ganadores y perdedores, pero detenerse en la especulación política solamente es restar tiempo a atender cuestiones más relevantes, alejadas de las vanidades personales y los rencores acumulados.

El camino es largo y todos los nuevos desafíos producen cierta incerteza. “La madurez-decía el actor John Houston- es la capacidad de aceptar la incertidumbre”.

Pero si queremos hacerlo, si vamos a poner a Salta y su gente de pie; si estamos dispuestos a instalar una bisagra en la historia, es mejor, sin dudas, que lo hagamos juntos.