Punto Uno
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Por Pablo Borla
Un nuevo aniversario de la Batalla de Salta, uno de los hitos de la gesta belgraniana, es una ocasión para reformular el legado de uno de los próceres más entrañables de nuestra historia.

Cuando nos referimos a nuestros ilustres antepasados guerreros, siempre destacamos una época plena de prohombres que se han cubierto de gloria en la dificultad, que han dejado su ejemplo en cada acto y que han privilegiado los intereses de la Patria a los propios.
Cada época tiene sus batallas, cada acción sus consecuencias, cada elección que hagamos nos hace optar por un destino. A veces, las pequeñas decisiones de todos los días; otras, lo que cambia el destino de un pueblo.
La palabra Patria tiene el mismo origen que padre. Posiblemente sea el conservar la memoria del tiempo de nuestros próceres, de los Padres, lo que nos resguarde a los argentinos de un mal destino.
El 20 de febrero de 1813, Belgrano estaba enfermo, con una elevada fiebre y seguramente deseando estar mejor para poner su cuerpo entero y su mente lúcida al servicio de una idea: la de la patria en común de los latinoamericanos.
Los momentos históricos tienen sus protagonistas, sus aliados y sus adversarios. A veces no son personas, sino duras realidades, pobrezas y miserias.
Cuando las circunstancias son particularmente difíciles, las naciones necesitan de personas capaces de llevar sobre sus hombros el peso de la responsabilidad, aquellas que logran elevarse por encima de lo superficial, mirando lo que no todos pueden, para transmitir a sus contemporáneos el impulso, la fuerza y la convicción de sus ideas.
Creo que esta vez, en esta lucha, el mensaje belgraniano es que ya los padres fundaron la Patria y lo que le toca al conjunto de los argentinos es el defenderla rescatando aquello que nos definió como una Nación: una comunidad de intereses, sentires y pensares coincidentes en un territorio.
En ello, la importancia de la memoria: ser es acordarse de haber sido.
El hacer memoria no es un mero traslado de hechos pasados al presente. Es una manera de actualizar el sentido de lo que pasó y volver a elaborar los significados e implicancias de acontecimientos que memoramos pasados, bajo la luz del hoy.
Manuel Belgrano representa el paradigma del argentino patriota y solidario, cuyo ejemplo resulta de aliento permanente para las generaciones futuras y de guía a la hora de buscar esa luz improbable que clausure las grietas.
Fue una amalgama que supo fusionar las fuerzas de la naciente concepción de país, de encontrar ese sentir común que nos hace hijos de una misma patria y tiene, aún hoy, esa capacidad.
Cuando le mencionaban su carácter de Padre de la Patria, manifestaba que se contentaba con intentar ser un buen hijo de ella.
Con este ejemplo, busco señalar un testimonio de virtud y ese amor al prójimo, que es la etapa más relevante del humanismo político que él impulsaba, cuando advertía en sus memorias cómo solían confundirse los intereses propios, con las necesidades de la historia.
Nuestra mejor tarea será, entonces, convertir el recuerdo en obras y transformar un homenaje en un acto de voluntad cotidiana en favor de la grandeza de nuestra tierra, para que tanto amor, tanta lucha, tanta sangre derramada no sea en vano, para que el legado de Manuel Belgrano se haga presente en una Patria justa, libre y soberana.